Silvia Valdés y la felicidad de ser útil
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A sus 85 años, la escritora y educadora cienfueguera repasa una vida dedicada a las letras, la docencia y la pausa de dejar reposar cada texto. En 2025 mereció un premio latinoamericano con su cuento “Soy actor gracias a usted”
Silvia Consuelo Valdés González prefiere el papel antes que las prisas. A sus cercanos 85 años, aún escribe a mano, reposa los textos como quien deja levar el pan, y solo después los comparte. Es maestra, aunque ya no tenga aula; es escritora, aunque publique menos de lo que escribe. Y sobre todo, es una mujer que aprendió a contar historias porque alguien, hace mucho, le contó las primeras.
Nació en Cienfuegos pero pasó casi toda su vida en el municipio de Cumanayagua, donde estudió, encontró el amor, ejerció como maestra durante casi cincuenta años, y formó una hermosa familia. Desde 2017 vive nuevamente en la Perla del Sur, pero su memoria sigue poblada de aquellos paisajes y de las voces que la inclinaron hacia la literatura.
“Fueron mis abuelas maternas y paternas, quienes con sus cuentos cada noche y las décimas que cantaban me inculcaron mis deseos de escribir; luego mis maestros continuaron esa formación junto a la de declamar, leer cuentos y poesías”, recuerda Silvia sobre sus primeros acercamientos a las letras.
Su audacia creativa se manifestó tempranamente: “A los 14 años, de atrevida, escribí una obra de teatro sobre el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, que representaron en Cumanayagua el día de la efeméride, en la Logia, bajo la dirección de su profesora de música Neria López. También escribía para los festivales pioneros y para los actos revolucionarios de la escuela, hasta que comencé a asistir a los talleres literarios”.
Fue precisamente en el taller literario de Cumanayagua, dirigido por el escritor Ian Rodríguez, donde escribió su primer libro publicado: El libro de los conjuros, un poemario para niños que vio la luz en 2007 gracias a la editorial Mecenas. Luego vino Atrapa al duende, también de poesía infantil, en 2013. Su tercer libro, Surtidora de cuentos, se lo dedicó a sus abuelas, inspirado en aquellas mujeres que le hacían cuentos desde niña. “Este último es una especie de novelita para niños donde los relatos se entrelazan”, explica.
Después de esos libros, Silvia no ha cesado de llenar cuartillas y ha participado en varias antologías tanto en Cuba como en Estados Unidos, Argentina y Colombia. Tiene varios libros inéditos para niños y algunos para adultos. En estos momentos espera que se publique el premio que le otorgó la Uneac el año pasado, una recopilación de cuentos para adultos titulada La niña que no seré.
El 2025 le trajo también un reconocimiento especial con su cuento Soy actor gracias a usted, el cual ganó el premio del grupo de escritores latinoamericanos y quedó entre los diez mejores de esa región.
Silvia también es compositora musical de canciones infantiles y obtuvo varios premios en el festival Cantándole al Sol.
“A quienes comienzan a escribir, les aconsejo que no se apuren en publicar, que revisen bien, que pulan lo escrito para que quede lo más perfecto posible, que se acerquen siempre a buscar la opinión de los más avezados en los temas que escogen, que asistan a los talleres literarios y que siempre estén pidiendo revisión de sus trabajos”, comenta la experimentada escritora.
“Recuerdo que al principio, muy joven, me daba pena enseñar lo que escribía y lo guardaba en la última gaveta de la cómoda. Un día mi mamá, que apenas llegó a tercer grado por la situación de aquella época y vivía en el campo, me dijo: ‘Silvia, pero ¿qué tú haces con todos esos papeles? Dáselos a alguien para que te los revise, y si no sirven, bótalos, porque para qué vas a estar guardando tanto papel'”, revela esa anécdota de sus inicios.
Tras escuchar el sabio consejo materno, se acercó con mucha pena a un escritor de Cumanayagua, muy talentoso, “y él me dijo que las ideas y el mensaje estaban bien, pero que tenía que buscar oficios, buscar las herramientas que la ayudaran a hacer cada día mejor”, comenta.
Dentro de unos meses Silvia cumplirá 85 años, aunque muchos no lo creen porque siempre la ven activa. “Siempre con el mismo entusiasmo y amor por la vida y la poesía, por la convivencia pacífica, por la pasión a los niños que adoro y a la juventud, porque fui maestra y lo sigo siendo. Por la Patria y sus tradiciones. Por la naturaleza. La familia y todo aquello que reúna la utilidad de la virtud y la belleza. En fin, por la paz”, afirma.
“Si en el futuro me leen todavía los infantes y adultos de entonces, será una bendición, la prueba de que lo que escribo hoy, ayer, tendrá vigencia mañana. Y donde quiera que esté para entonces, me sentiré sumamente feliz”.
Parafraseando a Martí, recuerda que “es mejor ser útil que ser príncipe”. Y mientras tenga lucidez en su pensamiento, Silvia Consuelo Valdés González seguirá dispuesta a escribir, a dejar reposar sus textos como quien espera que leve la masa del pan, para luego compartir con el mundo esa palabra hecha literatura que ha sido el centro de su larga y fecunda existencia.

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