Nueva normalidad, viejas costumbres

La pandemia provocada por el SARS- CoV-2 ha dividido nuestra existencia en fases. Ahora vivimos una nombrada “nueva normalidad”, pero salgo a la calle y lo que veo se parece bastante a lo que veía antes: gente que va y viene con bultos, jabas, bolsos, mochilas, repletos o a medio llenar de cuanto pueda comprarse. Y veo también a gente que se junta para conversar, beber, reírse, y quienes usamos barbijo parecemos bichos raros entre tantos ajenos a los peligros del contagio, como si vivieran en otra dimensión.

Para algunos, el concepto de nueva normalidad encierra cierta contradicción. Si la normalidad es lo ya establecido, lo que existía de antes, lo acostumbrado, ¿cómo habrá de ser nueva?

Significa que hay novedad en lo que siempre hemos vivido, porque seguiremos asistiendo al mismo centro de trabajo, a la escuela, al hospital, en los ómnibus de siempre, pero con actitudes nuevas. Con el uso ineludible de la mascarilla, de una que en verdad proteja y sirva de barrera al coronavirus, no una que esté de moda, más “pepilla”, pero poco protectora,porque casi siempre deja al descubierto la nariz y permite la entrada y salida del aire por los espacios abiertos entre la tela y la piel.

También es nueva esta normalidad porque habrá que dejar para momentos más felices la profusión en el saludo y hasta en la conversación; porque el lavado constante de manos y superficies debe convertirse en rutina, y aunque parezca misión imposible necesitamos acostumbrarnos a hacer las colas sin encimarnos unos sobre otros.

Cierto: en esta nueva normalidad no nos queda más que coexistir con la enfermedad, con un mínimo de riesgo, tal como nos ha dicho el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Pero resignarnos a la presencia del enemigo invisible en casa no significa que nos descuidemos y dejemos a una cuestión de azar la posibilidad de mantenernos a salvo de sus embates. Es el momento de asirnos con fuerza al Código de vida al cual hizo alusión en fechas pasadas Manuel Marrero Cruz, primer ministro de la República, exhortaciones que no podemos tan solo escuchar y asentir, sino aplicar a nuestro día a díacomo reglas de conducta necesarias para salir airosos frente a las circunstancias actuales.

El incrementode los vuelos internacionales en los cuales entrarán al país muchos de nuestros conciudadanos viajeros o residentes en el exterior; las puertas abiertas a un turismo que ya no solo estará en la cayería, alejado de las ciudades, sino que podrá hospedarse, pasear las callesy confluir con los nacionales en cafeterías, restaurantes y otros centros, obliga a extremar las medidas. Como se ha dicho ya, la responsabilidad individual, el autocuidado y la solidaridad resultarán imprescindibles para mantenernos sanos y proteger a las familias, sobre todo a los más vulnerables.

En la circunstancia actual se impone abstenernos de viejas costumbres, como la de correr a abrazar al pariente o amigo que acaba de llegar del extranjero, o al revés; también la de realizar festejos multitudinarios y otras acciones características de la idiosincrasia cubana.

Elhecho de que la provincia de Cienfuegos, hasta este 23 de noviembre, sume tres nuevos casos de Covid-19 con fuente de infección en el exterior, y que cada uno tenga un número considerable de contactos, entre ellos niños, lanza una señal de alerta.La nueva normalidad, entonces, nos llama a no bajar la guardia, a seguir siendo alegres y cariñosos, pero responsables, por el bien de la salud individual y colectiva.

Yudith Madrazo Sosa

Yudith Madrazo Sosa

Periodista y traductora, amante de las letras y soñadora empedernida.

Un Comentario en “Nueva normalidad, viejas costumbres

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    el 1 diciembre, 2020 a las 11:18 am
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    Mis saludos a la Periodista Yudih, excelente su publicación sobre el tema COVID y el uso del nasobuco. No es menos cierto que nosotros los cubanos somos muy sociables y cariñosos pero en estos momentos sin que nuestras amistades o familiares lo tomen como una apatía debemos tomar precaución cuando alguien viene del exterior. Nadie nos va a cuidar mejor que nosotros mismos, muchas veces veo jovenes sin el nasobuco o con el de collar y las perosonas temen requerirles, el domingo pasado estuve en la cola del pan y había un compañero con el nasobuco en cuello y hablando cercano a las personas y como mucho respeto le tuve que decir que se colocara el nasobuco o hablara lejos de nosotros e inmediatamente se colocó. Muchas gracias por todo a las autroidades del nuestro país por cuidarnos cada día y a ustedes los periodistas por mantenernos informados.

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