Oda a mi tercera abuela, homenaje a una educadora excepcional

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 5 minutos, 41 segundos

Sin lugar a dudas, las siguientes líneas han sido las más complejas escritas por mí durante mi corta experiencia como historiador. Mis variadas publicaciones en revistas, prensa y libros se han caracterizado siempre por reseñar el quehacer de personalidades históricas que han estado relacionadas con nuestra historia nacional; pero dichas crónicas han sido, hasta cierto punto y sin dar paso a malas interpretaciones, fáciles, porque físicamente ya no están y no las conocí. Pero esta vez resulta diferente, me toca referirme a una persona muy cercana a mi familia y a mí. Se trata de Nereida Cruz Arronde, una mujer excepcional en toda la extensión de la palabra y, al mismo tiempo, de una pedagoga ranchuelera que creyó que la educación era el arma más poderosa del mundo.

Para la gran mayoría de los pobladores del municipio villaclareño de Ranchuelo resulta extraño no ver a Nere en el portal de su vivienda, en la intersección de las calles Veteranos y Ángel Illance, conversar con los transeúntes, pues para ellos, la eterna novia de Cucú —su compañero de vida—, tenía siempre palabras de apoyo ante cualquier adversidad o una frese alegre para comenzar el día. Recuerdo a mi madre expresar constantemente que era la mujer con la grafía más linda sobre la tierra, a la que siempre respondía con una sonrisa y unas palabras de gratitud tan sinceras como la devoción más ferviente de un devoto a su Dios. En uno de sus múltiples tratados de filosofía, Michael Foucault enunció que uno de los vectores que definen a la individualidad humana está dado en el grado de diferenciación entre la vida privada y la pública, pues es, a partir de la libertad que le ofrecen las estructuras políticas, culturales y socioeconómicas de la sociedad, donde lo personal y lo profesional trasciende. En el caso de Nere no hubo distinciones entre lo que ocurría hacia el interior de su casa ni fuera de ella.

Nereida Cruz Arronde nació en el municipio de Ranchuelo, el 30 de junio de 1939. Sus primeros estudios los cursó en la Escuela Primaria para Hembras No. 3 de esta localidad. Posteriormente, continuó su formación en la Escuela Primaria Superior logrando llegar hasta 8vo grado. Para 1956 la situación económica de la familia era compleja, por lo cual Nere no pudo seguir estudiando. A ello se sumaría un duro golpe psicológico, su hermana mayor se suicidó al no poder cumplir su sueño de ser educadora al imposibilitarse ingresar en la Escuela Normal para Maestros debido a las altas cuotas de inscripción, a pesar de sus excelentes notas. Pero lo que nunca pudo saber su hermana, es que Nereida retomaría su sueño y lo haría realidad. A finales de 1959, ante el llamado del naciente Ministerio de Educación conjuntamente con el Servicio de Asistencia Técnica, Material y Cultural al Campesinado, comenzó a alfabetizar en la localidad de Las Charcas, en el municipio de Abreu. Para 1960, Nere fue seleccionada para integrar el 2do Contingente de Maestros Voluntarios y se marchó a Minas de Frío, en el corazón mismo de la Sierra Maestra, para enseñar a leer y escribir a los campesinos del territorio. Esto le valió para graduarse como Maestra Voluntaria. Al año siguiente, se mantuvo educando a los pobladores de este lugar durante la Campaña de Alfabetización en el Campamento Alfredo Gómez y fue aceptada en el curso de capacitación inicial para obtener el título de Maestro Primario.

Nereida Cruz Arronde y otros maestros de la Escuela Ana Betancourt, en La Habana hacia finales de 1961.

La identificación de Nereida Cruz Arronde con la Revolución Cubana no estuvo dada por el hecho de que el propio proceso revolucionario le permitiera formarse como maestra, sino todo lo contrario. Desde 1957 ya Nere colaboraba en una célula del Movimiento 26-7 que tenía como su cuartel general una zapatería que existía frente a su vivienda. Dicha zapatería era solo una fachada, pues desde allí se repartían bonos y se recogía dinero para ser enviado a la Sierra Maestra; además de apoyar a otros jóvenes que clandestinamente accionaban dentro del municipio. De igual modo, Nere se negó a votar en la elecciones de 1958, por considerarlas una violación a los principios y derechos del pueblo cubano.

En 1961 fue seleccionada, junto a 300 compañeros, por el propio Comandante en Jefe Fidel Castro para formar parte del Plan Estudio-Trabajo que, indistintamente, tenía como finalidad la docencia a las campesinas en las Escuelas Ana Betancourt y en las Escuelas Nocturnas de Superación para Domésticas; y, al mismo tiempo, la continuidad de sus propios estudios. En más de una ocasión, Nere me confesó que esta etapa de su vida fue muy dura pues no alcanzaba el tiempo para el descanso porque las clases eran en la mañana, tarde y noche, a lo que se sumaba su superación y el hecho de estar lejos de su casa. Pese a ello, nunca le pasó por la cabeza renunciar a esta terea asignada por la dirección del país. Esta función la desempeñaría hasta 1963. Durante el ataque mercenario a Playa Girón, se decidió que estos jóvenes maestros regresaran a sus hogares, pero dicho grupo, entre los que se encontraba Nere, se negaron a cumplir esta orden y permanecieron impartiendo docencia como una forma más de contribuir a la defensa de la Revolución. Para 1962, durante la Crisis de Octubre estuvo acuartelada en su escuela ante una posible intervención militar norteamericana. Al año siguiente, Nere obtendría su tan anhelado título de Maestra Primaria.

