Pinceladas de Montevideo: Monumentos, de La Columna de la Paz a los charrúas Zapicán y Abayubá
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Transitar por la populasa Avenida 18 de Julio en la capital de la República Oriental del Uruguay es como tomarle el pulso al palpitar de la vida citadina de Montevideo. El ir y venir de transeúntes, viajeros, vendedores, clientes de tiendas y turistas, además del incesante tráfico por la importante arteria marca el ritmo de la dinámica diaria de este tramo metropolitano.
Para muchos, la ruta constituye el centro de atención comercial por excelencia de los montevideanos; sin embargo, también atesora valiosas reliquias arquitectónicas y escultóricas desde el punto de vista patrimonial. Justo en la Plaza Cagancha, en el barrio Centro, se erigió el primer monumento de la urbe capitalina, en 1867, conocido por los lugareños como Columna de la Paz.
Además de los valores artísticos e históricos, la columna marca el kilómetro cero de las carreteras nacionales. La obra, de 17 metros de altura, representa la paz de la Unión. Fue diseñada por el escultor italiano José Livi y consta de una estatua de bronce que la corona y representa la paz y la libertad, la misma sostiene una bandera y una espada. Está emplazada en un pedestal de mármol.

A poca distancia de allí, y en la misma ruta, el caminante puede distinguir a la vera de la calle otra escultura que llama poderosamente la atención. Se trata de la estatua develada en 2015, al “Zorzal Criollo”, para rendir homenaje al exponente del tango Carlos Gardel, muy querido por los uruguayos.
Y de seguir en la misma dirección rumbo al Obelisco de la Constituyente, cito en la intersección con Bulevar Artigas, casi seguro te impresionará la imponente escultura ecuestre esculpida en bronce y dedicada por su credador, José Luis Zorrilla de San Martín, para inmortalizar al gaucho, figura emblemática de los campos de estas tierras australes.
En definitiva, esta es solo una pequeña muestra de los cientos de monumentos escultóricos diseminados por todo Montevideo, una ciudad caracterizada por preservar, tanto en lugares públicos como en patios e interiores de edificios, ese valioso patrimonio cultural. Aunque — según el criterio de Carlo Stagnaro, un uruguayo estudioso y amante de historia— aún podrían hacerse más acciones por conservar y proteger esas reliquias, en especial de hechos vandálicos.
De acuerdo con los especialistas en la materia, la presencia de esculturas y monumentos en Montevideo funciona como una herramienta fundamental para la construcción de la identidad local, actuando como guardianes de la memoria histórica, política y cultural de Uruguay.
Estas obras embellecen el paisaje urbano, homenajean héroes nacionales, señalan hechos históricos, revitalizan espacios públicos y reflejan valores sociales y artísticos, a menudo impulsados por el Estado para consolidar la unidad nacional.
El significado de estas creaciones se puede desglosar en varios aspectos:
Identidad e Historia: Monumentos como el de Artigas en la Plaza Independencia o el de “Los Últimos Charrúas” en el Prado actúan como hitos que narran la historia nacional, celebran la independencia y recuerdan la herencia indígena y los conflictos pasados.
Memoria Colectiva: Monumentos dedicados a la memoria de los detenidos desaparecidos de la dictadura o al Holocausto, que, sin necesidad de ser declamatorios, integran la reflexión histórica en el espacio urbano.
Identidad Vecinal y Cultural: La estatuaria local, incluyendo placas y esculturas de barrio, rescata historias locales y pone en valor la cultura cotidiana, como las obras de Florencio Sánchez o el Greetingman en la rambla.
Propósito Educativo y Estético: Muchas de estas obras surgieron para fomentar la civilidad, la cultura y embellecer la ciudad, a menudo inspiradas en modelos europeos a principios del siglo XX, configurando el carácter monumentalista de la capital.
Patrimonio y Turismo: Monumentos, estatuas y fuentes, incluyendo el arte funerario en los cementerios, son considerados parte integral del patrimonio histórico protegido que atrae a visitantes y dignifica los espacios públicos.
Ahora bien, las esculturas más recientes incorporadas en 2025 al paisaje cultural de Montevideo son las réplicas de las figuras de los caciques charrúas Zapicán y Abayubá, concebidas por el artista de la Plástica, Pablo Uribe, ambas coronan parte superior de la fachada del el Palacio Legislativo, rindiendo homenaje a la identidad nacional y la historia indígena de la nación sudamericana.
Zapicán y su sobrino Abayubá fueron destacados guerreros del siglo XVI en el territorio del actual Uruguay, reconocidos por la feroz resistencia contra la conquista española. Lideraron batallas claves como la de San Gabriel, pero ambos murieron en 1574, durante el combate de San Salvador, convirtiéndose en símbolos de la bravura indígena.
En resumen, los monumentos en Montevideo no son meramente decorativos; pues constituyen un relato visual, político y social que conecta el pasado con el presente, fortaleciendo así el sentido de pertenencia de los montevideanos y preservando la memoria colectiva.
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