Macrismo
lun. Dic 16th, 2019
No es algo nuevo, en realidad. Desde el arribo al poder del derechista Mauricio Macri, la situación comenzó a empeorar, rápida y exponencialmente.

No es algo nuevo, en realidad. Desde el arribo al poder del derechista Mauricio Macri, la situación comenzó a empeorar, rápida y exponencialmente.

Sin el congelamiento en el exterior de miles de millones de dólares agenciados por la economía nacional, sin una guerra frontal a todos los niveles de parte de la mayor potencia militar y económica de la historia, sin el peligro de un ataque militar, sin una enconada ultraderecha interna acérrima rival del gobierno, sin una burguesía cipaya que le hace el juego al imperio junto con los comerciantes que esconden o manipulan los precios de las mercancías, sin un colosal conglomerado mediático mundial y nacional en su contra, sin escaladas de violencia interna bajo la orden de Washington y el sector radical de la oposición, sin atentados al sistema eléctrico del país, sin “conciertos” en la frontera, sin intentos de “ayuda humanitaria” o caballos de Troya imperiales, sin intentonas de golpes de estados, sin autoproclamaciones defendidas por el poder hegemónico…, en fin, sin nada de que lo afecta a Venezuela, la otrora riquísima Argentina está en la bancarrota.

El gobierno neoliberal de Mauricio Macri (que no posee ninguno de esos obstáculos, sino por el contrario el apoyo de su orientador directo Estados Unidos, la sonrisa de un Trump viejo conocido de la familia Macri y una red mediática totalmente afín a la Casa Rosada, pues la prensa corporativa argentina es una de las más subordinadas al gobierno en el globo) ha hundido al que fuera el granero del mundo, el país de la carne y la leche, uno de los referentes agrícolas y económicos de América Latina y del planeta, en un lugar pobrísimo, sumido en la miseria y la desesperanza de amplias capas de la población.

El macrismo y sus recetas neoliberales, las cuales siempre tuvieron resultados desastrosos tanto en la propia nación austral como en el resto del continente, provocaron que el 50 por ciento de los niños argentinos de la actualidad sean pobres en términos monetarios y el 63 por ciento en términos del ejercicio de sus derechos. Argentina sigue produciendo alimentos para 400 millones de personas de todo el mundo, aunque paradójicamente 3 millones y medio de locales hagan una sola colación al día.

Encarecida la canasta local en el orden del 35 por ciento, la pobreza por ingresos entre niños y adolescentes que viven en hogares donde el jefe o jefa están desocupados llega al 85 por ciento, de acuerdo con Unicef.

No es algo nuevo, en realidad. Desde el arribo al poder del derechista Mauricio Macri, la situación comenzó a empeorar, rápida y exponencialmente. Cuando solo llevaba siete meses en el poder, ya el número de despidos en el sector público y privado había superado los 130 mil y la pobreza se elevaba del 19,8 por ciento al 33,2 por ciento; en tanto la indigencia se disparaba un 38 por ciento en el área metropolitana de Buenos Aires.

El mimado del Fondo Monetario Internacional —tras el acuerdo con el FMI por 56 mil 300 millones de dólares, todas las medidas fiscales, monetarias y cambiarias del Banco Central Argentino son dirigidas por este— subió el precio de la luz hasta el 500 por ciento, en más del 300 ciento el agua, en más de ¡mil! el gas; al 66 el metro y al cien el transporte colectivo y trenes de la capital. La inflación a fines del año anterior sobrepasó el 47 por ciento, la cifra más alta en 27 años.

Macri aumentó de forma extraordinaria el número de desempleados, multiplicó feudalmente los impuestos a los menos favorecidose incumpliendo así sus promesas de campaña, eliminó todo atisbo de subsidio social, la emprendió contra plataformas alternativas de la información como TeleSUR a la cual ordenó sacar del paquete básico de cable, ordenó o permitió que su policía agrediera a la canciller venezolana en Buenos Aires, se alineó con la postura más retrógrada en contra de Caracas, excluyó a su país de los acuerdos de integración regional de signo progresista, socavó la incidencia continental de dichos mecanismos de concertación, encarceló o desapareció a líderes sociales, su Corte Suprema redujo pena a connotados represores de la dictadura militar transcurrida entre 1976 y 1983, ha agravado el cisma social en su país y mantiene una política de demolición contra la clase trabajadora.

El agente en Buenos Aires de Washington y de sus estructuras de dominación, recién reunido con su amigos coequiperos Jair Bolsonaro e Iván Duque, constituye uno de los ejes de instrumentación de la política estadounidense en el continente, otro peón del imperio quien abochorna a la rica historia de luchas, reivindicaciones y búsqueda de justicia social de los argentinos, mientras obedece las órdenes de sus jefes gringos y sume en el lodo moral y material a su pueblo.

 

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