Ya para 1962 y hasta 1966, fungió como responsable de la Escuela para Domésticas “Fe del Valle” de la ciudad de Cienfuegos. Me contaba su compañero de vida que durante todos estos años, Nere viajaba diariamente desde Ranchuelo a esta urbe y él tenía que esperar largas horas para regresar junto con ella en el último ómnibus, para al día siguiente repetir dicha faena. En 1967 asumió esta misma función en su pueblo natal. A razón de dejar de existir las escuelas para domésticas y al ya tener dos hijas, su retorno a la capital resultó imposible y comenzó a trabajar en la Escuela Primaria José Martí del municipio ranchuelero. Una década más tarde, fue nombrada como directora de la Escuela Rural Julio Pino Machado, del vecino poblado de Horqueta; función que desempeñó por espacio de dos años. En 1979, tras desaparecer este cargo y ante la imposibilidad de asumir la directiva de una escuela en la localidad de Jicotea, Nere volvió a las aulas para impartir docencia en la ya desaparecida Escuela Primara 26 de Julio. Al año siguiente, fue nombrada como secretaria docente del Concentrado Rural Jesús Menéndez y para el curso 1984-1985 sería promovida como subdirectora de este centro. Durante esta etapa Nere no abandonó su superación y comenzó su preparatoria para obtener el título de Licenciada en Educación; además, participó en diversos cursos de capacitación.

Medallas recibidas por Nereida Cruz Arronde por su labor pedagógica y apoyo al proceso revolucionario cubano.

Paralelo a su accionar pedagógico, Nere integró desde el propio triunfo de la Revolución Cubana diversas agrupaciones políticas, entre las que podemos mencionar: la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). En cada una de ellas, asumió funciones directivas a nivel municipal y provincial. De igual manera, resulta válido señalar que mantuvo una participación constante en todas las actividades convocadas por la dirección del país, como la zafra del 70 y las movilizaciones en rechazo a las provocaciones imperialistas. Por su larga trayectoria, recibió varias condecoraciones entre las que se destacan la Medalla de la Alfabetización y la Medalla Conmemorativa del 40 aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Durante los años posteriores, Nere se mantuvo en las aulas inculcando en sus alumnos el amor a la historia y a nuestras tradiciones. En el 2002, se jubiló aunque esto no significó un adiós tajante con la pedagogía. Durante años, Nere creó en su casa un espacio para que los estudiantes repasaran e hicieran investigaciones bajo su asesoría. Con el paso de los años las terribles consecuencias del Alzheimer hicieron mella en su mente y, aunque en ocasiones desconocía a su compañero de vida, a sus hijos y nietos, Nere no olvidó nunca su vocación de maestra. En abril del 2020, en medio de la Covid-19, dejaba de existir y en su funeral, producto de las restricciones propias de la pandemia que azotaba al país y al mundo, no pudieron estar muchos de los agradecidos que siempre la reverenciaron, como tampoco pudieron despedirla en el camposanto. Pero sin importar los que estuvieron o no, un pedacito de Nere quedó para siempre guardado en el ADN de cada uno de sus alumnos y de su querido Ranchuelo que tanto adoró.

Sin que este artículo parezca una apología al quehacer de esta excepcional mujer, a la cual me unen lazos irrompibles, hoy se impone el reconocimiento no solo de sus familiares y amigos, sino del pueblo cubano en general porque Nere fue siempre consecuente y fiel a sus principios y a su idiosincrasia. Tal vez hoy ya no esté en su portal presta a ofrecer un consejo o sus vivencias a los ranchueleros, pero su ejemplo perdurará para siempre en todos y, en especial, en aquellos que tuvimos la dicha de conocerla, amarla y venerarla. Tal vez faltó el tributo de las varias generaciones formadas por tu sapiencia el día de su muerte, entre los que sobresalen médicos, ingenieros, maestros, historiadores, deportistas y muchos más; pero creo que todos los que la conocimos coincidimos en algo:

enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”.

Hoy debo ser fiel a mi manera de pensar, como tantas veces me enseñó Nere; hoy una parte del historiador que soy se lo debo a ella, por inculcarme desde niño ese amor infinito hacia la historia cuando me contaba cada anécdota suya, a la espera del almuerzo, como si fuera un libro que hay que leer y releer una y otra vez. Por todo y por todos tus alumnos, gracias al cariño y dedicación de mi tercera abuela.

Visitas: 7

Dariel Alba Bermúdez

Profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos ¨Carlos Rafael Rodríguez¨. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC)

2 Comentarios en “Oda a mi tercera abuela, homenaje a una educadora excepcional

  • el 27 diciembre, 2022 a las 4:10 pm
    Permalink

    Muchas gracias por tan interesante artículo digno homenaje a esa gran maestra en nombre de sus hijos nietos y esposo

    Respuesta
    • el 28 diciembre, 2022 a las 7:04 am
      Permalink

      Un placer para mí

      Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *