Pepe Sánchez, el escritor de la calle B
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En la calle B, número 4, de Cumanayagua, un 19 de marzo —hace siete décadas— María, la comadrona del barrio, recibió a José Sánchez Hernández. Lo que seguramente no podían sostener los brazos de aquella mujer era todo lo que ese niño llegaría a ser tiempo después: Ingeniero en Transporte Automotor, Máster en Educación, Profesor Auxiliar de la Universidad de Cienfuegos. Y, para dicha de la cultura cubana y cienfueguera, un multipremiado poeta, cuentista y ensayista. En ocasión de su cumpleaños 70, 5 de septiembre conversó con Pepe.
1. Pepe, naciste en Cumanayagua en 1956. ¿Cómo era ese pueblo en tu infancia y qué crees que de ese paisaje y esa gente permanece hoy en tu forma de mirar el mundo?
Yo nací en la casa de mis padres, en la Calle B, No. 4, recibido por María, la “comadrona” del barrio. Cumanayagua era entonces la patria chica (aún lo es), marcaba el horizonte de mis ojos, no el de la imaginación. En 1970, tenía 14 años y unos deseos justos de siempre ir más allá. En el parque “José Martí”, está la escuela donde comencé mis estudios primarios, también escribí mis primeros versos para que primos y amigos enamoraran a las “novias” de sus ojos. Era una ciudad con cine y dos ríos donde me bañaba, pescaba, era el breve y seguro espacio donde empinaba los papalotes y la inocencia, jugar bolas, trompos. “Creo que entonces yo era feliz”, como dijera Serrat.
Mirar el mundo desde la memoria es un acto de fe, porque el referente no ha dejado de cambiar y se mezcla dolorosamente con los golpes de la vida y un presente que se resiste a ser fijado en una sola mirada. Por otra parte, muy poco queda de ese paisaje. Y no hablo solo del paisaje urbano, natural. Algo más triste, poco queda del paisaje social y humano. Se han perdido gentes conocidas, y amigos y familiares. Se ha ido perdiendo, de forma sostenida y cruel, la mano hospitalaria, el abrazo solidario, la risa cómplice del amanecer, la palmada de luz y aire fresco en el duro hombro del mediodía, los valores éticos y humanos, la cultura de las relaciones sociales, los hábitos del respeto. Llegar al viernes, era llegar a la cerveza, la amistad, salir con la familia a compartir un sábado y un domingo en un lugar agradecido, o quedarse en casa a disfrutar en familia los pequeños sabores de la vida. Sería innumerable y triste lo perdido. Lo peor es mirar al mundo y no encontrar el regreso a tantas cosas amadas y urgentes.
2. ¿Recuerdas el primer libro que llegó a tus manos o el primer poema que escuchaste y te hizo sentir que querías dedicarte a esto?
Cuando hablas del primer libro que llegó a mis manos, pienso te refieres al entorno de la literatura. Te cuento que en el comienzo de la Calle B, vive la escritora para niños y poeta, Elizabeth Álvarez, y ya desde aquellos años de mi adolescencia se reunían los escritores y artistas de la ciudad en el Taller Literario de Cultura que funcionaba en su casa. Yo me asomaba, a veces, a la ventana a escucharlos. Entonces, una vez Elizabeth me regaló un libro de poemas de José Ángel Buesa, y ahí se despertó el poeta que había en mí hasta siempre. Claro, antes estuvo la Biblia y su Cantar de los Cantares y otros encuentros con la poesía que está en todas las cosas.
3. En una Cuba de los años 60 y 70, siendo muy joven, ¿dónde encontrabas los estímulos para inclinarte por la poesía y la narrativa? ¿Había un maestro, un amigo o un lugar que fuera tu refugio cultural?
