Borroto: un ingeniero por vida y obra
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A Lázaro Manuel Borroto Pérez no le gusta hablar de premios como si fueran una meta. Los menciona con respeto, pero rápido vuelve a lo que considera esencial: el trabajo diario, las personas con las que ha compartido su camino y las decisiones pequeñas que, con el tiempo, terminan definiendo una vida profesional. Por eso, conversar con él es una oportunidad para entender cómo se forma un ingeniero que aprendió a mirar la calidad como una manera de cuidar.
“Mi vocación por la ingeniería surgió a partir de una decisión consciente. Yo quería una profesión que uniera el conocimiento científico con la solución de problemas reales. Esa claridad la tuve en el grado 12, cuando estudiaba en el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas (IPVCE), en La Coronela, en La Lisa. El ambiente de esa escuela tan enfocado en las ciencias influyó mucho en mí. Después, estudié Ingeniería en Equipos Energéticos Nucleares en la Universidad Técnica Eslovaca de Bratislava, donde me gradué en 1988. Fue una etapa exigente, que me dio una formación sólida y una visión muy concreta de lo que significa trabajar con sistemas complejos y delicados”.
La especialización en control de calidad vino a Borroto con su primer trabajo importante, en la Central Electronuclear (CEN) de Juraguá. “Allí me desempeñé como Controlador de la Calidad durante la construcción y el montaje del reactor número uno. Cada unión soldada debía revisarse desde su inicio hasta su final. Ese rigor me enseñó que la calidad es una forma de proteger a las personas, las instalaciones y el entorno”, asegura.
“Después de tantos años en los sistemas de gestión, uno entiende que la calidad no es solo cumplir normas, sino es asumir una responsabilidad con los trabajadores, con la comunidad, con los clientes y con el medio ambiente. En la Refinería de Cienfuegos eso se siente de manera muy concreta. Nuestro trabajo tiene un impacto directo en la vida cotidiana del país. El combustible que producimos mueve el transporte, sostiene la generación eléctrica y apoya la producción agrícola. Pero incluso así, para mí lo primero siempre son las personas. Por eso le doy tanta importancia a la seguridad de procesos. Integrarla al sistema de gestión ha sido uno de los proyectos más importantes que he vivido en los últimos años, junto al trabajo que realizamos con la consultora Gamma”, comenta.
En cada lugar donde este ingeniero ha trabajado le ha correspondido aprender algo nuevo. En la ECOI No. 6 y en la CEN, por ejemplo, tuvo que certificarse rápidamente en normativas de soldadura y montaje nuclear. Para él era la única manera de asumir bien su responsabilidad.
Similar le ocurrió tiempo después en la Empresa de Servicios de Ingeniería, el reto allí estuvo relacionado con la gestión de proyectos y la creación de un sistema de calidad desde cero. Ahí le tocó comprender la importancia de unir lo técnico con lo organizativo.
“En la Refinería Cienfuegos, desde que llegué en 2007, viví un momento muy intenso con la reactivación de la planta junto a PDVSA. En solo diez meses se puso en marcha la refinería y poco más de un año después se logró la certificación ISO 9001. Fue un período de mucho trabajo, pero también de mucha satisfacción profesional”, asegura.
Fuera de la empresa, uno de los mayores desafíos para Borroto fue organizar el SIG 2021, desde la UNAICC. Hacer un evento virtual en Cuba, en medio de apagones y problemas de conectividad, devino una prueba de creatividad.
“En el SIG 2023 el reto fue distinto. Hacerlo híbrido —presencial y virtual— permitió un evento sólido, con una participación amplia. Ambos eventos me enseñaron mucho sobre organización, trabajo en equipo y paciencia”.
Su carrera ha sido una transformación continua. “Empecé en una época sin Internet, pero cuando llegó entendí enseguida su valor. Nunca quise trabajar en un lugar donde no pudiera usarla como herramienta de aprendizaje”.
Más tarde, con la inteligencia artificial ha ocurrido algo semejante. “La estoy incorporando poco a poco a mis proyectos, siempre en colaboración con los compañeros del área de AIT y con jóvenes que dominan mejor estas tecnologías”, comenta.
¿Cuál ha sido la motivación sostenida para una extensa carrera?
“Sin motivación no hay crecimiento. Y cuando la motivación baja, hay que buscar nuevos proyectos que la renueven. Las asociaciones profesionales ayudan mucho en eso, porque te sacan de la rutina y te obligan a aprender de otros. Cada profesional tiene que asumir su propio desarrollo. No se puede depender solo de las condiciones externas. Siempre hay algo que se puede hacer para seguir creciendo”.
¿Cómo se construye la calidad de un equipo?
“La gente no copia lo que uno dice, copia lo que uno hace. Si quiero que mi equipo valore la calidad, tengo que demostrarlo con mis acciones. Lo mismo pasa con los sistemas integrados: no son papeles ni burocracia son herramientas para trabajar mejor. Por eso siempre le he dado tanta importancia a la capacitación. He impartido cursos en la Universidad de Cienfuegos, la de Matanzas, el Centro Politécnico del Petróleo y la Escuela de Capacitación del ministerio de la construción (MICONS). Cuando la gente entiende por qué hace las cosas, cambia su manera de trabajar”.
¿Algún consejo para los jóvenes ingenieros?
“A los jóvenes ingenieros les diría que no aprendan las normas como compartimentos aislados. Que entiendan el sistema completo, porque eso los hará más útiles en cualquier organización”.
¿Si tuviera que resumir todo lo realizado, cómo lo haría?
“Solo diría dos cosas. Primero, pensar siempre de manera sistémica: ningún proceso está solo, todo está conectado. Segundo, no dejar de prepararse: tener siempre al menos un proyecto en mente que te obligue a aprender algo nuevo”.
La historia de Lázaro Manuel Borroto Pérez no se sostiene en una coherencia tranquila entre lo que piensa y lo que hace. Su trayectoria muestra que la calidad continúa siendo una forma de trabajar, de relacionarse con los demás y de asumir la responsabilidad que implica estar, cada día, en un lugar donde lo que se hace importa.
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