El vientre de la vida, tributo visual al Día de las Madres

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Todas las veces que una mujer, háblese de sensible artista, colma con sus creaciones los muros de nuestras galerías estamos ante el milagro de la vida. Nadie como las féminas para transparentar nuestro mundo y sus contradicciones. Ellas tienen la suficiente pericia y ternura para reinventar una realidad del modo más honesto y sugestivo, toda vez que su voz fue silenciada por siglos y ha tenido que apostar sus vísceras para conseguir un lugar en los espacios más insospechados. Si a ello le sumamos esa condición natural que le permite llevar en su matriz los orígenes de la existencia, no podemos menos que encomiar sus especiales dotes para consumar esos tiempos de un modo diferente, digamos que inédito.

Lizette Pérez Castro vive orgullosa de su género y lo vierte en protagonista de sus relatos visuales, consciente de que nadie puede trasfigurar el universo como las mujeres. En sus pinturas aparecen como sujetos que controlan la inmensidad de los ruteros camperos y urbanos; tienen una marcada presencia donde la cotidianeidad. Las féminas son capaces de sobrevivir las realidades más complejas, interpersonales y sociales, al tiempo que se constatan y dispersan entre los ómnibus, reservorios naturales o arquitectónicos, veredas, puertos, espacios aéreos, carretones, astros…, revelando una nota de simpatía criolla ante la severidad de los entornos populares y coloridos, en los que arrollan personajes satirizados (en ese precisar gráfico no faltan los influjos de su padre, el caricaturista Douglas Nelson). Justo, esta atmósfera es la que proporciona a los textos visuales el tino humorístico.

El vientre de la vida, muestra personal de Lizette Pérez Castro.

El vientre de la vida I (inaugurada en el Ateneo del Teatro Tomás Terry) defiende la identidad femenina a través de la fábula costumbrista, lo que empasta bien con el discurso naif, en el que los sentidos composicionales de brotes académicos se reorganizan como entelequias aparentemente fortuitas, espontáneas: con el uso de las yuxtaposiciones para lograr las perspectivas, de los colores penetrantes, en clave alta, con pocas gradaciones, una visión introspectiva y descomplejización de los temas, carácter autorreferencial de las narraciones, si bien no desdeña tópicos ligados a la oralidad y las tradiciones, los mitos y leyendas. Estos registros son los que le acercan al movimiento ingenuo (sólo como apariencia discursiva). Empero, se percibe una visión ilustrada en la resignificación de los objetos femeniles (el crayón labial, botones, tejidos, orlas, etc.), llegando incluso a usar los recursos de la cita y la apropiación, aunque sin menguar su personalidad creativa en los procesos de significación.

Obra de la muestra El vientre de la vida II. (Galería del Boulevard).

El vientre de la vida II propone una novedad en este ciclo productivo (la muestra que acoge la Galería Cienfuegos, ubicada en el bulevar sureño):  la acentuación de las claves autorreferenciales. La serie, de reciente hechura, nos adentra en las experiencias más profundas de la autora, su nuevo estado civil y derroteros emocionales. Tal vez, esas preocupaciones latentes le arrastran a representar con cierta amargura esos sentires, tomándose ella misma como efigie central y en zonas de reflexión, de cierto espíritu existencialista. Por demás, en una dimensión estético-narrativa, existe una paleta más oscura, desproveída del usual y saturado colorido.

El vientre… es un tributo por el Día de las Madres; asimismo, la oportunidad de reconocer o profundizar la obra de esta creadora local que se emplaza en tiempos de pecado y radioactividad.

Obra de la muestra El vientre de la vida II. (Galería del Boulevard).
Obra de la muestra El vientre de la vida II. (Galería del Boulevard).

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Jorge Luis Urra Maqueira

Crítico de arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

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