Rusia, el nuevo “coco” de la narrativa anticubana

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El dispositivo comunicacional que, por orden de las agencias norteamericanas diseñadas al efecto y del Centro de Medios de las Américas (Oficina del Departamento de Estado, con sede en Miami), configura la narrativa anticubana, ha acentuado durante los meses más recientes el abordaje de varias líneas temáticas, tratadas en campaña por todos los órganos y plataformas al servicio de dicha causa.

Grosso modo, dichos frentes de ataque, que por supuesto no son los únicos, se concentran en sobredimensionar y manipular la actual circunstancia económica de la Isla (en el cien por ciento de los materiales al respecto no se menciona ni siquiera una vez el impacto del bloqueo, todo se achaca a la presunta ineficiencia del gobierno cubano); difamar a los dirigentes; demonizar al Partido y emplear la burla como arma de ataque en diversas variantes o expresiones.

De igual forma, cargan tintas, en tonos sensacionalistas y rebosados de alarmismo, sobre la supuesta violencia generalizada en el país; inciden en la hostilidad contra los artistas que defienden a la Revolución corte Buena Fe u otros y magnifican construcciones político-mercantiles como las de la cantante La diosa, instrumento que sí responde a los intereses de su agenda.

También, siembran desesperanza sobre la recuperación energética o en torno a cualquier potencial signo de avance; exhortan a perturbar la tranquilidad social; incitan a la ruptura de la unidad del pueblo e insisten en la aviesa construcción ideológica de “dictadura”, en tanto apelativo para designar a nuestro modelo político.

Como parte de este malévolo plan, diseñado para sembrar el desasosiego general dentro de la población y sentar las bases justificativas de potenciales acciones futuras contra Cuba, otra matriz hostil bien candente ahora es el tema Rusia.

Creado en pos de amedrentar e indisponer, el nuevo “coco” de la narrativa anticubana surge, en esencia, del odio cerval ante el mínimo indicio de despegue económico para Cuba y el miedo a que las relaciones con Moscú abran posibles puertas para menguar el efecto de las 243 medidas contra el pueblo cubano introducidas por Trump y mantenidas por Biden, y el daño mayúsculo provocado en tantos órdenes por la maligna inclusión en la lista “de estados patrocinadores del terrorismo”.

Y se instaura, a ojos vistas, en respuesta a la reciente visita del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, a la potencia euroasiática, al aumento en los intercambios diplomáticos y de seguridad de alto nivel entre la Isla y Rusia y los varios anuncios económicos recientes que consolidan la alianza de los dos países

Como parte de este nuevo flanco de enfrentamiento de la guerra comunicacional librada contra nuestro país, la mentira constituye el principal arma de lucha. O sea, la misma arma de todos sus frentes de ataque.

Así, plataformas, “influencers”, canales de Miami, repetidores acríticos del mensaje de engaño y tontos útiles locales, se hacen eco de delirantes declaraciones en las cuales se afirma, por ejemplo, que Rusia quiere “utilizar a Cuba como una plaza de armas”, que “Moscú va a reclutar soldados en la Isla para la guerra en Ucrania”, y “a llenar de bases militares y de comunicación el país”.

Las falacias apuntan, asimismo, hacia la demencial afirmación que “Cuba será recolonizada por la gran nación imperialista” y que “en su teatro de operaciones podría desencadenarse otra crisis de los misiles”. Otros, menos incendiarios, sostienen que, como según ellos la población rusa no tiene que comer, “Cuba producirá masivamente papayas para Moscú”. Lúbrico o lúdico.

Es otra burda campaña de desinformación, montada en función de engañar y confundir a personas poco cautas que no conocen los principios éticos de nuestro país ni la historia de hermandad entre ambas naciones. Y que se ampara, sobre todo, en el pavor que tienen de que prosigamos resistiendo y encontrando nuevas vías, a pesar de la política de exterminio de Washington y la defensa de esta por parte de quienes ahora se desgañitan.

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Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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