El arte de combinar los géneros
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Si quieres reír y atemorizarte; si te van las historias de amor y las parodias más alucinantes; si te gustan las películas del oeste y las del futuro lejano con dimensiones temporales; en fin, si prefieres al héroe clásico, virtuoso e intachable, junto al antihéroe pícaro y lleno de defectos, recomiendo que te zambullas en ese ajiaco de géneros que constituye la tercera entrega ofrecida por la compañía Walt Disney sobre uno de los más controvertidos superhéroes del Universo Marvel: Deadpool and Wolverine (2024).
En esta ocasión, el famoso Deadpool (Masacre), viene acompañado por el adusto y feroz Logan, quien más que su compañero de armas, funge a lo largo del filme como una simpática contraparte del protagonista.
¿A qué se dedican? Pues a lo que hacen todos los superhéroes: a salvar al mundo de una amenaza fatal perpetrada por un villano muy poderoso (que en este caso es una villana: Cassandra, mezcla de Charles Xavier y Dr Manhattan).
Como la trama se mueve dentro del Metaverso, más que salvar a este mundo, la extraña pareja tiene como misión salvar diversos mundos. Una metáfora de la realidad de hoy: hay muchos y de diversa naturaleza. El mundo de Deadpool se compone de ocho amigos y una ex, a la aún ama; el de Wolverine, es atenazado por la angustia existencial (debido a la culpa por haber estado ausente cuando aniquilaron a sus amigos) y la gratitud de una chica a la que rescató. De manera que estos dos superhéroes se dedican también un poco a salvarse a sí mismos: “Las personas que salvamos, luego nos salvan también”.
La actitud siempre sarcástica de nuestro pícaro parlanchín disimula el secreto anhelo de ser tomado en serio por sus iguales. Se denomina a sí mismo como “el Jesús de la Marvel”, porque está dispuesto al sacrificio, porque desprecia a la muerte, y hay que añadir: porque nunca se calla.
Este bocazas y hábil espadachín de doble katana, también es inmortal y no padece las consecuencias de las heridas; lo cual constituye uno de los elementos más divertidos de lo contado: los antihéroes se pegan, se cortan y hacen sangrar entre mortales estocadas y disparos, sin peligro para sus vidas, solo por el placer de vengarse o exigir respeto.
Resulta entonces lógica la consecuencia de tener a un charlatán irreverente rodeado de tipos violentos a los que exaspera: mucho combate físico (excelentemente coreografiado) y mucho splash, obvio, pues como garantiza el propio Deadpool: “démosle a la gente lo que vinieron a ver”.
No menos momentos humorísticos aporta el divertimento metaficcional mediante el cual el protagonista comenta, mirando a la cámara, relaciones fuera de la historia: el presupuesto de la película, los contratos de los actores, los negocios entre las compañías Fox y Walt Disney, entre otras digresiones extradiegéticas que irrumpen sin ton ni son dentro de la trama para “justificar” las conductas raras de los personajes; comentarios que a este espectador escribidor le arrancaron dos o tres carcajadas.
El desenfado provocativo de Deadpool alcanza su clímax, a mi juicio, en la escena del encuentro con otros superhéroes menos conocidos o de onda retro: Elektra, Blade, Gambito, quienes participarán como ayudantes en la misión del dúo protagónico, y que generan uno de los grandes diálogos grupales de humor negro.
Se añade al veloz ritmo de la acción, la yuxtaposición de escenarios: la vida cotidiana contemporánea, adjunta a la atmósfera de Mad Max, (El Vacío), más la tecnología vintage retrofuturista que poseen las oficinas de la compañía espacio-temporal TVA Tech y el Círculo de Strange, lo que recuerda a los reajustadores espacio temporales de la Edad dorada de la ciencia ficción y la nave Enterprise de Star Trek.

Pues por ahí va: un largometraje de 128 minutos, lleno de gags, guiños cómplices y referenciales para los amantes de diversos géneros; cargando toneladas de juegos caóticos donde aparecen oasis que refrescan y profundizan los sentimientos y sueños de los personajes, quienes, pese a toda su violencia y desparpajo, también poseen sus corazoncitos.
Deadpool 3 no aporta grandes novedades dramáticas y fotográficas a los hallazgos proporcionados por otras obras de naturaleza metaversal y oniroide (Spiderman, across the Spider-verse, Paprika, y la célebre Inception); tampoco a la caracterización de antihéroes sarcásticos como el memorable Hanckok, Venom, Hellboy y otros.
Sin embargo, extiende la comicidad negra a buen ritmo y al extremo, consiguiendo la cualidad de impresionar gratamente en medio de la mixtura genérica.
Pues eso, que cuando veas la película, no te concentres solamente en las patadas y los piñazos.
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