Anti-neoliberalismo
vie. Nov 15th, 2019
La manifestación más grande de Chile desde que cayó en 1990 el dictador Augusto Pinochet reunió el pasado viernes en Santiago a al menos un millón de personas. /Foto: Tomada de Internet.

La manifestación más grande de Chile desde que cayó en 1990 el dictador Augusto Pinochet reunió el pasado viernes en Santiago a al menos un millón de personas. /Foto: Tomada de Internet.

Un fantasma recorre América Latina y se llama anti-neoliberalismo. Los clásicos del marxismo no se equivocaron. Esto es lo que, siempre, a la larga, provocarán las políticas de choque y la asfixia de los pueblos a ultranza, a medro de los expoliadores y cada vez a menos beneficios o posibilidades para las clases trabajadoras e incluso medias.

La destacada columnista estadounidense de izquierdas Amy Goodman aprecia el escenario desde una perspectiva más abarcadora (en visión apreciable, pero la cual no comparto del todo, en tanto alude a movimientos sociales como el de Hong Kong, que no tiene nada que ver con el anti-neoliberalismo sino con la incitación yanqui para promover un conflicto en esa isla de soberanía china) y no se limita a hablar del subcontinente, sino del planeta todo, en su reciente artículo Una revolución mundial en marcha (Democracy Now, 1 de noviembre).

En dicho texto, el cual coescribe junto a Denis Moynihan, la periodista norteamericana suscribe el irrefutable concepto de que “muchos de estos movimientos de masas comparten una crítica feroz hacia el capitalismo. En Santiago de Chile, más de un millón de personas inundaron las calles el fin de semana pasado y las protestas masivas continúan. Allí, la brutal dictadura de Pinochet que tuvo lugar entre 1973 y 1990, durante la cual miles de activistas y líderes progresistas fueron torturados, desaparecidos y asesinados, fue seguida por décadas de políticas neoliberales, con privatizaciones desenfrenadas, acoso a sindicatos, salarios estancados y mayores costos de educación, salud, transporte y otros servicios. Chile, uno de los países más ricos de América del Sur, también es uno de los que tiene mayor desigualdad. Decenas de personas han sido asesinadas durante las recientes protestas allí, lo que enfureció e incentivó aún más a las multitudes”.

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La más certera explicación a lo que está sucediendo ahora, primero en la Argentina, luego en Ecuador y ahora en Chile, la dio en los dos últimos casos incluso por anticipado, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, durante su discurso en el 74 Debate General de la Asamblea General de la ONU.

Dicho documento, precioso en términos de diplomacia, dignidad e historia, constituyó la respuesta a las groseras declaraciones previas de Donald Trump en el propio foro; y de forma específica el intento de descalificar al socialismo por parte del jefe del imperio.

Líneas claves del mensaje de Bruno que ayudan a comprender tanto el sentido de la diatriba del presidente norteamericano contra el sistema social compartido por varios pueblos del mundo en busca de la igualdad, la justicia y el equilibrio de los seres humano, como el actual escenario de luchas y reivindicaciones sociales en América Latina, vienen contenidas en el siguiente par de párrafos: “Como vimos hace pocos días en esta Asamblea, el Presidente de los Estados Unidos suele atacar al socialismo en repetidos pronunciamientos públicos, con fines claramente electorales, a la vez que promueve una intolerancia macartista contra quienes creen en la posibilidad de un mundo mejor y tienen la esperanza de vivir en paz, en armonía sostenible con la naturaleza y en solidaridad con los demás.

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El presidente Trump ignora o pretende ocultar que el capitalismo neoliberal es responsable de la creciente desigualdad económica y social que hoy sufren, incluso, las sociedades más desarrolladas, y que, por su naturaleza, fomenta la corrupción, la marginalización social, el crecimiento del crimen, la intolerancia racial y la xenofobia; y olvida o desconoce que del capitalismo surgieron el fascismo, el apartheid y el imperialismo”.

Y brinda, aun, más razones, al considerar que “el Gobierno de Estados Unidos encabeza una grosera persecución contra líderes políticos y movimientos populares y sociales, mediante campañas de calumnias y procesos judiciales escandalosamente manipulados y políticamente motivados, para revertir las políticas que, mediante el control soberano sobre los recursos naturales y la eliminación gradual de diferencias sociales, construyeron sociedades más justas y solidarias, que representaron una salida a la crisis económica y social, y una esperanza para los pueblos de América”.

La interrupción del llamado “ciclo progresista”, debido en buena medida al accionar nefasto de Washington en todos los órdenes de la política interna de la región, experimenta ahora mismo un giro, este claramente evolutivo, mediante el avance promisorio de nuevos proyectos de izquierda y la revolución popular que se batalla en las calles y plazas de Chile. Se lucha por la subsistencia, por el cese del atropello y en contra del capitalismo salvaje.

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