Las crónicas de Raúl Torres

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Foto: Suenacubano
Foto: Suenacubano

Tal vez uno de los cantautores cubanos más reconocidos por parte del público nacional, Raúl Torres, se ha vuelto el cronista de los grandes acontecimientos en la historia reciente de nuestro país. ¿Su mayor mérito? Ser un artista que no teme a comprometerse políticamente, aunque esto no significa que sus letras estén exentas de críticas sociales ni mucho menos.

Cuando llega a Santa Clara, alega dejar de sentirse Raúl Torres para ser un trovador más, que pasa por el Mejunje y se cuela para sorprender al público universitario que se congrega cada jueves en espera del inicio de la peña La Trovuntivitis: “Roly ha vivido en mi casa y a Marchena, Leo y Alain los evalué para pertenecer a la Asociación Hermanos Saíz. Con ellos me pasó algo extraordinario, en el examen, a mitad de sus canciones ya tenían para mí la excelencia, pero les pedí que continuaran tocando porque me encantaban sus temas”, aseguró en una entrevista al semanario Vanguardia respecto a sus amigos santaclareños.

Casi siempre aparece en el escenario en espera que alguien le pida Sábanas blancas, porque no será la primera vez ni la última que lo confundan con Gerardo Alfonso o que, como le ocurrió en un concierto en España, se escuche a un espectador que grite desaforado:“¡Bravo! ¡Bravo! ¡Ole! ¡Ole!” y al final resulte ser Don Joaquín Sabina.

Candil de Nieve es, para muchos, una de sus mejores creaciones: “Enciéndete clavel, cuando amanecer veas la razón, /de lo que se te dio y luego no alcanzó más tu corazón. /No pienso que sufrir es aquella opción /que nos dio algún dios para salvarnos. /No apagues el candil, o la nieve te hunde /en el centro del dolor”.

En declaraciones al sitio web Cubadebate aseguró que: “Todas las canciones se aman, porque siempre hay en ellas un pedazo de tu vida donde te reconoces. Pero lo cierto es que todo el mundo me asocia con ella, también porque surgió en una época donde era necesaria esta canción, la gente también la tenía en su boca, como un candil, como lo que es”.

Sin hacer concesiones, sus letras se han ido desembarazando de la poética inicial, la que tanto se nutrió de su Matanzas natal, tierra de grandes como Carilda Oliver Labra. “No es que mi música haya cambiado, es que la poesía urbana, esa aprendida de Sabina ha evolucionado en sí (…). Ahora mis letras son más directas, más sencillas, pero sin perder su profundidad. Soy trovador, no poeta”.

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