La familia Maceo-Grajales entra en la historia de Cuba | 5 de Septiembre.

La familia Maceo-Grajales entra en la historia de Cuba

El 15 de octubre de 1868 entró en la historia de Cuba la familia Maceo-Grajales. Apenas cinco días después del pronunciamiento patriótico de Carlos Manuel de Céspedes, comenzó esta familia a incorporar a sus miembros a la Revolución. Ese día ocurrirá el juramento de liberar a Cuba o morir por ella. Así ocurrió este pasaje de nuestra historia.

En los círculos conspirativos de Oriente se preveía para diciembre el inicio de la guerra revolucionaria contra los colonialistas españoles, y la familia Maceo-Grajales estaba preparada para cumplir su papel patriótico. Pero he aquí que hasta ellos llegó la noticia de que aún no mediado octubre había ocurrido el levantamiento en el ingenio La Demajagua, propiedad del abogado Carlos Manuel de Céspedes. El rumor explicaba que con conocimiento éste de que iba a ser detenido por conspirador, decidió adelantarse y tomó el camino de las armas, y al hacerlo liberó a los esclavos y proclamó que “todos los hombres somos iguales”.

Sin poder reprimir tanta impaciencia y carentes de noticias ciertas, la familia envió a su hijo Miguel a la más o menos cercana tienda de campo en busca de información. Allí la obtuvo de primera mano. Miguel encontró al capitán Rendón, amigo de la familia, jefe de un grupo insurrecto que le envió recado a sus padres: “Dile a Mariana y a Marcos que preparen comida para mi gente esta noche”.

Después de la comida Rendón confirmó los hechos y se explicó. Marcos le hizo entrega de varios de sus mejores caballos, cuatro escopetas de cartuchos, dos revólveres, doce machetes y cuatro onzas de oro. Entonces Rendón preguntó: ¿Y de los muchachos, a cuál me das?

Sin esperar la respuesta del padre, Antonio, José y Justo se pusieron de pie ante la mesa. Serán los primeros que pelearán por Cuba, aunque enseguida lo harían los restantes hermanos. Y casi todos morirían. Antonio, José y Justo comienzan como soldados rasos en la guerrilla de Rendón. Justo caerá a principios de la guerra. Antonio y José llegarán ambos a ostentar los grados de Mayor General del Ejército Libertador, cada uno en sus finales.

De igual manera, el padre y los demás muchachos pelearán todos, ascenderán a grados militares por su valor y muchos caerán. Toda la familia, hombres y mujeres, éstas encabezadas por Mariana y por la esposa de Antonio, también tomarán el camino de la manigua redentora.

Al partir para la guerra Antonio ensilla su mejor caballo, el que utiliza para viajar a Santiago de Cuba. Siente crecerle en el pecho el patriotismo. Ahora podrá luchar contra el despotismo de España. Su hermano José lo seguirá a lo largo de toda la guerra y será tan heroico como él, y alcanza los grados militares más altos y semejante prestigio y la gloria de morir por la Patria.

Pero este 15 de octubre ocurre otro acto maravilloso que recordamos: el juramento de la familia. Y es que cuando van a partir los primeros tres muchachos, Mariana llega a la habitación donde se despiden todos abrazados. Así lo ha contado Martí:

“Entra Mariana a la sala. Trae en sus manos un crucifijo. Llama a su esposo Marcos, a la esposa de Antonio y a todos los muchachos, varones y hembras pequeñas, y habla emocionada: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”.

Y todos cumplen. La madre y el padre: Mariana y Marcos. Los trece hijas e hijos, la esposa de Antonio, luego la de José. Es indudable que el corazón de Mariana temblase por lanzar a la familia toda, a sus hijos y a los nietos que nacerán y morirán en la manigua de las penurias de la guerra, pero sentía que era necesario ese sacrificio supremo.

¡Por eso Mariana es la Madre de todos los cubanos dignos! Y esa, la de los Maceo-Grajales, ¡es la estirpe de los cubanos!

En la Mariana, Madre Ceiba, escultura en bronce de 4,60 metros de altura para el nuevo emplazamiento en el área patrimonial central del cementerio de Santa Ifigenia, el artista Alberto Lescay trató de apresar la esencia de la madre de los Maceo para devolverla en imagen. /Foto: Daniel Houdayer

 

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