María Emilia, solo una vida para 116 años

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María Emilia Quesada Blanco reside en la ciudad de Cienfuegos y, a sus 116 años, es una de las personas vivas más longevas del mundo. / Foto: Roberto Alfonso

Cuando el siglo XX nació, vino al mundo María Emilia Quesada Blanco, aquel 5 de enero de 1901 en Cienfuegos. Pero al morir la centuria, e inaugurarse otra, María Emilia renovó el calendario, comenzó de cero, como si el nuevo siglo fuera ella misma.

Hoy tiene 116 años y todavía guarda fuerzas para serle fiel al motivo de su vida. En la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat, “Los Jesuítas”, se le encuentra martes y viernes, sentada frente al altar, absorta en el silencio del templo. Allí toma la comunión, reza las oraciones…, y retorna cada semana como fiel devota.

Atesora, dice, muchas experiencias para contar. “¡Figúrate, buenas y malas! He pasado por tanto… La muerte de mis hermanos, éramos 16; a uno lo perdí, joven, en un accidente, y la última falleció con 100 años y pico, soltera. No me quedan hermanos, la única, yo; así que fíjate cuántas cosas he superado con el favor de Dios”.

María Emilia evoca esos hechos sin nostalgia visible en el rostro ni voz cortada. Asume lo triste con el mismo espíritu que le ha permitido rebasar los duros momentos de su prolongada existencia. Nunca se casó ni dio a luz; en cambio, alega tener numerosos hijos y nietos postizos.

“He vivido alegrías y penas, como todo el mundo. Aún en la fecha de mi cumpleaños me hacen un motivito, junto a las personas de la tercera edad. Siento regocijo, recibo regalos, y lo paso tranquila”.

Su rutina fue anulada por el peso de los años, aunque, centenaria, llegó a trabajar en las oficinas de la iglesia. “Ya no, estoy sentada, expresa con cierta resignación. Antes solía atender el teléfono, regaba las matas y doblaba la Vida Cristiana (publicación católica dominical). Ahora no lo hago, porque no puedo.

“Un día, en enero de 2014, regresaba a la casa y sufrí un mareo. La cabeza se me iba para los lados, izquierdo y derecho. Me senté allí, en la última ventana del edificio, abajo, donde hay dos escaloncitos, para evitar la caída. Desde entonces no realizo ninguna actividad”.

Dedica horas a las oraciones, como lo hizo de niña cuando los padres la trajeron por vez primera a Monserrat. Temprano descubrió la fe y jamás buscó la distancia.

Desde su adolescencia, María Emilia toma la comunión en la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat./Foto: Roberto Alfonso
Desde su adolescencia, María Emilia toma la comunión en la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat./Foto: Roberto Alfonso

“Rezo mucho por todos. Por la comunidad, mis vecinos, amigos, gente de afuera y de adentro, incluso por quienes no conozco. Pido que no haya más guerra, sino paz. Rezo por los jóvenes. Les recomiendo escuchen al Papa Francisco, para el bien del mundo, y perdonen a los que ofenden”.

Ejerció esa filosofía siempre, en el propio espacio temporal que la llevó a envejecer, sumar arrugas sobre otras y continuar la vida en el tono blanquecino de las canas.

“Asistí a cientos de enfermos, mujeres solas, niños desamparados. Visitaba el hospital, y a algunos los atendí en la casa, sin cobrarles un centavo, gratuitamente. A los asilos iba, y les llevaba, a los viejitos, dulces, caramelos, cake…, racimos de uvas en la Navidad.

“He recibido amor del servicio a mis hermanos, no solo de los de sangre. Los pequeños me quieren muchísimo, y tengo el apoyo de los adultos, porque yo no cuento con retiro, mi labor fue particular, en las congregaciones”.

Mientras espera por la comunión, persigue en la memoria lejanos recuerdos. A veces los narra como si hubieran sucedido hace poco. Cuando le resulta imposible atraparlos, toma una pausa, y se aferra luego a la religión, su sostén.

“Mi vida ha sido muy contenta, a pesar de las penas. A algunas personas les comento que no la merezco, y ellos responden: ‘sí, tú las mereces’, sobre todo aquí, en ‘Los Jesuítas’, donde me aprecian y ayudan”, afirma.

Con 116 años, María Emilia es uno de los seres humanos más longevos del planeta, aunque su nombre no aparezca en listado global de los supercentenarios (Nota del Editor: Ver acotación y tabla corregida al final del trabajo). Los conocidos le llaman “La primorosa” o “La joya de Monserrat”, y la consideran un símbolo.

Pero a su edad no la ruborizan los elogios. Le preocupa el tiempo, dice casi a manera de confesión, antes de volver frente al altar, a sumergirse en la hondura de las oraciones.

“No quiero morir y dejar cosas pendientes”.

Las diez personas vivas más longevas del mundo, según el Gerontology Research Group.
Las diez personas vivas más longevas del mundo, según el Gerontology Research Group.

