Siete: un salón de graduados para la remembranza

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Contra toda presunción, Siete devino una muestra edificante de los jóvenes titulados de la Academia de Artes Plásticas de Cienfuegos (Escuela de Arte Benny Moré, 2023). Este parecer no se sustenta en la eventualidad de que estamos ante proyectos de grado, sino de que lo exhibido en la Galería Santa Isabel es tan encomiable y profesional como las mejores muestras de los últimos diez años en la ciudad.

Grosso modo, el conjunto revela una obcecación por los textos instalativos o de condición procesual (tan solo dos creadoras optaron por expresiones más tradicionales, como el grabado, aunque con refrescantes indagaciones tecnológicas), si bien atravesando múltiples disciplinas, por lo general cercanas a la especialización de cada estudiante (pintura instalativa, escultura instalacionista, environment, etc.), al tiempo que toman de pilar los bastimentos autorreferenciales, obra para sumergirse en los decursos intimistas (relaciones interpersonales en la familia o búsqueda del Yo como sustrato de la personalidad), obra para traslucir las complejidades de una realidad tan diversa como la nuestra (en el esfuerzo por representar los impactos de las migraciones en los grupos filiales o la urgencia de vivir en armonía con nuestro entorno natural); incluso, obras que establecen conexiones lúdicas o conceptuales con otras expresiones del arte, especialmente la música, lo que nos induce a meditar en la incidencia que tiene el modelo de escuelas interdisciplinarias, toda vez que esta contaminación entre manifestaciones y artistas permite ensanchar los campos temáticos y sensibilidades.

De la serie de grabados Arquetipos de Diana Laura Ledezma Blázquez.
Environment, Huellas de María Daniela Ferrera Calderón.
De la serie de grabados Profundo de Amanda Lucía Sánchez González

Asimismo, debemos subrayar el atino en el uso de los códigos simbólicos y alegóricos  dentro del cuerpo de los relatos, fortificando su polisemia y obligando a los públicos a ser menos espectadores y participar en calidad de coautores dentro de los procesos de decodificación o resignificación de los textos visuales. Además, el despego de ciertos substratos comerciales en el registro cromático, jerarquizando el uso de los valores y las luminosidades, las monocromías y sensorialidades como experiencias que nos abastecen de prácticas más complejas, no sólo desde una dimensión tecnológica (como la combinación del chine colé con los soportes digitales), sino también discursiva y comunicacional.

La exposición igual es direccionada por una voz mayoritariamente femenina (seis artistas de los siete expositores son mujeres), pasaje para la consumación de las miradas de género, toda vez que ellas establecen cotejos especiales en los modos de visualizar los contextos y roles psico-sociales e históricos.

Abreacción, instalación de Dianamarys Alfonso Rodríguez (borde izquierdo). Plano de montaje (derecha-arriba), imágenes de proceso y diseño de catálogo (centro y derecha abajo)
Varias piezas de la instalación pictórica Fragilidad, de Leisy Milagros Martínez Pérez.
Tríptico Revivir, de Yannayra Aroche Marcillán

En el listado de hacedores figuran: Diana Laura Ledezma Blázquez, que comparte una serie de grabados intitulada Arquetipos, recreando de modo inteligente y singular nueve  modelos de la personalidad aportados por el psicólogo Carl Jung; María Daniela Ferrera Calderón, autora del environment Huellas, todo un alegato en defensa de los animales, plagado de sutilezas y minimalismos, en los que destaca el ambiente logrado y el vigor de los dibujos al grafito, figuras que sugieren la violencia contra el caballo; Amanda Lucía Sánchez González, gestora de la serie Profundo, quien diserta sobre el impacto de las emigraciones en la familia, la ausencia como obstrucción de los lazos interfamiliares; Dianamarys Alfonso Rodríguez, artífice de la obra instalativa Abreacción, un fábula que ahonda en la necesidad de cerrar el duelo luego del divorcio de los padres, muy bien articulada con el uso de los códigos alegóricos; Leysi Milagros Martínez Pérez, que introduce una instalación pictórica alusiva al reconocimiento del Yo existencial, tomando al paisaje y cristal fragmentado como reservorios para inducir la fragilidad y emotividad de la artista, otra de las puestas visuales más autorbiográficas; Yannayra Aroche Marcillán, ferviente escultora que se crece con un tríptico instalativo dedicado al Objet Trouvé (objeto encontrado), en este caso utilizando las estructuras del violín y violonchelo; y el joven Chariel Bell Cabrera, quien participa en la modalidad de Proyecto Artístico y nos seduce con la instalación Sonoro, una sinonimia entre elementos compartidos por la música y las artes visuales, acaso con los influjos del pintor Vassily Kandinsky, elogiable por su diseño abstractivista, sentido del ritmo y cromaticidad. Por caso, Chariel y la Aroche son buenos ejemplos de crecimiento dentro de la academia.

Siete ha dejado un buen precedente como anticipación de la defensa de tesis, también en una dimensión organizativa y curatorial; probando que es viable explosionar los resultados de la escuela de arte en cuatro años de ejercicio. Ha dejado conforme a todos; empero, la exposición solo es otro punto de partida, que exige las buenas armonías entre el Consejo Provincial de las Artes Plásticas, la Escuela de Arte Benny Moré, la Galería de Arte de Santa Isabel y los directivos (algunos de los cuales no estuvieron presentes, en señal de apoyo, en el principal suceso de esta temporada: la titulación de nuestra futura vanguardia plástica). Claramente, este es un salón de grado oportuno para la remembranza.

Proyecto artístico Sonoro, de Chariel Bell Cabrera.
Día posterior a la inauguración. Discusión de las tres primeras tesis.

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Jorge Luis Urra Maqueira

Crítico de arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

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