Con Martí en la mochila de vuelta a las aulas
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Un nuevo curso escolar está por comenzar, y en cada rincón de la Isla se percibe esa energía única que precede al primer día de clases. Se alistan uniformes, se forran libros, se ajustan mochilas. Pero en Cuba, esta preparación va mucho más allá de lo material. Es un acto de fe en el futuro, una trinchera de ideas donde, junto al lápiz y la libreta, se carga el legado imperecedero de José Martí.
Porque el verdadero equipamiento de nuestros estudiantes no se mide solo en útiles escolares. La mochila de un pionero cubano lleva, invisible pero presente, la carga más valiosa: los principios que el Apóstol sembró en la conciencia de la nación. Lleva el mandato de que “ser cultos es el único modo de ser libres”. Lleva la ética del trabajo honrado, la dignidad de quien aprende no para superar a otros, sino para servirles mejor. Lleva el internacionalismo del hombre que vio en todos los niños del mundo a sus “príncipes enanos”.
Ese uniforme que con tanto esmero se plancha para el primer día, es más que una prenda blanca y roja. Es el símbolo de una igualdad conquistada, de un derecho a la educación que es bandera de la Revolución y que hoy, ante un mundo fracturado, se defiende con orgullo. Vestirlo es honrar la memoria de quienes lo soñaron posible y asumir la responsabilidad de ser “los pinos nuevos” en los que Martí depositó su confianza.
Los libros de texto que hojean sus manos son el vehículo, pero el destino lo marcan los valores. Aprenden matemáticas, pero también aprenden sobre la honestidad de Mariana Grajales. Estudian gramática, pero internalizan la valentía de Maceo. Descifran las ciencias, pero comprenden el amor patrio que encarnó Camilo. Esa es la educación integral, la que forja no solo mentes brillantes, sino también corazones nobles y conciencias revolucionarias.
Este curso que inicia es, por tanto, otra batalla en la gran guerra por la cultura. Es la respuesta firme a quienes pretenden doblegar a un pueblo mediante el bloqueo y la hostilidad. Mientras se cierran escuelas en otras latitudes, en Cuba se abren las puertas de las aulas con la certeza de que el arma más poderosa para defender la soberanía es un pueblo instruido, crítico y fiel a su historia.
Por eso, cuando un niño cubano cruce el umbral de su escuela, no irá solo. Lleva con él el ejemplo de sus maestros, el amor de su familia y la guía eterna de Martí. Lleva en su mochila los sueños de una nación entera. Su vuelta a las aulas es el más puro acto de fe y rebeldía, es la siembra constante de la esperanza. Y es la prueba viviente de que la semilla del Maestro, más de un siglo después, sigue dando sus frutos.
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