El Kíkiri gana en la valla…otra vez

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 25 segundos

Un fenómeno. En el sentido clásico de la palabra: “manifestación, brillar”. Le vi vencer en ágil contrapunto (décima vs rap) al célebre rapero santaclareño conocido como El Tanque. En medio de un concierto del no menos ingenioso trovador Roly Berrío, lo escuché improvisar una retahíla de décimas que arrancó la frase al creador de Caridad: “este muchacho tiene un tablet en el corazón”.

Marcos David Fernández Brunet, el Kíkiri de Cisneros con su repentismo a flor de piel, combina la electricidad de sus grandes ojos y expresión escénica, con esa timidez del poeta tocado por la gracia, que tiene acceso a la creación pura.

Si pareciera exageración, les cuento que lo vimos ya cansado, a las 3 de la mañana, soltar un par de décimas que se quedaron flotando en los archivos del aire, pero que bien podrían figurar en cualquier exclusivo florilegio de la décima internacional.

Su padre, el también poeta Ariel Fernández, me contó que el Kíkiri improvisaba desde la edad de 5 años. Con esos pocos años también lo recuerda Adays Pérez, directora de televisión, cuando este gallito de pelea componía rápidas espinelas delante de las cámaras, como quien se bebe un vaso de agua y después suelta a borbotones por la boca un arroyo de luz melódica.

Esta vez reapareció en el evento “Al Sur de mi mochila“, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz de Cienfuegos. Acompañó en sus representaciones a los trovadores Ariel Barreiros, Nelson Valdés y Bouquet. Mientras esparcía sus versos de ocho sílabas sobre un público jubiloso que lo aclamaba, la “hora mágica”, con su entrevero de azul y malva, caía sobre la ciudad y el recinto, semejante a una niebla metafísica. Se esperaba el retorno del poeta y él lo explicó enalteciendo su orgullo de cienfueguero:

Yo vengo de por ahí

de andar viviendo despacio

pero sentí que este espacio

se preguntaba por mí.

¿Y saben por qué volví

a mi terruño natal?

Porque Rusia y su arsenal

no es más que mi alma cubana

ni el malecón de La Habana

supera al Muelle Real.

El oído casi perfecto del Kíkiri (si fuera músico se acercaría al denominado oído absoluto), distribuye los acentos melódicos del verso octosílabo sin error, haciendo fluir las ideas en medio de extrañas rimas consonantes que cierran siempre con un verso final de gran carga emotiva. Emoción que arranca vítores y aplausos del público deslumbrado.

Otra singularidad: Su yo poético expresa, —sin temor a la desnudez pública de la intimidad—, tanto su fuerza interna como sus vulnerabilidades; pero no se queda en esa confesión egocéntrica y autorreflexiva, sino que se expande para alcanzar con sus ondas la armonía del grupo, la comunidad y la ciudad, semejante a un río que se derrama en el océano. Por ejemplo, al acompañar a Ariel Barreiros mientras el trovador cantaba su emocionante Paula, le brotó una sentida espinela dedicada a su niña gigante, su Perla natal:

Me enamoré de una niña

que en el alma tiene un Prado

y cuando se lo he besado

sé que le huele a campiña

Me enamoré de la riña

de todos los “hasta luegos”

me enamoré de sus juegos

de su sonrisa y su jaula

Lo que Ariel la llama Paula

y yo la llamo Cienfuegos.

(Y ya que hablamos de amor, poeta, he de acotar que una bellísima niña cienfueguera, fascinada con la  novedosa Habana, aseguró: “Yo regreso a Cienfuegos para siempre si el Kíkiri me besa”). Ya sabrás…

Reitero, es un fenómeno de “manifestación brillante”; y aunque Roberto Novo, en una nostálgica décima, le pedía entre veras y bromas que no creciera más, lo constatable es que este muchacho enorme se ha agigantado en los espíritus de muchísimos cienfuegueros y cubanos.

Y tanto más admirable es que no quiere ni puede dejar de seguir creciéndose en el cultivo de la décima improvisada; pues esa estrofa, tiene para él la belleza bifronte que unifica el futuro y el pasado, la creatividad y la memoria:

(…)

La décima es el colirio

que en la retina coincide

y la canción que me pide

este corazón estrecho.

Yo me la escribí en el pecho

para que nunca se olvide.

Visitas: 52

Ernesto Peña

Narrador y crítico. Premio Alejo Carpentier de Novela.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *