Cuando un problema nos agobia
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Ustedes que leen esto: ¡tú mismo!, ¡tú misma! ¿Has tenido una preocupación, algo roto, se te ha perdido algo y no le encuentras solución? ¡A mí me sucede a menudo!
¡Qué molestia! A veces, más allá de la medianoche, sigo ofuscado sin resolver nada hasta que, vencido, desisto y voy a la cama. Trato de dormir mientras olvido lo que me preocupa.
Al hacerlo caigo en brazos de Morfeo, en un sueño profundo. Cuando amanece – en ocasiones antes -, despierto con una idea que hasta el momento no se me había ocurrido; salgo a donde el problema que dejé la noche anterior, la aplico y ¡Eureka!: Todo queda resuelto.
Sucedió que mientras dormía, una parte de mi cerebro trabajó, sin darme cuenta, en la búsqueda de opciones. A esto los neurofisiólogos le laman efecto de incubación o insight. Es un proceso que tiene lugar cuando dejamos de prestar atención consciente a un problema. En lugar de que el cerebro “se apague” respecto a ese asunto, lo que sucede es que pasa a trabajar en él de forma inconsciente.
Mientras la mente consciente se ocupa de otras cosas o descansa, el cerebro sigue estableciendo conexiones entre la información que tenemos. Por eso la solución “aparece” de repente, especialmente al despertar o al estar relajados.
Cuando nos desenfocamos de una tarea específica, se activa en el cerebro lo que se conoce como Red Neuronal por Defecto. Ella se encarga de la introspección, la memoria autobiográfica y, crucialmente, de conectar ideas dispersas. ¡El disco duro de la mente se desfragmenta para agrupar sus archivos de forma ordenada!
Es en esos momentos de activación del “piloto automático” cuando el cerebro logra hacer asociaciones creativas que el pensamiento lógico y forzado era incapaz de procesar.
El despertar es el momento más común para que se nos encienda el bombillo. Durante el sueño, el cerebro reorganiza y consolida la información del día anterior. Elimina lo irrelevante y fortalece las conexiones entre elementos que, en nuestro estado consciente, nos parecía que no tendrían solución.
Por eso despertamos viendo el camino claro donde antes solo veíamos un muro.
Al estresarnos en la búsqueda de una solución, en nuestra corteza prefrontal se activa el modo de pensamiento enfocado del cerebro. Aunque es útil para cálculos exactos, si el problema es complejo o emocional, este modo consciente puede atascarse y dar vueltas sobre lo mismo, lo cual genera ansiedad y bloqueo a la razón.
Si dejamos de lado el problema, entramos en el modo de pensamiento difuso, que es relajado, amplio y no lineal. Es como si alejásemos el zoom de una foto borrosa; luego, al verla de lejos, de repente entendemos qué representa.
Al deshacernos momentáneamente de la lógica consciente, el inconsciente el maniobrará entre recuerdos, emociones y datos que solucionarán el problema cuando menos lo esperemos, ¡muchas veces al despertar!
El efecto de incubación o insight como proceso de la Red Neuronal por Defecto, nada tiene de mágico; es un hecho fisiológico explicado por la psicología.
Es un buen aliado que sorprende sin que se le busque, aunque conviene saber cómo propiciarlo. He caído en la cuenta de que existen cuatro herramientas para conseguirlo.
Antes que nada, debemos descansar bien. La mente consciente necesita tiempo para el reposo y la restauración, mientras que el subconsciente sigue haciendo “su trabajo”.
Otro detalle de importancia consiste en hacer pausas activas en medio de cualquier actividad mental, como pudiera ser dar una caminata o hacer una tarea manual, por sencilla que fuera.
Al disponernos a buscar soluciones, nada de forzar las cosas. Si sentimos que nos bloqueamos, lo aconsejable es retirarnos del problema por un rato. En nada es un acto irresponsable, pues el inconsciente sigue trabajando.
Hay personas que antes de dormir dejan anotada su preocupación, y eso le indica al cerebro que tiene “tarea pendiente”, lo que suele facilitar que la solución aparezca al día siguiente.
Los invito a seguir esas sugerencias. No duden en “soltar el volante” de la lógica consciente para que el inconsciente actúe. ¡Mente en blanco, relajación! Una mente aliada nos hará salir del laberinto cuando menos lo esperemos.
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