Postal de esperanza a nosotros mismos

Por Alina Perera Robbio

¿Qué año ha sido este 2020?; ¿con qué vocablos nombrarle…? Cierto profesor entrañable ha decidido calificarle como Annus horribilis, y hasta ha recordado a un monarca que en uno de sus peores días, al cabo de una jornada terrible, escribió la palabra «nada» en su diario, a modo de resumen.

Mi mejor amigo, en cambio, me advierte que ahora no será útil el tono gris —«nada de pedirle gardenias a mamá», nada de echarse a morir—; que hay que componerse, acomodar la autoestima en el lugar más alto y mirar con resolución al tiempo que viene.

Este ha sido un año de sobrevivir, de ascender a las esencias y de humanizarnos un poco más mientras constatamos que el dolor es el mismo en todas partes y que la fragilidad es el factor común de nuestra especie.

Mirando al mundo, así como hacemos de vez en cuando con las estrellas, hay que decir que la COVID-19 y su impacto segador reconfiguró la existencia en casi todas las latitudes. Hemos podido ver desde el miedo cómo el nuevo coronavirus ha obrado—y sigue obrando—pasmosos recortes demográficos. Y no pocas veces, del maremágnum de las estadísticas, emergen nombres de seres queridos que la contagiosa enfermedad, o cualquier otro desenlace, nos arrancaron del camino.

Las notificaciones de la partida de alguien ya no llegan en carruajes; las nuevas tecnologías de la información y la comunicación son la pasarela del dolor, del «hoy cayó uno más». Y es como si cada quien, mientras avanzaba el 2020, aparentemente tan inocente en su paridad, se hubiese ido quedando un poco más huérfano.

Como, sin embargo, toda moneda tiene su reverso, hay que decir que Isla adentro el combate por la vida ha sido encarnizado: una legión heroica hecha de trabajadores de la Salud y de científicos, y de muchos jóvenes —a quienes, ya sabemos, se les intenta encasillar en toda época como los «perdidos»—le ha dado la cara al enemigo invisible y devastador.

Ha sido así que, mientras en otros países nuestros semejantes mueren por miles, aquí reportamos –con dolor- una cifra que no llega a los 200 fallecidos. Y así hemos llegado a tener cuatro candidatos vacunales, varios prototipos de ventiladores pulmonares (con uno que se está produciendo y que ya fue probado en humanos con muy buenos resultados). En un futuro, además, tendremos un tomógrafo para poder visualizar las áreas del pulmón que estén llenas de aire y así poder monitorear más celosamente a un paciente durante su estancia en terapia intensiva. Y habrá, también hechos en Cuba, otro tipo de tomógrafo, termómetros infrarrojos, y lámparas de desinfección.

Como si el tiempo universal coordinado pudiera estirarse o encogerse, hemos asistido a la típica audacia de nuestros científicos haciendo en un día lo que debía realizarse en varios, incluyendo en todo la variable de la intensidad y una sabiduría por cuenta de la cual, por ejemplo, ocho académicos nuestros, en este 2020, fueron elegidos como asesores para el enfrentamiento a la COVID-19 en el mundo.

(Tomado de Juventud Rebelde)

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El periódico de Cienfuegos. Fundado en 1980 y en la red desde Junio de 1998.

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