Guerra dispara los precios de los alimentos
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La guerra desatada por Estados Unidos e Israel en el Medio Oriente constituye hoy una tormenta perfecta en la mesa global, pues dispara los precios de los alimentos y amenaza la seguridad alimentaria.
Este criterio lo aportan el lunes los analistas y principales medios que observan el asunto con preocupación.
Dicho conflicto llegó a los platos de todo el mundo, no a través de los proyectiles, sino del imparable aumento en el costo de los alimentos básicos.
Mientras los mercados petroleros arden, una crisis silenciosa pero igual de devastadora se cocina a fuego lento en la cadena de suministro global.
El precio del trigo, el maíz, los fertilizantes y los aceites vegetales inició la semana con subidas de dos dígitos en los principales mercados de futuros.
De esta manera se encendieron las alarmas en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
La raíz del problema no es solo el encarecimiento del transporte, sino un golpe directo al corazón de la producción agrícola mundial.
Según un análisis publicado por la agencia Xinhua, aproximadamente un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes transita por el Estrecho de Ormuz, la misma vía de agua que permanece bloqueada por los ataques de este fin de semana.
La interrupción del flujo de gas natural, materia prima esencial para los fertilizantes nitrogenados, provoca que plantas en Brasil y Sudán ya no reciban los insumos necesarios para la próxima siembra, mientras que productores en India y Pakistán luchan por conseguir materias primas.
La crisis corta el suministro de fertilizantes en el peor momento posible, advierten los analistas del sector.
En todo el hemisferio norte, desde Europa hasta América del Norte, los agricultores suelen comprar fertilizantes en marzo para aplicarlos en abril y mayo.
Con las importaciones paralizadas, los precios globales de estos insumos se disparan aproximadamente un tercio desde que comenzó el conflicto.
La escasez amenaza con obligar a los productores a reducir el uso de fertilizantes o cambiar a cultivos menos intensivos, decisiones que se traducirán en cosechas más pobres y menor oferta de alimentos en los próximos meses.
Pero el problema va más allá de los fertilizantes. La moderna cadena agroalimentaria, desde el tractor que ara la tierra hasta el plástico que envuelve el pan, depende de los hidrocarburos.
El encarecimiento del petróleo impacta directamente en el costo del combustible para la maquinaria, el riego, la refrigeración, el procesamiento y el transporte.
Como señaló la multinacional química BASF, los futuros de los plásticos están por las nubes, y la compañía ya anunció aumentos de precios de hasta el 20 por ciento para los aditivos plásticos esenciales a nivel mundial.
Las consecuencias no son solo una proyección económica, sino una realidad que ya golpea a las poblaciones más vulnerables. El PMA emitió un informe reciente donde alerta sobre el impacto inmediato en la seguridad alimentaria del Medio Oriente.
En Líbano, por ejemplo, se está produciendo un importante desplazamiento interno de población en un país que ya llevaba varios años lidiando con altos niveles de inseguridad alimentaria.
En los mercados de futuros de Chicago, la jornada arrancó con el trigo subiendo más del cinco por ciento, mientras que el maíz y la soja cotizaban con ganancias cercanas al cuatro por ciento, reflejando no solo la situación actual, sino el pánico por una oferta futura menguante.
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