La Ventana de Overton: el arte de normalizar lo monstruoso

Hace unos días, navegando sin rumbo por internet, me topé con un vídeo que me dejó helado. En un programa de televisión europeo, un joven invitado, con una sonrisa de oreja a oreja, declaraba abiertamente: “Soy orgullosamente fascista”. Y lo más perturbador no fue su declaración, sino la reacción del público: aplaudían.

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