Panchito Díaz: cien años y un alma atada a la música
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En el corazón de Palmira, esa pintoresca localidad donde las melodías del presente se entrelazan con los ecos del pasado, deshoja sus días Francisco (Panchito) Díaz, un trovador cuya historia es un canto a la perseverancia y al amor por la música. Este año, en ocasión del centenario de su nacimiento, la Jornada de la Cultura, efectuada en fecha reciente, estuvo dedicada a él, un homenaje que resuena en cada rincón de su pueblo.
Galardonado con el título de Personalidad de la Cultura en su territorio, este palmireño recibió, en la sala de su casa, a autoridades locales y representantes del pueblo para un encuentro íntimo que nos permitió asomarnos a una historia marcada por el esfuerzo y el sacrificio.
No faltaron las jaranas y las anécdotas. Entre risas y emociones, el juglar rememoró los tiempos duros, entre 1948 y 1961, cuando entregaba a los campos de caña de Camagüey su sudor y sus tonadas.
“La primera vez que me trasladé a allá fue por los días en que mataron a Jesús Menéndez. Estuve allí durante 13 zafras, cortando caña”, rememoró. Cada jornada era una lucha, pero siempre llevaba consigo la música. “Recuerdo que cantaba en el batey y a la gente le gustó. Eso me llevó a transmitir en dos emisoras, Radio Pedro y Radio Morón”, relató. Al parecer, la zafra le daba de comer, pero la música alimentaba su vida.
Llegó un momento, sin embargo, en que Panchito ya no quiso ir más a Camagüey. “Regresé a Palmira y seguí en la música. Iba a dejarla, pero mis padres eran músicos, mi abuela bailaba el zapateo, la caringa, hacían mil cosas y yo ahí… Desde pequeño estuve rodeado de música. Al principio no me dejaban tocar la guitarra porque los viejos eran muy caprichosos. La tenía amarrada en un saco y me pasaba mirándola, deseando aprender. Aprendí poco, porque no tenía tiempo. Pero así aprendí un puntico, un sonsito…”
El Pueblo de los Molinos, Cruces, marcó una etapa fértil en la historia de Panchito. A partir de 1945 comenzó a laborar en Radio Cruces, donde compartió el micrófono con Inocente Iznaga y Fabio Bosch (padre). Fue un período provechoso, si bien la paga no era mucha, en la que el juglar palmireño disfrutaba dar guateques y compartir su música con los lugareños, amantes del punto guajiro y todo cuanto él hacía.
Radio Ciudad del Mar también cobijó el arte de Panchito Díaz como integrante de su conjunto campesino. El instante de la jubilación un día llegó, pero la música nunca se ha separado de él y es parte de su legado a una prole que lo ama y lo mima. De esa fuente de donde brota melodía bebieron dos de sus hijos: Odalis, dedicada al canto coral por varias décadas; y Rosendo, conocido como “el gallo de la salsa”, quien alcanzó notoriedad como intérprete de reconocidas agrupaciones cubanas y ahora consagra su voz a la música Góspel.
Con casi cien años a cuestas (los cumplirá en octubre), Panchito ha sido bendecido con una vitalidad asombrosa. El amor y el respeto que recibe de familiares y amigos lo mantienen con fuerzas, ánimos y buen talante. Acercarse a él y escuchar sus anécdotas nos recuerda que la música es una herencia capaz de trascender el tiempo y el espacio, y la vida, una canción donde cada uno lleva su propio ritmo.
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