Las armas del imperio: metralla, tergiversación y mentira
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En el arsenal de la maldad, desde el cual el gobierno fascista de Estados Unidos lanza plomo y metralla contra quienes no se someten a sus dictados, hay también armas silenciosas de asombroso poder destructivo.
Esos instrumentos de guerra son la tergiversación y la mentira.
Las patrañas que se han urdido para justificar el golpe artero contra Venezuela, las recientes medidas de máxima presión contra la precaria subsistencia energética de Cuba y la frustrada infiltración armada de terroristas, que pretendían sembrar el terror y la muerte entre la población son las pruebas más recientes del empleo de estas armas.
Como en los ejemplos anteriores, la actual agresión a la República Islámica de Irán, que hoy pone en vilo al planeta, está respaldada por una avalancha de falsedad y distorsión de los hechos.
Una simple mirada a las campañas contra la verdad que rodean los acontecimientos aquí expuestos deja a las claras el propósito del enemigo.
Han divulgado por doquier que las carencias que sufre el pueblo cubano y los dolorosos apagones por falta de combustible se deben a la “incapacidad” del Gobierno para resolver los problemas de la generación eléctrica.
Cuba es un “estado fallido”, el “socialismo es un fracaso”, constituyen slogans repetidos en las redes. Y en lo más reciente han tratado de vender la “noble intención” anunciada por Donald Trump de una “intervención amistosa” en Cuba.
Tras la nota oficial del Minint, desde Miami intentaron vender la imagen de los tripulantes de la lancha atacante como “civiles inocentes” que venían en una “misión humanitaria” para “rescatar familiares”. Aludieron igualmente a los términos “masacre” y “matanza” para hacer aparecer como víctimas a criminales que intentaban sembrar el terror en la población.
Hablar de las supuestas “verdades” de que se alude para justificar las acciones contra Venezuela y el secuestro del presidente Maduro y su esposa, resulta ocioso.
Si no fuera algo tan serio pudiera decirse que resulta ridículo cuanto se ha esgrimido para conferirle credibilidad: “Maduro era jefe de un cartel de la droga de enorme poder y traficante principal hacia Estados Unidos”, han afirmado desde Washington.
Las informaciones tergiversadoras y falsas propaladas por los agresores de Irán son burdas e inmorales, pero sobre todo muy peligrosas, por las implicaciones de este conflicto desatado con fines geoestratégicos y que puede derivar en conflicto global.
Marco Rubio ha vociferado, aguijoneado por las críticas al ataque contra Teherán dentro del propio pueblo norteamericano, que el objetivo era solo golpear objetivos militares, sin embargo, no ha tenido respuesta ante el bárbaro hecho de más de 160 escolares iraníes asesinadas por las bombas estadounidenses.
“No apuntamos al Ayatolá Seyed Alí Jameneí”. “Estados Unidos no buscaba un cambio de gobierno en Irán”, ha dicho el sumiso y desprestigiado Secretario de Estado. El Líder Supremo fue asesinado.
Callar es también una forma de tergiversación. Una denuncia al respecto lo aclara con certeza: “Trump no dice cuántos soldados de su ejército han muerto bajo la avalancha de cohetes sobre las bases estadounidenses en Oriente Medio; no dice que Irán sigue lanzando misiles y contraatacando; no dice que el Estrecho de Ormuz está cerrado y los petroleros arden; no dice que sus embajadas en la región están bajo ataque; no dice que Hezbolá, los hutíes y las milicias iraquíes están en pie de guerra.
Asegura, por el contrario, desde el bunker en que se oculta, que la operación Furia Rápida “avanza a mayor velocidad de lo previsto”, mientras, el mundo arde y sus soldados caen, como ha dicho un internauta.
Es la peligrosa embestida de la tergiversación y la mentira. Hay que estar alertas.
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