La mentira de las tradwifes
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Una tradwife es una mujer que cree en los matrimonios tradicionales y en los roles de género, y los promueve activamente. Un gran porcentaje de estas mujeres pronuncia discursos en pro de la eliminación de los derechos humanos, especialmente los de las mujeres. Han convertido sus creencias en un movimiento que impone, bajo la apariencia de una dulce fantasía, que el lugar ‘correcto’ de la mujer es ser madre, ser sumisa, no poder trabajar y vivir socialmente aislada.
Desde sus cocinas, se muestran cocinando panes de masa madre o preparando chucherías —como goma de mascar— para sus hijos, mientras visten largos vestidos que recuerdan a los que utilizaban las mujeres en la propaganda de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, diseñada para sacarlas del trabajo y devolverlas al hogar.
Lo más preocupante es que este contenido se dirige a la franja más joven de la Generación Z. Les venden una imagen romantizada de mujeres con ropa de diseñador que, aparentemente, no tienen ningún problema en cuidar a sus múltiples hijos, trabajar en la cocina y mantener todo organizado. Sin embargo, lo que ocultan tras las cámaras es el apoyo financiero generacional y la posición privilegiada que les otorga su trabajo en redes sociales.
Ahora, estas tradwifes influencers intentan alejarse del término y presentarse como mujeres de negocios que han logrado todo con su esfuerzo. No les importó en absoluto cuando eran utilizadas como embajadoras de este movimiento, pero, al no poder seguir rentabilizándolo, ven la necesidad de separarse.
Nadie con pensamiento crítico las consideró verdaderamente tradwifes, pero las mentes más impresionables cayeron en la estética de esa mentira. Al consumir este tipo de contenido, el algoritmo las conduce por un agujero de conejo hacia el contenido ultraconservador, hasta dar con Erika Kirk, quien, con sus títulos universitarios y su puesto de directora, les predica que la universidad no es importante y que deben casarse jóvenes y tener más hijos de los que pueden mantener.
Caro Claire Burke escribió un libro en el que una tradwifes influencers despierta en el año 1855. Su sinopsis reza: “Ayer posaba tarros de mermelada para Instagram; hoy arrastra leña y lava ropa a mano hasta hacerse sangre. ¿Se ha convertido en la protagonista involuntaria de un despiadado reality show? ¿Ha viajado en el tiempo? ¿Está Dios poniéndola a prueba? ¿Satanás? Cuando se hace una brutal herida en el bosque, comprende dos cosas: esta no es la vida que tenía y debe encontrar la manera de escapar.”
Ya hay políticos en varios países que intentan promover leyes para eliminar el derecho al voto de las mujeres, como consecuencia de esa intención de regresar a los valores tradicionales de la década de 1950, lo que demuestra que la lucha todavía no ha acabado. Se están abriendo los ojos, pero es necesario seguir trabajando para desmontar esta ideología ultraconservadora que busca mantener a las mujeres controladas y silenciadas.
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