Ya en la anterior respuesta, en parte respondí esta pregunta. Por entonces, yo tocaba la guitarra con furias y penas, y decía escribir canciones. Un día, escritores miembros de ese taller municipal, escucharon algunas de esas letras y me dijeron que era poesía. Y casi de inmediato pasé a formar parte del taller. Desde entonces comencé a buscar libros de poesía, cuento, novelas, ensayos, crítica, todo. Era una sed de lectura imposible de saciar. Y llegó Martí, Lezama, Guillén, Nogueras, Eliseo y toda la literatura cubana, la americana, la europea y de otras partes del mundo. Y se fueron sumando Vallejo (el gran Vallejo y su inmenso tono humano), Eliot, Dylan Tomas, Cortázar, Víctor Hugo, los Vedas, las Sagas Vikings, Homero, Julio Verne, H. G. Wells, Shakespeare, Cervantes, Miguel Hernández, Antonio Machado, Dante, Hemingway, Dostoievski, Maiakovski, Boris Pasternak, Attila József, Stefan Zweig, Franz Kafka, “y tantos que/ en la guerra del tiempo siguen siendo/ la luz y el viento hacia un mar sereno”, (versos de mi soneto “Un palmo de mis sueños”). Y calmada la tormenta inicial, en el Aleph de ese mar sereno, aparece Borges, y ya las olas y la arena dejan de disputarse la luz y la humedad de la orilla. En Borges, en toda su obra literaria (narrativa, poesía, ensayo, prólogos) encontré escrito lo que tanto había buscado en mis lecturas, una obra escrita desde la “difícil sencillez”, y a la vez culta, sin fijeza de tiempo, más allá de toda concesión, limpia y profunda, contradictoria como el alma humana y concebida desde una memoria que toca la nostalgia y la eternidad con el mismo guiño cómplice.

4. A lo largo de estos años has publicado numerosos libros de poesía y narrativa. Si tuvieras que elegir uno que te represente en esta etapa de los 70, ¿cuál sería y por qué?
Sería injusto y faltar a la verdad literaria, de entre todos los libros que he escrito hasta hoy, elegir uno solo que satisfaga el presupuesto de tu pregunta. Por varias razones, literarias y extraliterarias, que trascienden la finalidad de esta entrevista, quizás puedo señalar 3 libros escritos que de alguna forma me representan en esta etapa de los 70: “Saga de la Ciudad Irreal”, “Lecturas en el tiempo” y “La viña del poeta”, los tres inéditos.
5. Has obtenido reconocimientos importantes dentro y fuera de Cuba, como el premio en la George Mason University (EE. UU.) o el Certamen de la Universidad de Almería (España). ¿Qué significan para ti estos lauros? ¿Sientes que validan tu trabajo o te conectan con lectores más allá de nuestras fronteras?
Todo reconocimiento y todo premio, alegra y se agradece. Pero no te puedes dejar arrastrar por los premios ni creerte el condecorado. Significan que más allá de uno mismo y un reducido entorno familiar y de escritores cercanos, hay quienes valoran y disfrutan la lectura de tus textos. Los premios y reconocimientos, por sí solos, no pueden validar el trabajo de un escritor, el arte y la literatura se validan en sí mismas y su trascendencia en el tiempo y el gusto crítico de los lectores. No podemos dejar que nada nos distraiga de la obra, Borges decía que ni publicar siquiera es lo más importante, lo importante es el libro, lo que hay escrito en sus páginas y el valor literario. El escritor es el primer lector crítico de su obra, pero escribimos para ser leídos más allá de toda frontera humana o esas otras que solo entienden desde el poder.
6. Alternas la poesía con el cuento y el ensayo. ¿Cómo es el diálogo interno entre estos géneros? ¿Hay momentos en que sientes que una historia pide ser contada en verso y otra en prosa?
Hay un diálogo fecundo, intertextual. Hay poemas míos en deuda con la narrativa, y viceversa. Mi libro de cuentos “El comedor de relojes”, mucho le debe a la poesía. Igual los ensayos y otros textos. Cada historia, cada tema, ya viene con su forma literaria; aunque a veces por recursos del oficio y la imaginación, lo que iba a ser un cuento termina siendo un poema, lo contrario también suele ocurrir.
7. Tu poesía ha viajado por varios países. ¿Crees que el hecho de ser un escritor cubano que reside en la isla imprime una temática o una preocupación particular en lo que escribes?
En uno de mis ensayos, “El insularismo en la poesía cubana”, abordo esta particularidad de la obra escrita en una isla. En el Coloquio de Juan Ramón Jinenez y Lezama, se debate este tema complejo y contradictorio. Vivir, y más aún escribir, en una isla presupone “un mirar hacia afuera y un vivir hacia dentro”. Y sin llegar a ser una preocupación, pienso que de manera consciente o inconsciente, le imprime a la obra una mirada particular. Sería extenso explicar todas estas particularidades e imágenes acuosas y de una otredad de dos orillas. Cintio Vitier, en su libro “Lo cubano en la poesía”, también aborda y descifra de manera profunda y luminosa esta particularidad.
