Argentina profana (otra vez) el Maracaná

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Argentina hizo historia en el mejor lugar posible, el Maracaná de Río de Janeiro. Allí, donde hace poco más de dos años pasaron de ser una selección humillada, pierdefinales, pechofría, a convertirse en la campeona de América-resultado que sentó las bases de la posterior consagración en Qatar-, firmaron un partido que será recordado por los siglos de los siglos.

Hasta la noche del martes 21 de noviembre de 2023, Brasil nunca había perdido por Eliminatorias. Desde 1954, fecha en que se creó el sistema de clasificación, el Scratch disputó 63 partidos de local, de los cuales ganó 51 y empató 12. En el encuentro número 64, su eterno rival, mediante un solitario gol de Nicolás Otamendi, le inauguró el casillero de derrotas (además de igualar a 42 victorias el historial entre los dos conjuntos).

El tercer traspiés consecutivo de la canarinha los ubica sextos en la tabla. Irán al próximo Mundial porque en Conmebol clasifica todo el mundo (seis cupos directos se reparten entre diez equipos, y quien termine séptimo va a repechaje); pero los signos que muestra son realmente preocupantes. Es un equipo sin alma, irreconocible, repleto de jugadores que manchan el nombre de la selección más grande de este deporte.

Por su parte, la campeona del mundo regresa a la senda del triunfo luego de la inesperada derrota del pasado jueves ante Uruguay. Argentina hoy estuvo lejos de su mejor versión; mas lo compensaron dejándose la vida en cada jugada (lo que corrió Rodrigo de Paul no tiene nombre), con un esfuerzo colectivo inconmensurable.

EL PARTIDO

El Superclásico de las Américas comenzó con polémica, producto de los altercados que se produjeron justo cuando iba a arrancar el choque. En estos, miembros de ambas hinchadas protagonizaron unos violentos enfrentamientos en un sector del estadio, los cuales la policía brasileña reprimió con dureza. La peor parte se la llevaron los aficionados visitantes, quienes fueron fuertemente agredidos por las fuerzas del orden local.

Los jugadores argentinos tuvieron que ir hasta a la zona de los incidentes a impedir que siguieran atacando a sus compatriotas. Cuando las aguas se calmaron, emprendieron rumbo a los vestuarios, comandados por el capitán del plantel, Lionel Messi.  En ese instante parecía que el partido no se disputaría. La intervención de las autoridades de distintos organismos (AFA, Conmebol, CBF), ofreciéndole garantías de seguridad, consiguió traer de vuelta a Messi y compañía.

Con treinta minutos de retraso arrancó el Brasil vs. Argentina. Lo hizo con las pulsaciones a mil, fruto del tenso clima que se vivía en el Maracaná. Ese exceso de adrenalina se tradujo sobre el terreno de juego en constantes faltas (16 en la primera mitad, cuatro de la albiceleste y doce de la verdeamarela, con tres tarjetas amarillas incluidas) e interrupciones.

El fútbol no apareció durante casi todo el primer acto. En cambio, tuvimos batallas a lo largo y ancho del terreno de juego. Al final de los 45´ iniciales, Brasil comenzó a soltarse. El Cuti Romero, con el Dibu completamente superado, evitó en línea de gol un tanto cantado de Martinelli. La canarinha avisaba primero.

Tras el descanso de medio tiempo, con Brasil decidida a ponerse por delante, la figura del Dibu adquirió una importancia capital. El guardameta del Aston Villa le tapó dos ocasiones bien claras a Raphinha y a Martinelli. Gracias a sus intervenciones, el cuadro albiceleste seguía con vida.

Entonces ocurrió lo impensable, lo que demuestra por enésima vez que el fútbol es el más impredecible de los deportes: gol de Argentina.

Con Brasil encerrándoles en su área, los argentinos consiguieron hilar varios pases seguidos por primera vez en muchos minutos. Esos pases condujeron a una jugada en ataque, la cual terminó en tiro de esquina. Y de ese córner salió el gol de Nicolás Otamendi, un cabezazo inapelable, ante el que Allisson no pudo hacer nada. Un tiro a puerta, una anotación. Imposible tener más eficacia.

Con el tanto albiceleste, Lionel Scaloni comprendió que el partido era para once guerreros y decidió sustituir a Messi. El rosarino, muy mermado físicamente desde la primera mitad, apenas y tuvo peso en el encuentro.

Brasil fue a por el empate, aunque sin ideas y juego. La expulsión del recién ingresado Joelinton terminó de hartar al público local, que empezó a salir en masa del estadio. Argentina, pura garra, puro derroche físico, resistió sin grandes contratiempos. Su actuación luego de ponerse en ventaje es digna de estudio: no se puede “matar” mejor un partido.

El pitido final del árbitro chileno, Piero Maza Gómez, enmudeció completamente al Maracaná. Jugadores y público argentino se encargaron de romper el silencio con una fiesta para celebrar la victoria. No es para menos, protagonizaron una gesta histórica y vuelven a mancillar la casa de los brasileños. Dos de los tres Maracanazos llevan el sello albiceleste.

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