Aurelie atrapada por las alas de la lírica

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Me quiero ir a donde vibra la sangre de las aves/ cortar la línea del cielo/ con las espinas de los peces que la mar me da/ e imitar la gaviota flameando con la vela blanca/ mi segundo vestido de viaje…/Purgué mi náusea para anidar la sed, / lo incierto, lo desconocido/ para desear más fuerte y estar aún más cerca de lo que no sé./ Me lavé del veneno de esta tierra/ para ser hija de la mar y abandonarme/ Quiero ir a donde cada vuelo/ es el dibujo libre/ de un ave/ a donde vibra su sangre/”.

Las aves y el mar son una suerte de leitmotiv, implícita o explicitamente, en la obra de la poetisa, traductora, profesora de frances, periodista y “tanguera” por preferencia y adopción sentimental del género musical argentino, como mismo afirma Aurelie Ondine Menniger, y así lo corroboran los versos citados arriba de su más reciente poemario, La sangre de las aves. ¿Por qué esa fijación?, inquiero a la escritora gala nacida en Estrasburgo, Francia.

“Creo que esa inmensidad del mar me da paz, me hace sentir la libertad, y por otra parte me inspira a la creación. Sin dudas, la fuerza de los elementos trasmiten un ímpetu interior, es como una catarsis. Cuando estoy frente al horizonte marino percibo un poder extraordinario y hasta un poco salvaje conectada con ese medio acuático.

“Muchas veces la propia sociedad propicia el corte con la naturaleza en general y resulta indudable que somos parte de ella. Cada vez es más palpable la dehumanización con la presencia de las máquinas, los robots y la inteligencia artificial”.

Aurelie considera a la Argentina como su segunda patria desde el mismo momento en que llegó en 2012, sin pasaje de vuelta. Cuando habla de la tierra de José de San Martín, Carlos Gardel, Facundo Cabral, Domingo Sarmiento, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, Ernesto “Che” Guevara, Maradona y Messi, entre otros muchos ilustres, los ojos se le iluminan y el corazón se le acelera en el pecho, porque, confieza, se enamóró perdidamente muy pronton de la nación andina, Cuenta que en 2021, luego de estar varada por un tiempo en Francia debido a la Covid, volvió al país sudamericano y esta vez lo hizo en un velero como tripulante.

“Y así, a pura vela, con la sola fuerza del viento, navegué de Europa hasta América. Durante la travesía aprendí de las partes técnicas del barco y la navegación, pero al mismo tiempo disfruté de la parte poética. Fue una experiencia muy hermosa”, rememora la intrépida artista.

La soledad, la creación, la metafísica, la vida, la muerte y el amor son temas recurrentes en su obra, reconoce la escritora francesa./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

Recuerda la joven que con apenas seis años escribió su primer poema bajo la influencia de su madre, que le leía sus propios versos. “Jugando con las palabras, dice, me salió aquella composición ‘lírica’; por supuesto, muy infantil. Después seguí creando. Siempre llevaba conmigo un cuarderno donde plasmaba mis inspiraciones poéticas. Y ya desde aquel tiempo me interesé por aprender el castellano”.

Previa a la charla periodística nuestra entrevistada había hecho gala de sus dotes danzarias ante un reducido público, en medio de la exhuberante vegetación del patio de la Casona de Toqui, en el reparto de Punta Gorda, en esta ciudad de Cienfuegos. Con impresionante maestría, la bailarina profesional de tango deleitó a todos con una de las piezas clásicas del género.

¿Por qué te hipnotizó tan tempranamente esta expresión musical?

“Para mí, el tango es la música y la danza de los que no tienen tierra. Sus raíces africanas vienen del candombe, del tambor, de los esclavos negros que tocaban los cueros tras un día de intensa labor, entonces era un baile marginal. Luego se mestizó con otros ritmos con influencias, incluso, de la emigración europea.

“En Buenos Aires mismo se practicaba entre gente de los barrios pobres, de los arrabales, de un sector que se tenía que defender, que no tenía nada. Pero para mí es también la voz del pueblo a través del cuerpo, de su expresión física, eso me llama la atención, por ser un baile rebelde, aunque más tarde, con el tiempo, llegó a París y Estados Unidos, en donde se volvió un poco más burgués y se hizo un negocio; pero su raíz siempre fue popular, de la calle”.

Volviendo a la literatura, si bien su reciente libro, La sangre de las aves, el mar y los seres alados es una constante en su poesía, existen otros tres volúmenes cuyos temas más recurrentes pasan por la soledad, la danza, la creación misma, preguntas metafísicas, la vida, la muerte y por supuesto el amor, en fin la existencia humana en general.

“Empero, el hecho de navegar me hizo conocer tierras cuyos pueblos están en lucha, eso también fortaleció mi conciencia, más allá de lo político, en el aspecto humano y social, y eso se manifiesta, de cierta manera, de forma crítica en mi poesía”, reconoce.

En total, Aurelie tiene publicado cuatro libros: dos poemarios en francés (Una coma en la bolsa de piedras y Cartas a Azul) y otros dos bilingües, traducidos por ella misma al castellano ( Ir a la noche y La sangre de las aves). Su última creación fue el resultado a partir de la experiencia como tripulante de veleros.

¿Qué experiencia te ha reportado este, tu primer viaje a Cuba?

“¡Ah, llegué a Santiago como Lorca, un día de luna llena, con otro velero! Fui invitada a un festival de poesías en la Casa José María Heredia y Heredia, gran poeta romántico santiaguero, y unido a José Martí por varios afectos.

“De los cubanos me llama poderosamente la atención su lucha y ahora, tú viste, todo el mundo hablando del bloqueo, del aguante, y yo quería estar aquí sin tener en cuenta algunos consejos de que no viniese a este país. Sentí la necesidad,  tenía ganas de estar acá.

“Y no me equivoqué. Estoy muy feliz, mucho cariño donde quiera que llegué, aunque también vi y sufrí los apagones y las carencias. He visto mucho arte, muchas ganas de vivir… mucha dignidad… Eso me alimenta el espíritu, me hace más fuerte, con deseos de vivir”.

Cuenta que su estancia en Cienfuegos fue un poco fortuita. De Santiago viajó por omnibus hasta La Habana y allí volvió a conectar con un capitán que tiene un catamarán, quien la invitó a llegarse hasta la Perla del Sur. “Aquí conocí a gente muy linda como Luis (Grau) y Ana María (Salas). Ustedes tienen una ciudad muy hermosa y tan a gusto estuve que en apenas tres días de mi llegada ya me sentía como en casa”, confesó visiblemente emocionada.

Y como si fuera poco, Aurelie tuvo entre otras satisfacciones la oportunidad de poder brindar parte de su arte a un grupo de cienfuegueros que la apludió,  además de experimentar la sensación que le produjo recorrer las calles y plazas de la urbe, y conocer de cerca la otrora villa fundada por sus ancestros franceses, única con ese origen en  la Mayor de las Antillas.

La bailarina profesional de tango hizo gala de su maestría dancística./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

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Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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