Cuando la justicia tiene nombre de mujer | 5 de Septiembre.
dom. Jul 21st, 2019

Cuando la justicia tiene nombre de mujer

Foto: Cortesía de la entrevistada

Escrito por Luana Lobelle Muñiz*

Yenny Jiménez Rico demuestra con su ejemplo que, al trazarnos metas en la vida, emprendemos un camino lleno de obstáculos. Uno de ellos: el no haber iniciado la carrera de Derecho al terminar los estudios preuniversitarios. Por esta razón llega a las aulas de una escuela primaria donde imparte la asignatura de Matemática. Este escenario le sirvió de apoyo para perder el miedo a hablar en público; por eso una de las características que la define al pisar el estrado es la seguridad. Hoy, ejercer como fiscal, es su mayor orgullo.

Hace ya dos años esta cienfueguera de nacimiento, y jefa de los fiscales del municipio Aguada de Pasajeros, dejó de empuñar la tiza para representar al Estado en los tribunales. Y aunque califica de decorosa la labor del magisterio, confiesa que la abogacía es su verdadera pasión.

“Ser fiscal no depende del carácter, pero a veces hay que tomar decisiones difíciles que ameritan una actitud recta. Sin embargo, los fiscales somos seres humanos con sentimientos y emociones al igual que todos. Además, cuando estoy en el estrado no puedo estar riendo, tengo que guardar respeto, porque en la sociedad ya no te nombran como la esposa de… o la hija de…, sino como ‘la Fiscal’.

Fuiste jueza por poco tiempo antes de ejercer como fiscal. ¿Cuál de estas dos profesiones la atrajo más?

“El trabajo del juez es muy bonito, pero solo tiene en sus manos la decisión final del proceso. En cambio, el fiscal tiene a su alcance el proceso desde que nace hasta que termina. Es mucho más dinámico; el fiscal trabaja, incluso, en la prevención desde el niño hasta el adulto. El juez tiene prohibiciones respecto a esto, nunca van a ver a un juez trabajando en la prevención, porque su naturaleza de impartir justicia no le permite relacionarse con la población en este aspecto”.

Atendiendo al delito que comete el acusado, ¿te sientes más cómoda en algunos casos que en otros?

“Depende del delito, aunque ello no ha sido obstáculo para enfrentarme a ninguno. He defendido todos los que me han sido asignados, pero tengo preferencia por los casos donde hay menores de edad involucrados. Siento que ellos necesitan que los defienda. En ocasiones, los padres me preguntan cómo buscar un abogado y les respondo que no deben buscar a nadie, que su abogada soy yo; es decir, me siento con el compromiso de defender, no solo los intereses del Estado, sino también los de las víctimas. Además, me enorgullece ver como confían en mí y agradecen cuando culmina el proceso”.

¿Se le ha presentado algún caso en que el acusado tenga vínculos familiares con usted?

“Se me han presentado varios casos, pero en esos tengo que excusarme; no puedo saber nada del asunto. No debo aislarme solo por tener vínculos familiares, sino por ética. Aunque se piense que no va a influir en nada, siempre surgen sentimientos que pueden llevarte a tomar una decisión errónea. Y en esta profesión tiene que haber poco espacio para las equivocaciones. Cuando se trata de un familiar, el vínculo siempre sale a flote y no se es totalmente justo por esta afinidad”.

¿Ha recibido algún tipo de agresión por parte del acusado o de sus familiares?

“Nunca, a pesar de que resida en la misma localidad que ellos. Solo he escuchado comentarios de que fui dura con el acusado, pero no directamente. Si llegara a pasar pediría ayuda a mis superiores, consultaría. Lo otro sería denunciarlo porque no puedo poner mi vida en juego. Jamás abandonaría mi profesión, es lo que verdaderamente me apasiona”.

He escuchado varios comentarios de personas que están en desacuerdo con que se le reduzca la condena, por buen comportamiento, a aquellos privados de su libertad…

“Considero que es una oportunidad para quienes deciden reivindicarse y reintegrarse a la sociedad con fines positivos. Además, el objetivo de las sanciones que prevé el Código Penal es que las personas, cuando cumplan la condena, se reinserten en la sociedad y sean individuos que trabajen y produzcan. Por esta razón no podemos ir en contra de esas personas que desean hacer las cosas bien. Es cierto que muchos cambian su comportamiento para salir antes en libertad, y no por arrepentimiento.”

Muchos admiran tu profesión pero confiesan no tener agallas para desempeñarla. ¿Qué les dirías a los jóvenes legistas que por temor no se lanzan a luchar por sus sueños?

“A los jóvenes les diría que considero que la fiscalía es la rama más bonita de la abogacía, la que más permite realizarte como profesional. Y si les gusta no tengan temor; solo basta que nazca desde adentro. Además, es una profesión en la que no te debes a ningún cliente y que basa su trabajo en normas y leyes escritas, por lo que existe poco margen para la equivocación. En fin, es un orgullo ser lo que soy y trato de superarme cada día, para cuando pise el estrado, dar lo mejor de mí”.

*Estudiante de Periodismo.

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