ACOTACIÓN:

Después de varias gestiones en las redes sociales y con el concurso de amigos, la Wikipedia actualizó la tabla del anexo dedicado a las personas vivas más ancianas del mundo, la llamada lista de los supercentenarios (personas vivas que tienen 110 años o más) e incluyó a  la cubana y cienfueguera María Emilia Quesada Blanco como la cuarta persona viva más longeva del mundo. Ahora sólo restaría la validación por el Gerontology Research Group, organización que verifica los datos mediante el documento de identidad de la persona en cuestión y su certificación de nacimiento. Nuestro agradecimiento al lector Nelson Boris del Río Suárez por alertarnos sobre la corrección.

Sombreado en amarillo el escaque donde fue agregada a la lista de supercentenarios la cienfueguera María Emilia Quesada Blanco como la cuarta persona viva más longeva del mundo.
Sombreado en amarillo el escaque donde fue agregada a la lista de supercentenarios la cienfueguera María Emilia Quesada Blanco como la cuarta persona viva más longeva del mundo.

13 Comentarios

  1. Hola Robe!!! MUy bonito este testimonio de vida ejemplar, no sólo por la condición única a nivel mundial de la señora sino además por mostrar o visibilizar a la comunidad cristiana en cuba que tiene una larga tradición y muchos, muchísimos devotos en toda la isla verde nuestra. Es que somos también muy espirituales los cubanos, ¿quién lo duda? Y nada ojalá sigan apareciendo Marta Emilias en nuestro país, no tanto por la longevidad sino por la calidad humana, que en ella es extraordinaria.

  2. Hace casi 30 años que vivo fuera de Cuba y aún recibo regularmente las hojitas de “Vida Cristiana” de María Emilia. Las guarda semanalmente y me las envía juntas cada dos o tres meses, así, año por año desde hace casi tres décadas. Creo que es una historia digna de contar. Fue mi catequista y 25 años después mi testigo de boda en la Parroquia de Montserrat. Cuando la visito en mis viajes a Cuba recuerda pasajes de mi vida que ya yo he olvidado hace tiempo. Para los que la conocemos es un privilegio y un regalo del Señor que ella haya formado parte de nuestras vidas.

  3. Yo a Maria Emilia la conozco con el seudonimo de Mima, esa amorosa mujer me condujo desde que yo era muy pequeño como mi catequista por los caminos del Cristianismo, con ella tomé mi Primera Comunión, me Confirmé en el Obispado y me hice Monaguillo en la Santa Iglesia Nuestra Señora de Monserrat, siempre fué todo amor, cariño , comprensión, nos aconsejaba, de hecho es una ENORME PEDAGOGA, hoy le dedico todo mi respeto y admiracíon a esa Nuestra Madre Mima. Ha sido un grandisimo honor para ella y para todos los que tuvimos la oportunidad de tener algun vinculo con ella que usted Roberto Alfonso le haya dedicado su cronica en este medio de prensa. Le felicito y agradesco su artículo. Gracias mil

  4. Hoy quiero sentarme y escribir, pues Mari es esa mujer, esa madre que siempre ha estado ahí, sentada al comienzo de los bancos, es esa madre que todos cuando llegamos le damos un beso, Mari es ese duende que cada día reza por cada unos de los jóvenes y las personas necesitadas, cuando llegó, siempre me dan ganas de vivir, ella lo dice, de ella me llevo cada domingo un pedasito de consejo, a Dios tengo que darle gracias por su vida, Mari desde aquí, desde este rinconsito, te digo Gracias por existir, Dios te bendiga muchos años más, te quiero Madrecita querida.

    • Estimado Nelson Boris del Río Suárez, nuestro agradecimiento por alertarnos sobre la corrección al Anexo de la Wikipedia. Su información nos ha permitido actualizar el tema, incluido a modo de acotación y acompañado de la gráfica que da fe de la subsanación. Como apuntamos, ahora queda hacer efectiva la validación ante el Gerontology Research Group. Reciba la reiteración del agradecimiento a nombre de los lectores, del pueblo de Cienfuegos, de la feligresía de la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat.

      Un saludo afectuoso.

      • ¡Muchas gracias! La corrección fue hecha por mi mismo y solo la hice porque creì que la señora merecía estar reflejada en esa lista, para que todo el planeta lo sepa; no esperaba tantos agradecimientos, gracias a ustedes por hacerme sentir útil, que como diría el Apóstol, es mejor que ser príncipe. Saludos a todos allá en Cienfuegos, mi querida ciudad, que hoy estoy geograficamente lejos, pero que siempre está aquí conmigo en mi pensamiento y mi corazón.

  5. Muy lindo este trabajo,Maria emili como le decimos allí con tanto cariño, se desvela por orar por quienes necesitan de la misericordia del Señor, no importa el tema, no deja a nadie solo, es una Madre con mayúscula, su mente muy clarita, es ejemplo de bondad, ternura, perseverancia, todo Amor y Cariño. Dios la Bendiga Siempre.

  6. Linda historia, Roberto, y muy bien contanda. Cuántos momentos trascendentes y no tan trascendentes habrá vivido esa señora

    • Darilys, gracias por esa valoración. De seguro habrá vivido buenos y malos momentos, como ella relata. De hecho, como detalle te cuento que, indagando sobre el tema de los supercentenarios, encontré que la esperanza de vida máxima para un ser humano se estima en 115 años, y María Emilia tiene 116, así que imagínate cuánto de trascendente puede haber en la vida de una persona que ha vivido más allá de lo posible.

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