8. Eres el director fundador de la revista cultural Calle B. En tiempos de redes sociales e inmediatez digital, ¿cómo se defiende y se sostiene un proyecto cultural impreso (o digital) como este? ¿Cuál ha sido el mayor desafío en todos estos años?
Confucio decía que quien se ocupa en lo que le gusta, nunca trabaja. Fundamos la revista Calle B el 20 de marzo de 2001, y este 20 de marzo de 2026, estará cumpliendo 25 años de fundada. Solo con amor y una vocación irrenunciable, se defiende un proyecto cultural de esta magnitud y tan sostenido en el tiempo. En estos años, muchos han trabajado como parte del Consejo Editorial de la revista de forma profesional y también otros desde fuera han ayudado a defender un proyecto cultural que en sus inicios tuvo soporte digital y soporte de papel. A todos, muchas gracias. Fueron 20 números de la revista en soporte de papel, a color, de alrededor de 50 páginas, con una salida de 3 o 4 números al año. Por razones económicas, después solo ha seguido saliendo en su versión digital. Nuestro agradecimiento también a los cientos de callebianos dispersos por el mundo que han apostado y siguen apostando por Calle B. Los mayores desafíos han sido tecnológicos, de acceso a internet y, en los últimos tiempos, la implacable falta de electricidad.

9. Desde tu posición como editor y periodista, has visto desfilar a muchas generaciones de creadores. ¿Cómo ves la salud de la literatura joven en Cuba hoy? ¿Qué les dirías a los que empiezan?
Es cierto que en estos 25 años de fundar y dirigir Calle B, he estado en contacto con lo que se está escribiendo en Cuba, también como escritor y lector busco siempre acceso a literatura cubana actual y universal, y dentro de este panorama está lo que escriben los más jóvenes en Cuba. Sin embargo, para dar una opinión válida, hay que tener un conocimiento amplio y actualizado de la literatura joven en Cuba hoy, algo que no me ha sido posible en los últimos años por diversas razones: se está publicando menos, el acceso a lo poco que se publica en nuestras circunstancias es limitado y ya no tenemos esos encuentros nacionales de escritores, poetas, narradores, que tuvimos en los años 80, 90 y un poco más del siglo pasado. Aún así, puedo confirmar que Cuba es una isla de poetas, con una tradición de agradecer, sostenida en el tiempo, y los jóvenes han sabido aprovechar esa tradición y darnos una literatura que la mantiene viva, que se renueva, y en su diversidad y calidad es representativa. A los que empiezan a escribir les diría que lean y lean, leer y de todo es el acto más importante en la afinación del oficio de escritor, que estudien preceptiva poética y técnicas narrativas, crítica literaria; y, sobre todo, que no imiten a nadie, que sean ellos mismos al escribir, originalidad es sinceridad, hasta lograr un tono de voz poética o narrativo propio. Los temas son eternos y los mismos, pero lo original está en el tono personal, en esa voz y estilo que los defina del resto.
10. ¿Cómo logras el equilibrio entre el escritor que necesita soledad para crear y el gestor/periodista que necesita del ruido del mundo y la comunidad para ejercer su oficio?
Una buena pregunta. Decía Lezama Lima: “De la contradicción de las contradicciones, la contradicción de la poesía”. Todos diariamente sobrevivimos entre contradicciones, entre un querer y un poder. Los escritores como el resto de los seremos humanos, vivimos en el mismo mundo y con los mismos duros arpegios de la realidad. Cierto que escribir es un acto que agradece la soledad, estar lo más aislados posible del ruido ambiental, y quedarnos a solas con nuestros sujetos líricos, nuestros personajes y las palabras dispersas sobre el olor rotundo de la página en blanco. Todo esto es cierto, pero habitantes del mismo espacio y entorno social y familiar tenemos por oficio y deber que aprender a convivir entre la soledad del escritor y la realidad diaria que nos toca a cada uno. El gestor periodista disfruta y se alimenta a la intemperie de la realidad con todos sus conflictos que justifican su otro oficio. Y ahí le vamos echando ganas, a veces, mucho ayuda unos tragos de buen ron cubano en los interludios de la respiración.
11. ¿Cómo crees que deben las sociedades de escritores adaptarse a los nuevos tiempos para seguir siendo útiles a sus miembros?
Dijo el rey Salomón en su libro Eclesiastés que no hay nada nuevo debajo del sol. Hay cambios de escenografía y de actores, estos cambios por supuesto que recomponen la realidad real y exigen comportamientos que nos ayuden a defender nuestro tiempo y espacio, nuestro pedazo de selva, es decir, nuestros deberes y derechos, porque vivimos en sociedad. El arte y la literatura no se adaptan, porque su función no es pedagógica ni de propaganda, como tampoco exteriorizar la defensa de causas. En sus versos y en sus personajes, el escritor expone sentimientos, tragedias y comedias humanas, formas de actuar y juzgar en diferentes situaciones, personalidades, realidades diversas, conflictos y relaciones que aspiran a ser universales, y por la forma en que cada lector se identifique con su obra, vea pedazos de sí mismo en esos versos y personajes, en esas situaciones y ejercicios del espíritu humano, será universal el arte y la literatura, y desde esa perspectiva el lector se abriga o queda a la intemperie y asume causas, toma partido, modos de conducta humana.
12. Se dice que los 70 son los nuevos 50, pero también son una edad para la retrospectiva. ¿Qué balance haces de este camino? ¿Hay algún libro que te haya quedado pendiente o alguna historia que todavía no te atrevas a contar?
Somos deudores irredimibles, escribí alguna vez. Nos pasamos la vida despidiéndonos (otro de mis versos), y cuando hacemos una pausa, un descanso en este “largo y tortuoso camino”, y miramos atrás, es terrible ver tantas pérdidas y ganancias, tanta muerte, exilio, junto a momentos mágicos, hermosos de feliz convivencia. También sueños hechos realidad, decisiones equivocadas, errores, todo mezclado con el dolor de no poder volvernos en el tiempo. Por eso, cuando veo tanto odio y posiciones y decisiones extremas, cuando nos olvidamos que la paz es el respeto al derecho ajeno (Benito Juárez), que debemos ser el cambio que queremos para el mundo (Mahatma Gandhi), que el futuro somos nosotros y ahora, no entiendo a veces el mundo en que vivo y los actos irracionales de muchos decisores públicos. La vida es bella y muy corta, y lo mejor es vivirla en paz, salud y amor, teniendo a la familia como el máximo pilar de la sociedad humana, respetando las diferencias y la libertad de expresión y creación.
Siempre se nos están quedando cosas pendientes, de un día para otro, de un mes para otro, de un año para otro. Y siempre habrán libros pendientes, historias y poemas pendientes, porque el tiempo no se detiene, no mira atrás, no vuelve.
13. ¿Cómo ves hoy al Pepe de 20 o 30 años? ¿Le darías algún consejo o simplemente le dejarías seguir su instinto?
Lo veo muy bien, soñador, rebelde, desafiante, aprendiendo de los errores, que se creía sus batallas y derrotas, un buscador implacable de los más diversos conocimientos de la sabiduría universal. A veces triste, y otras en que la risa era su espada más victoriosa (Miguel Hernández). Siempre lo dejaría seguir su instinto.
14. ¿Dónde encuentras hoy la paz para escribir? ¿Sigue siendo Cumanayagua una patria interior a la que regresas con la memoria?
La paz para escribir siempre la encuentro en mi hogar, junto a mi familia. Aunque me ha tocado escribir en lugares y circunstancias muy diversos en Cuba y en otros países, y a veces en lugares y circunstancias que ni te imaginas. Yo nunca me he ido de Cumanayagua. Esa entrañable Villa Entrerriana sigue siendo mi patria chica, la tierra de mis padres. Y lo será más allá de cada regreso con la memoria.
15. Para terminar, Pepe, una pregunta obligada: ¿qué significa para ti llegar a los 70 años rodeado de letras, y qué le pides a los años que están por venir?
