Los recuerdos del amor

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Nelson Ayo Li y Aleida Ramírez Herrera visitan todos los días el parque Martí, de la ciudad de Cienfuegos. / Foto: Juan Carlos Dorado

El parque les espera siempre al mediodía como a dos enamorados en su primera cita. No son los mismos de entonces, mas en ellos aún perdura la costumbre de tomarse las manos e ir juntos a donde fuere. El amor es una rueda de olvidos, pero hay detalles que se resisten al color sepia de las fotos, a la pesadez del tiempo y a la propia naturaleza de la vida. Lo sabe Nelson, y lo siente, sin saberlo, su esposa Aleida.

Casi 60 años de matrimonio se acomodan sobre el banco, mientras corretean los muchachos, pasean los turistas, vuelan las palomas y otra hora realza el tono blanquecino de sus cabellos. El parque Martí, de la ciudad de Cienfuegos, es el sitio obligado de cada jornada como alivio a los recuerdos ausentes o yacimiento para nuevas remembranzas. Algo allí los redime cuando ambos insisten en retornar a diario.

Nelson tiene 76 años y cuida a Aleida, de 79, desde la época en que vivieron en el municipio de Cruces. Él trabajaba con sus tíos en una bodega y ella en la zapatería de al lado. Allá se conocieron, enamoraron y casaron al “nuclear cosas”, “afinidades” y sentir la necesidad de “tenerse cerca”. Eran muy jóvenes para imaginar entonces todas las estaciones compartidas o los fotogramas extraviados luego entre el amasijo de hojas secas.

Las memorias de su relación todavía descansan en la lucidez de Nelson. Él evoca por ambos aquellos viajes a Santiago de Cuba, Varadero y Guanabo que tanto les gustaban. Pero Aleida no solo ignora esas postales, sino el sentido de lo que fueron. Desde hace cinco años padece de Alzhéimer y acaso su única retentiva es saberse acompañada por el hombre que la lleva al parque todos los días y le descubre el paisaje desde el ventanal de casa.

Descifrarla ahora resulta difícil, cuando su lenguaje cede casi al silencio. Sin embargo, Nelson busca complacerla y hasta compra libros sobre “cómo mejorar los cuidados del enfermo dependiente”. El afecto es su remedio para ella, y también para él ante los escasos episodios de irritación. La persistencia de su matrimonio anida en la cercanía que los unió y en el respeto edificado al paso de incontables primaveras.

Señales de aquel viejo idilio los sorprenden a ratos en la soledad de su hogar. Ella le acaricia el pelo, le besa en el rostro, y Nelson le corresponde con similares gestos. A veces repasan juntos las fotos de la boda y Aleida reacciona alegre al reconocerse joven en las imágenes. El amor es una rueda de olvidos, pero hay detalles que nacieron para ser recuerdos, incluso en la demencia de los años.

8 Comentarios

  1. Qué belleza de amor y qué calidad en la prosa, gracias Aleida por compartir tamaña intimidad con nosotros los lectores, no me canso de leerlas, muy bellas, qué gran amor. Gracias

  2. Robe, qué bien, atraer la atención hasta este sector poblacional, los ancianos, tema sobre el que se hace necesario incidir desde el oficio. El envejecimiento es un fenómeno que se nos viene encima, porque al aumentar la expectativa de vida, es lógico que vivamos más y en consecuencia enfrentemos enfermedades del anciano; y están los cuidadores, como es el caso, que muchas veces son también ancianos y sufren mucho, física, psicológica y económicamente. Solo con amor se puede enfrentar el Alzheimer, gracias por este necesario trabajo

  3. Gracias Roberto, aunque soy (quizá de los pocos) que cree que ese sentimiento, a veces tan manoseado, no cabe en 24 horas, bien vale la pena refrescar el alma con historias así de humanas en un mundo de tantas cifras y porcentajes. Los conozco, son vecinos del barrio, pero por ti acabo de conocer detalles de sus vidas casi anónimas.

  4. Que historia más bonita, me saltaron las lágrimas aqui. Es un ejemplo grande de amor que traspasa los límites existenciales. Es mi deseo compartir con mi esposo así cuando seamos viejitos los dos. Felicidades al periodista por tenerlos en cuenta y por mostrar esta linda historia.

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