Lisander Almaguer Tejeda: sueños del hoy que será mañana

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Madre e hijo, para quienes las rutinas de la vida son otras hoy./Foto: Juan Carlos Dorado

Ha permanecido más de la mitad de su vida anclado a una cama de hospital, aislado del mundo exterior, porque un virus o una bacteria pudieran complicar la débil defensa de su organismo. Se trata de Lisander Almaguer Tejeda, aquejado de un lupus eritematoso sistémico, asociado a una desnutrición proteico-energética. Tiene 17 años y el tamaño de un niño de 8. Cursa el grado 12mo. de la enseñanza preuniversitaria y quiere ser médico.

“Eso es lo que me gustaría estudiar, pero me han recomendado, por mi estado, no hacerlo, porque no podría mantener esa carrera, lleva un duro régimen la Medicina, entonces no sé qué haré, quizá Logopedia, por lo pronto me preparo y estudio mucho, leo. No asisto a la escuela, tengo profesores en casa, y son muy buenos, de los que llaman ambulatorios”.

El lupus eritematoso sistémico es una patologíaautoinmunitaria. En esta enfermedad el sistema inmunitario del organismo ataca por error el tejido sano. Como su nombre indica, es una enfermedad sistémica, la cual puede afectar a muchos órganos: piel, articulaciones, riñones, corazón, pulmones, cerebro, y otros órganos. Es dolorosa, limitante y trae consigo demasiadas restricciones para llevar una vida normal. Quienes la padecen no pueden tomar el sol, sofocarse, estar expuestos al medio exterior; es invalidante y excluye a los pacientes de realizar esfuerzos físicos. Lisander vive en un tercer piso y alejado del centro de la ciudad. Por lo que su vida se circunscribe a cuatro paredes, con una consecuente afectación psicológica.

Lisander es atendido en los Servicios de Ortopedia del “Pediátrico”./Foto: Juan Carlos Dorado

En el “Pediátrico” de Cienfuegos le conocen muy bien, por el número de veces en que ha estado ingresado en la institución. “Siempre, al llegar a nuestro centro se activa el equipo multidisciplinario de atención integral. Esta vez permanece en la Sala de Ortopedia por una lesión en la rodilla, consecuencia de una caída. Se le realizan curas, lo implantan con piel de cerdo para lograr la cicatrización. Ya casi regresa a su hogar, la visita al quemólogo de hoy y el examen, serán definitorios”, dice Beatriz Vilches Ramírez, enfermera jefa de los Servicios.

“Sí, aquí me tratan espectacular, pero me gusta regresar a casa, encontrar a los amigos del barrio y hasta tirar unas pelotas; por eso estoy aquí esta vez, me caí atrapando un lanzamiento. ¿Pero sabes una cosa?, me gustaría tener mi propio cuarto, el mío lo comparto con mi hermano y a veces lo molesto cuando prefiero estudiar en la madrugada; leer, ver una película o simplemente porque me quejo de algún dolor”, dice y mira cómplice, moviendo las manos en las que la enfermedad ha dejado huellas permanentes de deformidad.

Para la familia no fue fácil, resultó impactante la noticia de que su hijo de apenas siete años sufría una enfermedad crónica, de las llamadas raras por la frecuencia con la cual se presentan. El padre es jubilado de las FAR, y la madre, profesora de la Universidad de Cienfuegos.

“A los siete años debutó con una Púrpura trombocitopénica, le bajaban mucho las plaquetas y fue un largo período de exámenes, pruebas, dudas…, hasta arribar a su diagnóstico actual. Qué puedo decir, ha resultado muy difícil, es un impacto violento conocer que tu hijo está enfermo y no tendrá cura, solo un alivio. Te cambia la vida de la noche a la mañana. La familia ha debido organizar nuestras rutinas para adecuarnos a Lisander y estar en función de él. Mi esposo trabaja en las noches y yo, por el día, para no dejarlo solo en casa. También tiene una dieta rigurosa, y aunque el estado nos facilita la mayoría de los alimentos, las frutas y los vegetales se han dificultado en los últimos tiempos, y mira que en la ‘Placita’ del barrio nos ayudan mucho”, comenta Nélida Tejeda Portel, la madre.

“Ya no estoy ingresado por largo tiempo como antes, ahora comparto más en casa, aunque extraño a los amigos que he hecho acá. ¿Problemas con los medicamentos? No, apenas llego al Hospital lo tengo todo garantizado, aquí todos me conocen, soy popular, dice y sonríe, y sus ojos claros y profundos, dejando asomar un brillo de complicidad. Nos despedimos de Lisander allí, en el Hospital Pediátrico de Cienfuegos, y a medida que avanzo por el pasillo no dejo de pensar en él, en su esperanza y sueño, en mañana.

La enfermedad ha dejado huellas en sus articulaciones./Foto: Juan Carlos Dorado

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