El parque José González Guerra, referente de Cienfuegos, clama atención
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Materializado veintitantos años después de la idea original, el parque dedicado a la figura del valeroso brigadier mambí José González Guerra se encuentra ubicado a la salida o entrada de la ciudad, según se considere. Algo queda expreso para el observador: las estructuras arquitectónicas que lo componen propician un uso multipropósito, idóneo para efectuar actividades políticas, culturales y de esparcimiento.
El atractivo urbanístico de este espacio adolece en la actualidad de un mecanismo eficaz para su preservación. La plantilla laboral a cargo de la seguridad está incompleta, la rotación de los custodios es, por tanto, ineficiente. A pesar de tener luminarias fotovoltaicas que favorecen la vigilancia perimetral, en lo concreto es un terreno desprotegido.

Escudados en la impunidad, malhechores comunes atentan contra los bienes allí instalados, propiedad estatal al servicio de la comunidad circundante y pueblo en general. El robo de traviesas, de lozas y lámparas alrededor de la escultura central es parte de la normalidad del sitio patrimonial. Véase el hurto de las molduras verticales del anfiteatro y se entenderá el grado de arbitrariedad imperante. Una mecedora doble hubo de ser retirada para su resguardo, queda su marco como vestigio del intento de saqueo.
Como colofón, pese a concebirse en la instalación un área para deporte, una visible cancha para la práctica de baloncesto u otro pasatiempo, lo habitual es encontrar jóvenes que juegan futbol en los contornos de la figura ecuestre, utilizando las piedras de su hechura para marcar las porterías. ¿Cuántas instituciones inciden en la prevención, salvaguarda, mantenimiento del parque? Las suficientes. Más, de momento no hay estrategias ni acciones para solventar tales fechorías a la propiedad estatal.

A destacar el compromiso de los trabajadores de poda y barrido, quiénes desde bien temprano ejecutan el cumplimiento de su labor, lamentablemente irrespetada horas después, cuando el jolgorio campea por sus respetos y nuevamente, al término de la ingestión etílica, algunos “inquilinos temporales”, dejan desechos de la francachela, traducida en envases y vidrios resultantes de estrellar botellas contra el pavimento. Es imperativo el rescate de este lugar, ante tal desarraigo por los valores estéticos p de la obra. El vecindario tiene que denunciar, los cuerpos de inspección y de orden público deben multar y hacer valer las leyes que defienden nuestra herencia cultural e histórica. O más pronto que tarde el antes hermoso parque sea un muladar al aire libre.

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