Vindicación de la Medicina Interna en convención por aniversario 38 del Hospital Provincial

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Una investigación de ocho años refrenda la conferencia de la autoría del Dr. C. Alfredo Espinosa Brito y el Dr. Reinaldo Pino Blanco. / Foto: Ismary Barcia

“Lo que hace falta es que te vea un clínico”, suele escucharse comúnmente en esas conversaciones en que los cubanos hacemos gala de doctos en la materia, alarde de conocimientos que debemos, por fortuna, a casi 60 años de acceso gratuito a la Medicina, también a la certidumbre popular de que a un “buen ojo clínico” no se le escapa la más insignificante señal de una enfermedad.

Este martes 21, cuando comience la convención que el Hospital General Universitario Dr. Gustavo Aldereguía Lima, de Cienfuegos, dedica al XXXVIII aniversario de su inauguración por Fidel Castro, será con una conferencia magistral del Dr. en Ciencias Médicas, Alfredo Espinosa Brito, “Apuntes sobre la medicina interna y los internistas en Cienfuegos”, haciendo justicia a la que se considera madre de muchas especialidades modernas.

Una investigación iniciada en el año 2009 junto a su colega el Dr. Reinaldo Pino Blanco, escarba en la historia desde la época colonial, búsqueda intensiva de documentos que los llevó a antecedentes como Tomas Romay, quien y desde fines del siglo XVIII, en la Universidad de La Habana sienta las bases de la clínica médica, cuyo origen se reconoce en Alemania, para luego difundirse por Europa y llegar a Estados Unidos, aunque, afirma el Dr. Espinosa, “Carlos J. Finlay fue un clínico, de otro modo no hubiera podido identificar a los pacientes con fiebre amarilla. No era un hombre de laboratorio, era de campo.

“Hubo hijos de esta villa que fueron a estudiar a Francia. Se intenta fundar en 1874 un colegio médico, el primero del país, y existió una rica experiencia en la llamada república mediatizada”.

Internistas y benefactores

“Luis Perna, cuyo nombre llevara el Hospital Civil, fue un hombre público; escribió monografías e hizo investigaciones sobre epidemias y los principales problemas de salud de la época, como fue la de influenza de 1918, también fue el primero que fundó una revista médica: La Lanceta, enuncia el profesor titular, consultante y de mérito, con ese orgullo que se ha dado en llamar ‘la cienfuegueridad’.

“En 1919, durante el primer centenario de la ciudad, médicos como Manuel Altuna y Sotero Ortega—que por cierto hay una estatua en el parque de la Aduana, que nadie sabe quién es—, fundador del Ateneo, brillaron por su contribución en la ciudad; eran personalidades no solo por su contribución a la ciencia, sino porque ejercieron un mecenazgo. Gente de bien, además de buenos médicos, que sentaron los antecedentes de los clínicos.

“Ya en el siglo XX, antes del triunfo de la Revolución, Raúl Dorticós Torrado, cuyo nombre lleva la Facultad de Ciencias Médicas, fue el primer jefe de servicios de nuestro hospital, decano de la Escuela de Medicina de La Habana, y médico de Fidel; y como internista mayor de esa etapa, Cecilio Ruiz de Zárate, perfilado luego en cardiología, quien ejerció mucho la medicina interna, reconocido hoy en el nombre del Policlínico Principal de Urgencias”.

Recuenta Espinosita —como cariñosamente le llaman en su ciudad—, que ya en el hospital Héroes de Playa Girón, la carga asistencial era muy alta y el personal escaso, allí donde llegaron a existir 112 camas dedicadas a pacientes de la Medicina Interna. No había desarrollo de la especialidad y los internistas hacían todas las labores de neurología, gastroenterología y urología, especialidades hijas de la Medicina Interna.

¿Perdió la Medicina Interna su protagonismo con el desarrollo de estas especialidades?

“Esas especialidades y sus institutos, fundados en los años 70 del pasado siglo, el de Endocrinología, Nefrología, Gastroenterología, etc., fueron creados por internistas que con el desarrollo tecnológico, y profundizando en sus estudios, fundaron la especialización, o subespecialización, como sería más justo llamarlas… Por esos años llegan a Cienfuegos los primeros especialistas, pero la Medicina Interna sigue siendo el pilar para organizar los servicios del Hospital Provincial Dr. Gustavo Aldereguía Lima, desde su fundación por Fidel, hace ya 38 años.

“Y como entonces, es la que ha enfrentado todas las epidemias que hemos sufrido, también ha sido la base en la formación de nuevas generaciones de médicos, en los 80 y en los 90, buscando esa relación armónica entre lo general y lo particular, porque a la Medicina Interna no le es ajena ninguna dolencia del cuerpo”.

De ahí lo de ojo clínico

“De eso se trata también la conferencia magistral que inicia la convención, prevista del 21 al 23 de marzo: reflexionar sobre nuestra experiencia de cómo si un clínico se ‘verticaliza’ luego en terapia intensiva o en nefrología, va a tener una visión más amplia de los pacientes, más holística, aunque luego el desarrollo tecnológico lo lleve a especializarse aún más, por ejemplo: un nefrólogo, en diálisis, o un ginecólogo, en fertilidad. Eso sucede con las últimas generaciones”.

Tal reflexión propone el investigador titular, Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba: “hablaremos sobre el internista, definido como el médico general de los adultos, pero que no es una especialidad cuyo ámbito la gente reconozca, tal como puede hacerlo con un pediatra o un oftalmólogo, aunque ante la incertidumbre de la naturaleza de un padecimiento, suela decir: ‘lo que necesitas es que te vea un clínico’.

“Porque ese es el que te ve integralmente; diagnosticar es una de sus misiones, encauzar tu dolencia, organizar ese proceso de atención. La medicina interna es la madre, —muchos dicen en broma que el tomógrafo es el padre—, pero es una de las especialidades básicas, junto a la pediatría, la cirugía y la gineco-obstetricia.

¿Es por eso que abrirá el programa científico de la convención con este tema?

Si, uno de los propósitos es reconocer su protagonismo humilde dentro de las ciencias médicas, en la formación, donde un pilar es el método clínico, —también para las escuelas cubanas de clínica y medicina en genera—-; e insistir —en tiempos en que la tecnología reemplaza para algunos al interrogatorio—, en el valor de la escucha, el examen físico, como asientos del método a través del cual se diagnostica alrededor del 70 por ciento de los casos.

“Tocar al paciente con ética, no tratar órganos ni enfermedades sino personas, establecer esa relación médico-paciente, necesaria cuando un ser humano está frágil, y que conforta al punto de que el saber popular repite: ‘¡me hizo un reconocimiento!’, o se queja: ‘el médico ni me tocó'”…

Sobre estos dilemas contemporáneos, el rescate de la discusión de casos, discurrirá la conferencia del miembro de la Junta de Gobierno de la Sociedad Cubana de Medicina Interna, y su colega.

El oído, el estetoscopio, pasar la mano, son habilidades que no se aprenden sino con un ejercicio afín a los internistas, que sin negar los exámenes ni la tecnología, sino auxiliados de ellos, sin mayores pretensiones, humildes, primero escuchan, reconocen, ven, para diagnosticar, pronosticar y tratar a más de 200 mil pacientes desde la fundación del hospital cienfueguero, gracias a lo cual, también a su historia precedente, son reconocidos por el saber popular con un juicio de acierto: “¡ese médico tiene un ojo clínico…!”.

Dr. en Ciencias Alfredo Espinosa Brito. /Foto: Ismary Barcia
Dr. en Ciencias Alfredo Espinosa Brito. /Foto: Ismary Barcia

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