Terrorismo en Santa Clara un 5 de septiembre | 5 de Septiembre.

Terrorismo en Santa Clara un 5 de septiembre

En la composición gráfica, retrato del joven maestro de las FAR y la prueba de la fechoría pirata: circulado, el sitio por donde penetró el rocket que le provocó la muerte a Fabric Aguilar y lesiones graves a tres de sus hijos.

En la composición gráfica, retrato del joven maestro de las FAR y la prueba de la fechoría pirata: circulado, el sitio por donde penetró el rocket que le provocó la muerte a Fabric Aguilar y lesiones graves a tres de sus hijos.

Otro 5 de septiembre, pero seis años después de aquel que fueron víctimas algunos barrios de Cienfuegos durante el levantamiento popular de 1957, ocurrió en la ciudad hermana de Santa Clara otro ataque brutal de la aviación.  Mas quienes llevaban los mandos de los pájaros de metal no fueron esta vez pilotos de Batista, sino aviadores de origen cubano en dos aparatos Made in USA, que procedentes de La Florida realizaron una incursión aérea sobre la capital de la entonces provincia de Las Villas para atacar instalaciones industriales.

El recuerdo de Girón era fresco. El país vivía en un estado de permanente vigilia frente a las constantes incursiones piratas desde el país del Norte. Fue así como los artilleros antiaéreos que defendían a Santa Clara, descubrieron entre las brumas del amanecer la peligrosa presencia de los aparatos mercenarios y abrieron fuego.

Los intrusos  iniciaron la fuga, a sabiendas de que iban a ser perseguidos por aviones cazas de la Revolución. Entonces los terroristas que tripulaban esos aparatos, temerosos de ser alcanzados por algún proyectil que tocara en los rockets que colgaban de las alas, decidieron cometer una inhumana fechoría: los dispararon sobre los nuevos edificios altos de un recién erigido barrio residencial civil santaclareño.

La población dormía plácida tras un día de fuerte labor en aquel año cargado de esfuerzos en la organización de la sociedad, en la producción de bienes, en la superación para ser ciudadanos más útiles. Dormían ajenos a la tragedia que estaba por ocurrir en su vecindario. Uno de aquellos rockets portadores de muerte alcanzó el edificio recién estrenado, meses antes, en la confluencia de las calles Nueva Gerona y Avenida 7 de diciembre.

Allí, en el apartamento A-7 del cuarto piso en el bloque número uno, vivía hacía apenas unos días, con sus cuatro pequeños hijos, el matrimonio que conformaban el joven maestro de las FAR, Fabric Aguilar Noriega y su esposa Aida Elena León. En ese preciso momento el maestro dormía en la misma cama del matrimonio, junto a tres de sus hijos. La madre, en la sala, acunaba al menor de los niños, Alfonsito, de casi un año de edad, para hacer dormir al pequeño que lloraba.

El obús penetró por una ventada de la pared lateral de la habitación, que perforó dejando un boquete, y fue a dar exactamente en el pecho y abdomen del padre que dormía, destrozándolo instantáneamente. Las esquirlas hirieron gravemente a los niños Francisco, de 5 años; Sofía, de 3, y Abraham, de dos. Toda la habitación quedó llena de humo, entrañas, escombros, sangre…,  y en medio del caos, los gritos de tres infantes horrorizados y moribundos, a quienes la rápida atención mádica permitió salvar. Esa fue la imagen que nunca se borrará de los ojos de Aida Elena, la madre. Ni del recuerdo del autor de esta reseña, que laboraba entonces en el diario Vanguardia, y acudió al lugar cuando estaban socorriendo a los niños para ser asistidos.

El hecho salvaje consternó a toda la población de Santa Clara. Hombres y mujeres en sus trajes milicianos, acudieron prestos a sus unidades para repeler la agresión, si era que estaba en marcha otro zarpazo como el de poco más de dos antes por la costa sur de la Ciénaga de Zapata. Pero se trataba sólo de una incursión solitaria del enemigo, de un nuevo hecho vandálico y criminal en la ya para entonces larga lista de agresiones contra la Isla rebelde.

En Cienfuegos, los millares de ciudadanos que comenzaban la tradicional peregrinación al cementerio en conmemoración del sexto aniversario del levantamiento popular de 1957, también se aprestaron a defender el territorio nacional al conocer el ataque a la vecina ciudad.

Al día siguiente, miles de villaclareños acudieron a acompañar los restos de Fabric Aguilar Noriega al cementerio local, cuyo nombre llevaría pocos años después la enorme Planta Mecánica que para aquel 1963 estaba en pleno ajetreo constructivo.

El crimen se integra a la larga cadena de hechos terroristas que hemos padecido los cubanos. Conforma una historia que no podemos olvidar jamás.  Y mucho menos dejar de contarla.

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