Llegar a los 70 rodeado de letras, en mi caso, es lo más natural. No me concibo sin escribir, ni fuera del juego de azar y riesgo de la escritura. Un juego que me mantiene vivo a pesar de los duros golpes de la vida. A los años por venir le pido seguir respirando junto a los míos, sin nunca dejar de escribir el poema en el mediodía familiar del porvenir.

*El entrevistado es Miembro de la UPEC, la UNEAC, de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Ha sido designado Embajador Universal de la Paz por el Círculo Universal de Embajadores de la Paz, Ginebra, Suiza. Forma parte de la directiva, o es miembro, de varias organizaciones de intelectuales o escritores del mundo. Jurado del Concurso Nacional de Literatura «Ricardo Miró 2011», sección Poesía, Ciudad de Panamá, 2011. Ha publicado los libros de poesía: Los dados del viento, 1991; Sueños del tiempo, 1996; Paradoja del hombre en su ciudad, México, 2004; Alfanjes de luz, 2004; Caballos sobre el césped, México, 2004; Piratas en el alma, Colombia, 2010; Memorial de posguerra, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2016; El filin del otoño, Poesía, Ediciones UNIÓN, La Habana, 2018; Memorias de un gladiador, 2023; De la bruma y la erosión (Antología arbitraria), Editorial Jitanjáfora, México, Morelia, 2025 y El comedor de relojes (narrativa), 2000. Ha obtenido premios en concursos de narrativa y poesía, nacionales e internacionales, entre ellos: Mención en el Concurso Nacional de Narrativa «Calendario», La Habana, 1998. Mención Especial en Poesía: «Traspasando fronteras», III Certamen Internacional de relato corto, poesía y fotografía. Universidad de Almería, España, 2009. Segundo Lugar en el Premio Mundial de Literatura «Andrés Bello», versión Poesía, Venezuela, 2009. Becas de Creación para escritores, que otorga el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Cienfuegos, 2010, 2014 y 2019. Primera Medalla Internacional a la Paz y la Cultura Presidente Salvador Allende, Fundación Salvador Allende, Santiago de Chile, febrero, 2011. Primera Mención de Honor en el género de poesía, II Premio de Poesía Internacional Anual «Un Café con Literatos», Año, Madrid, 2013. La Unión Hispanomundial de Escritores (UHE), le otorga el Premio Mundial a la Excelencia Literaria, por su excelente y distinguido trabajo literario desarrollado en el mundo, en beneficio de nuestros pueblos; su aporte intelectual a favor del idioma y sus esfuerzos desplegados por la paz con justicia social. Congreso Mundial Enrique Laguerre, Mayagüez, Puerto Rico, 2015. El Centro UNESCO de Cultura (Asociación Puertorriqueña de la UNESCO), le otorga Diploma de Reconocimiento, por su valioso aporte a la cultura en general, por su vocación de servicio, y por los extraordinarios méritos ganados en su labor, San Juan de Puerto Rico, 2016. Premio Internacional de Poesía en el II Concurso Hispanic Culture Review, George Mason University, Virginia, Estados Unidos, 2017. Primer Lugar en el Género de Cuento Corto, en el 1er. Premio Literario Internacional de Cuento “Letras de Iberoamérica”, Ciudad de México, México, julio de 2017. Finalista en el XXXIV Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE, Madrid, España, 2021. Se le otorga la Distinción que concede la Dirección Provincial de Cultura en Cienfuegos, denominada “La Roseta de la Ciudad”, que constituye un símbolo autóctono de la misma, en virtud de su contribución al desarrollo de la cultura en nuestra ciudad y en el país, Cienfuegos, a 14 de marzo del 2024. Su obra ha sido traducida al holandés, italiano, francés, inglés, rumano y bengalí. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones digitales nacionales y extranjeras. Ha participado en Cuba, México, Perú, Ecuador, Chile, Panamá y Estados Unidos en congresos, festivales, ferias del libro, talleres y encuentros de escritores, donde ha realizado, entre otras actividades literarias y culturales, lecturas, talleres, jurados, conferencias y presentaciones de libros. Textos suyos aparecen publicados en antologías, revistas y periódicos de Cuba, Holanda, Argentina, México, Colombia, Italia, Uruguay, Perú, Chile, Rumania, España, Puerto Rico, Panamá, Estados Unidos y la India.
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