Secretos de la abuela sobre el tilo
Siempre que alguien se alteraba de los nervios por cualquier motivo, allá iba la buena de Elia a su plantón de tilo. Con mucha sapiencia y maña en tales menesteres, la abuelita cortaba algunas ramas de la hierba y en un santiamén confeccionaba una taza de infusión, la cual —según ella y luego quedaba demostrado— era un bálsamo para recuperar la calma y el sociego.
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