No solo de la rubicundez vive el hombre
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“En la escena final de la historia, el sargento de la policía Jack Clemmons encuentra a Marilyn Monroe a las cuatro y veinticinco de la madrugada del domingo 5 de agosto de 1962: desnuda, bocabajo, el cabello alborotado, con huellas de golpes en la espalda y moretones en las muñecas”. Justo 64 años separan a nuestros lectores de aquel lamentable y mediático suceso, evocado en las páginas finales de uno de los textos populares de Raúl Vallejo (Ecuador, 1959).
Marilyn en el Caribe (2015), lanzada y presentada en Cuba dos años más tarde por su autor a través de la Editorial Arte y Literatura, tenía entre sus objetivos regalar a los seguidores “una historia de amor que transcurriera en La Habana”, pero además -diría el escritor ecuatoriano- era el espacio idóneo para homenajear a las novelas de espionaje de la Guerra fría, al cine cubano y conmemorar asimismo “el sentido mítico de Marilyn”.
Vallejo sobrepasó todas las expectativas con su narración, y ganó con ella el Premio Nacional de Novela Corta Pontificia Universidad Javeriana de Colombia. Elogiada después por decenas de artistas y críticos del mundo hispanohablante por su lenguaje fluido, la frescura de los personajes y el manejo certero de los diálogos, a la vez que se aplaudía el juego metaficcional creado mediante la mixtura de figuras históricas y de ficción; mezcla perfecta en la que damos casi por sentado que el viejo jardinero yanqui John G. Greene atesora de veras entre sus pertenencias el comprometedor diario de la rubia hollywoodense.
El idolatrado objeto -releído cientos de veces-, es la razón del exilio del protagonista en la Mayor de las Antillas durante cinco décadas, tiempo suficiente que le sirvió para estudiar y degustar a fondo “una Habana más parecida a la descrita con amargo desencanto en las novelas de Leonardo Padura, antes que a la pintada con deslumbrante luminosidad en los cuadros de René Portocarrero”. Un periodo largo que le ha permitido a Greene igualmente enamorarse de otra femme fatale, Odalys Moreno, “que se cree un águila norteamericana pero yo la veo como un totí”.
Imbricando tales paralelismos entre la atribulada diosa estadounidense y la nueva odalisca caribeña, Vallejo invita a repasar al unísono puntos clave para entender uno de los momentos políticos más tensos del siglo XX entre los gobiernos de la Isla, Estados Unidos y la antigua URSS, en tanto reencontramos con verdadera gracia y humor a la compleja Cuba pos-revolucionaria, y personajes controversiales como los miembros de la familia Kennedy, al fascista Berlusconi, Frank Sinatra o un fascinante Truman Capote en calidad de confidente.
Con este breve pero atractivo juego de voces y amores entrecruzados, el autor supo cómo meterse a sus lectores en el bolsillo, haciéndoles soñar al día de hoy con una Marilyn Monroe que pudiera estar viva todavía, peinando sus cabellos plateados frente al espejo mientras lee versos de Walt Whitman, si no fuera porque “el poder es una maquinaria que devora la belleza”.
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