Francisco Pérez Díaz: rebelde en sepia

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En el Distrito Naval Cayo Loco se desempeñó como tornero. /Foto: Cortesía del entrevistado

Todavía, a los 83 años, Francisco Pérez Díaz recuerda cada detalle de su participación en los hechos del 5 de septiembre de 1957 en la ciudad de Cienfuegos. Su testimonio conserva la magia de las viejas fotografías, más valiosas cuando nos devuelven en sepia acontecimientos del pasado, protagonistas, atmósferas… “Pero mire, periodista, a 60 años las cosas cambian y se convierten en otras. Son muchos los escritos y relatos, muy distintos a lo que en realidad pasó”, alerta Francisco; luego reclama: “¿No borraste eso que te dije, verdad?”.

Aunque nunca figuró en sus planes involucrarse en un levantamiento popular armado —ni siquiera en la política—, los desafueros de la época lo atraparon en la vorágine revolucionaria contra el gobierno de Fulgencio Batista. “En la escuela estábamos siempre de huelga en huelga y perdíamos mucho tiempo de la vida estudiantil”, confiesa.

Francisco era en ese momento, 1954, un joven de apenas 20 años./Foto: Cortesía del entrevistado

De adolescente había vislumbrado su futuro en un taller de mecánica. Tras varias etapas de estudio, fue en la Escuela de Artes y Oficios donde se formó como tornero y dio el salto hacia la Marina de Guerra, en el otrora Distrito Naval de Cayo Loco. “Mi familia era de marineros: tíos, abuelos, papá… Conocíamos a muchas personas allí y me convencieron de que sería de gran ayuda, pues no tenían quien torneara. Te cuento esto para que sepas que no caí de ‘flay’ en la Marina”.

Francisco era en ese momento, 1954, un joven de apenas 20 años, lleno de apetencias e inmerso en el hobby de retratar su tiempo. La experiencia laboral en una institución militar lo acercó al pensamiento rebelde imperante y a algunos de los líderes. “Compartí con los que conspiraban e hice particular amistad con Dionisio San Román. Fui amigo de todos, de ahí la confianza depositada —junto a otros compañeros— para llevar a cabo la primera misión en aquella mañana del 5 de septiembre de 1957: detener al comandante del Ejército.

“Raúl Hernández y yo llegamos a su casa, pero no estaba. El guardia a cargo de la seguridad de la vivienda se encontraba en una cafetería cercana. Mientras esperábamos una respuesta sobre el paradero del comandante, apareció un soldado. Le comentamos que su jefe era requerido en el Distrito, sin ofrecer otras pistas. Casi de inmediato el oficial percibió que no le hablábamos con claridad, sacó la pistola y empezó a tirar.

“Debí correr para separarme de él. Primero le dio a Raulito entre las piernas y después a mí en la mano derecha, alojándose la bala en el dedo gordo. La sangre manchó de sopetón la chamarreta blanca y ante el alboroto resultó necesario huir con rapidez. Regresé a la Marina en una máquina y fui enviado a curar con Francisco del Sol”.

Francisco se incorporó a la Marina en Cienfuegos con solo 20 años. /Foto: Cortesía del entrevistado

Los planes del alzamiento implicaban la fuga hacia la zona montañosa del Escambray. Sin embargo, el fracaso de la acción militar en la ciudad y de las misiones vinculadas —como la detención del comandante del Ejército—, precipitaron los hechos posteriores. El propio Francisco Pérez Díaz lo intentó con otros once, mas no logró conseguirlo. Todos debieron retornar al Distrito en condición de presos. La idea inicial se desmoronó en el espíritu veinteañero de sus héroes.

Ahora, cuando Francisco lo evoca en la madurez de sus ocho décadas, es mucho más reservado en las valoraciones: “No soy quien deba evaluarlo, pero como cienfueguero creo que el 5 de septiembre de 1957 tuvo cierta razón de ser. Expresó el sentimiento de una generación: la rebeldía”.

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