Creadora de Toqui: “Fidel es irrepetible”

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“Mi casi primer encuentro con Fidel fue un tanto accidentado”, recuerda Ana María Salas. “Resulta que —prosigue la creadora del reconocido personaje infantil Toqui— siendo yo una niña en la ciudad de Santa Clara, donde vivía entonces, esperaba ansiosa el paso de la caravana con el Comandante en Jefe, acompañado por el presidente de México, cuando justo delante de mí, se detuvo el jeep descapotable que los conducía.

“Ambos mandatarios descendieron del vehículo.¡Imagínate! Quise ser la primera en abrazar a Fidel y todos a mi alrededor pretendieron hacer lo mismo. Por razones obvias la seguridad personal trató de impedir aquella avalancha humana, y todos por supuesto nos quedamos con la ganas”.

Por un momento mi entrevistada queda en silencio. Sus vivaces ojos escudriñan a su alrededor en busca de un objeto preciso en aquel museo personal de la casona, el que a mi se me antoja un relicario en consideración a los valores sentimentales de cada pieza que atesora.

Finalmente su vista se detiene sobre la cartulina rectangular bajo un cristal, en cuyo texto se puede leer:

Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba, la invita a la recepción que ofrecerá en honor a los participantes en el VIII Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano, el miercoles 17 de diciembre de 1986, en el Palacio de la Revolución”.

Invitación cursada por el Comandante en Jefe a Ana María Salas a propósito de la gala clausura del VIII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

Antes de seguir hilvanando el hilo de la narración acerca de posteriores ocasiones en que estuvo cerca al Líder de la Revolución, Ana opta por “regalarnos” un trozo de su vida. Entonces sus ojos se achican como tratando de atrapar los recuerdos. Luego rememora que siempre quiso estudiar arquitectura y para ello había que ir a La Habana a hacer esa carrera. En vista de eso, la madre casi la obligó a cursar Pedagogía en la Universidad Central de Las Villas.

“En definitiva, me matriculé también en Ingeniería Química por aquello de estar cerca del dibujo, precisa; pero igual, me aburría como loco. Así que trataba de despejar practicando deportes y además me inscribí en danza y teatro de aficionados. Una vez graduada de pedagoga, de todas formas ahora sí podía ir para la capital del país a realizar mi sueño; mas, no fue así…

“Por cosas de la vida me habían elegido para formar parte del primer grupo de instructores de arte, a desarrollarse en La Habana y como es lógico acepté, a pesar de la oposición de mis padres. Una vez egresada volví a Santa Clara con el encargo de formar numerosas agrupaciones de aficionados en teatro, y en ese cúmulo de trabajo me designaron directora del grupo para niños La Edad de Oro”.

Por entonces Ana María conoce a Max, un médico psiquiatra ecuatoriano, hijo de uno de los fundadores del Partido Socialista en el país sudamericano, que había llegado a Cuba ante el llamado hecho por Fidel a técnicos extranjeros, en tanto se formaban profesionales de diferentes especialidades, las que habían dejado vacantes miembros de aquella  burguesía que emigró tras el triunfo revolucionario.

“Me casé con aquel hombre y tuvimos nuestra primera hija, a la que, por cierto, le pusimos María Antonia, por el nombre de la mujer que tanto ayudó a Fidel y a sus compañeros de lucha en México. Más tarde, en apoyo a las ideas políticas de izquiera de mi esposo y de mi suegro nos vamos a Ecuador, y allí nació mi segundo hijo, Alejandro, por supuesto recordando a Fidel”.

Evoca la reconocida escritora, nacida en la ciudad de Cienfuegos, que allá creó un títere para la televisión que muy pronto se hizo famoso en gran parte del mundo. “Toqui, que significa en quechua Gran Jefe Guerrero (To) de la  lanza de obsidiana (qui). Los programas se le vendieron a muchos países, pero yo regalé a Cuba e hice llegar las copias a través de amigos panameños”, explica.

Para la creadora del mundialmente conocido personaje infantil Toqui los encuentros con el Comandante en Jefe fueron inolvidables./ Foto: María Elena Llanes.

La popularidad del personaje infantil— y por supuesto la de la autora— muy pronto le dieron la oportunidad a Ana María de recorrer el mundo. Entre las tantas invitaciones estuvo la de participar como jurado del prestigioso Premio Casa de las Américas.

“En esa oportunidad es cuando realmentre se produce el verdadero encuentro físico con Fidel. Te cuento. Estaba sentada en una de las butacas del teatro Mella, si mal no recuerdo, en espera del espectácuclo de inauguración oficial del certamen cuando llega el Comandante junto a mi amigo Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa.

