Aurora

Es una mujer culta. Cuentan que fue profesora de Literatura. Delgada, trigueña y con un ensortijado cabello, que aún a sus 60 y tantos, y con nieve, luce hermoso. Aurora es mi vecina.

Llegó un día al edificio con Pedro, su hijo, quien solo pasaba en casa los fines de semana, porque el padecer una enfermedad genética y una condición especial, le obligaban a permanecer en un centro psicosocial de atención y acogida.

De pronto, los días y las noches se volvieron rutina de epidemia, y llegaron las jornadas de encierro y cuarentena, y el centro donde Pedro pasaba la semana cerró puertas adentro; no le vimos más por el barrio, y pasó el tiempo.

Ya Pedro no está. Por más de 40 años ella fue su amparo y amor, y de pronto se quedó sola, con una enorme sensación de pérdida, y tal y como su nombre predice y cual diosa del amanecer, desde entonces abandona el sexto piso todos los benditos días, y se para en las escaleras traseras de acceso al inmueble, a la espera.

Algunos vecinos le dan el almuerzo; otros, café; alguien pasa y le regala un dulce, una rueda de jamón con pan. Moisés y Mayra, esos caritativos siervos, le traen un pozuelo con comida; pero algunos días se va en blanco, cuando la prisa y la cotidianidad ocupan a quienes de ella se ocupan.

Aurora llegó con Pedro al edificio un tiempo antes de la epidemia, y algunos detalles mostraban dudas sobre su cordura; se le rebozaba con frecuencia un tanque en el balcón, y el “aguacero” mojaba a los vecinos; los golpes en la pared contigua a su apartamento no dejaban dormir a sus ocupantes; y algunos hasta vinieron a invocar mi condición de secretaria del consejo de vecinos para que firmara una carta, pero qué va, yo no le podía hacer eso a Aurora, la madre de Pedro, que ya por proteger a esa vida que nació y creció, canjeó su risa por el llanto y tenía suficiente.

Vaya usted a saber de qué manera llegó al inmueble, de dónde vino, pero de la noche a la mañana, Aurora pasó a ser un personaje cotidiano, de todas las mañanas, las tarde y las noches. Allí, en las escaleras del edificio, su figura encorvada es casi un ícono, unas veces permanece de pie, y otras sentada, con un montón de bultos a su alrededor. A ratos cree hablar por teléfono, o dice que la vienen a buscar para ir a una casa nueva, pero es Pedro, siempre, el centro de sus fabulaciones.

Cuando debió compartir el tiempo con la crianza y cuidados de un hijo especial, entonces se fue a una empresa como capacitadora y dejó de estar frente a un aula; y de entonces, algunos la recuerdan como una mujer normal, aunque nadie ha dicho que no lo sea, porque quizá este estadio de semi locura la salve, y nos salve de los días y noches con todas sus horas, de la espera, de lo unánime.

Bendita Aurora de todos los amaneceres, deidad que nos recuerda al encontrarla al final de las escaleras, y como un golpe en la rodilla, que es deber de los hombres proteger a los hombres.

Magalys Chaviano Álvarez

Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

9 Comentarios en “Aurora

  • Yudith
    el 24 febrero, 2021 a las 12:32 pm
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    Me conmueve esta historia y pienso en cuántas Auroras más habrá por ahí. Hermosa crónica, Magalys.

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      el 24 febrero, 2021 a las 4:02 pm
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      Gracias, hoy no le he visto, he bajado dos veces con un vaso de helado y kake. ojalá no lo tomen a la tremenda y la encierren, sería negativo

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        el 24 febrero, 2021 a las 4:21 pm
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        No, estaba en su casa, durmiendo la siesta, qué linda, me dijo que me conseguiría unos frijoles que le mandan de Canadá, de todos los colores, jaja, por lo menos está clara de que los frijoles estás deficitarios, ella está tranquila en su rutina, y son más los que se unen para ayudarla, desde la humildad, para que se quede entre nosotros

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    el 22 febrero, 2021 a las 2:57 pm
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    Excelente articulo Magalys y conmovedor, pienso que la pongan en una institución no sería la solución, a los vecinos los que le den diario de comer se les retribuirá, porque el que siembra siempre recoge, aún en estos tiempos. No obstante a Aurora le vendría bien una ayuda por parte del Gobierno. Saludos,

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    el 22 febrero, 2021 a las 10:07 am
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    Muy conmovedora la Crónica, muy triste, dicen los especialistas, que los cuidadores de personas con enfermedades especiales llegan a ser muy afectados, si también no acuden en busca de ayuda, mucho peor, creo que una solución seria, que la TRABAJADORA SOCIAL de Pastoría, gestione tratamiento con la psiquiatra del área de Salud, y quizás AURORA pueda ir a la casa de los ABUELOS, donde los atienden y no están desamparados, quien pueda ayudar por esta vía, creo que es más sana y ella puede dar un salto de vida. Felicidades Magalys

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    el 21 febrero, 2021 a las 1:01 pm
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    Es verdaderamente una pena. Este asunto se le planteó a la Primera Secretaria del PCC en el municipio de Cienfuegos en una visita que hizo al Edificio, junto al Primer Secretario del Partido en la Provincia. De esto hace ya varios meses y lo curioso es que no se ha hecho nada con Aurora y con los problemas del edificio, ni hablar. Siguen ahí esperabdo por la solución que solo DIOS sabe cuando se solucionarán. Veinte años planteando lo mismo y nada.

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      el 21 febrero, 2021 a las 4:41 pm
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      Mi querido Dr. Eloy, y yo me pregunto y le pregunto, si encierran a Aurora en una institución no será peor? No morirá de tristeza? No creo que signifique peligro alguno si la ayudamos más nosotros mismos, quizá los vecinos seamos su cura. Es verdad que olvidé mencionar a Oslenis, Cary, José, quienes también le dan de comer, esa bendita familia que ayuda y es caritativa, de quienes también tendré que escribir, ellos que también tienen a una hija especial. Pero nada, no se puede andar como el Pato Donald, contando y sacando cuentas, aunque seas el matemático excelente, tenemos que ser más como el Principito, mirar con el corazón, gracias por leer y comentar

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    el 21 febrero, 2021 a las 11:50 am
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    Qué crónica tan conmovedora, Maga. Cuánta sensibilidad la tuya. Un abazo. Sofi

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      el 21 febrero, 2021 a las 4:43 pm
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      Gracias Sofi, un beso, se te extraña en esta virtualidad, pero sé que estás ahí, revisando lo que escribimos

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