“Siempre soñé con ese momento y la posibilidad de decirle en persona miles de ideas de la vaina aquella que tenía en la cabeza sobre mercadeo, el manejo de los mensajes y los medios de comunicación. Salí disparada para allá y cuando estaba muy cerca de Fidel en vez de hablar me dio por llorar y lo abracé con los ojos inundados en lágrimas por la emoción. En eso, Roberto aprovechó para presentarme, ‘Ella es Ana María Salas, la creadora de Toqui’, le dijo Roberto. Y a mí no me salió ni media palabra”, recuerda la cienfueguera.

Poco después, rememora, el Máximo Líder la citó para un intercambio y entonces sí que tuvo la dicha de decirle todo lo que para ella era necesario trasmitirle a Fidel. “Es cierto que él habló poco, se limitó a escucharme. Estuvimos un rato largo charlando, yo mucho más que él. Al final me dijo, ‘bueno, encantado, te felicito’, y ya”. cuenta.

Agrega Ana que unos días más tarde recibió una invitación a nombre de la Federación de Mujeres Cubanas, que Vilma Espín quería hablar con ella. “Definitivamente, comenta, Fidel había hablado con ella. Entre otros temas estuvo la propuesta de crear una productora en Cuba, dónde, cómo y  con el personal que quisiera yo. Por supuesto me entusiasmé con la idea y acepté de inmediato, pero de regreso a Ecuador mi esposo me dijo que no podía asentarse en la Isla. Pensé entonces que no tenía derecho a separar a mis hijos del padre y romper una familia. No me quedó otro remedio que renunciar al proyecto y así se lo comuniqué a Vilma, quien me entendió perfectamente”, refiere.

La creadora de Toqui estuvo varias veces después muy cerca del Comandante en Jefe. Su participación como jurado, además del Premio Casa, también de diferentes fetivales del Nuevo Cine Latinoiamericano le dio esa histórica posibilidad, y si bien no fueron citas ni reuniones personales, sí hubo saludos e intercambios breves pero muy emotivos y entrañables para ella.

La destacada escritora y teatrista cienfueguera rememora cuando aquella noche del 30 de noviembre de 2016 vio pasar frente a la verja de la Casona de Toqui el armón con la urna de cedro que trasladaba a la inmortalidad las cenizas de Fidel./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste el nombre de Fidel?

“En el pueblo de Santa Isabel de las Lajas donde viví de niña. Por entonces Fidel estaba en la Sierra y entre los pobladores circulaban de manera clandestina escritos que hablaban de la lucha guerrillera en las lomas contra la dictadura de Batista. Yo era una chiquilla, pero lo recuerdo”.

¿Dónde se encontraba Ana María Salas la noche del 30 de noviembre de 2016, cuando Cienfuegos le dio el último adiós al eterno Comandante en Jefe?

La pausa en el diálogo y el semblante sombrío de mi entrevistada descubren cuántas emociones le vienen a la memoria al evocar el acontecimiento. De pronto su mirada se ilumina y las palabras le brotan firmes y sentidas, como salidas del alma.

“Estuve aquí frente, en el portón de la Casona de Toqui, en Punta Gorda. Ahí permanecí muy cerca de sus cenizas mientras el cortejo fúnebre pasaba rumbo al restaurante Covadonga (lugar visitado por Fidel aquel históricio 6 de enero de 1959, al frente de la Caravana de la Libertad, durante su estancia en esta ciudad).

Seguramente la evocación le remueve los sentimientos y los recuerdos atesorados acerca de la dimension del héroe de su niñez y juventud.

“Mira, yo creo en las energías, en el momento en que pasó, yo sabía, desde luego, que físicamente no estaba, pero percibí su energía, y así lo sentí y lo siento hoy”.

¿Qué opinión te merece el ejemplo y la personalidad de Fidel?

“Dicen que los grandes hombres surgen cuando las condiciones lo requieren. Las condiciones históricas estaban dadas, y entonces apareció él, con una personalidad arrolladora, que no dejó de crecer, crecer y crecer. Cambió no solo la historia de nuestra Patria, sino también concepciones fundamentales en el ámbito internacional. Hizo que, de repente, esta isla chiquitica marcara un rumbo, otra forma de pensar. Cuba sonó y sigue sonando, aun frente a las adversidades y a la hostilidad de los gringos.

“En fin, Fidel es un hombre irrepetible”.

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Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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