Los focos rojos del ordenamiento territorial

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Regular áreas de mayor riesgo para las poblaciones, por las vulnerabilidades climatológicas, es un asunto pendiente en Cienfuegos
Regular áreas de mayor riesgo para las poblaciones, por las vulnerabilidades climatológicas, es un asunto pendiente en Cienfuegos

Nunca es sano el libre albedrío si de organizar entornos urbanos se trata. Por tal motivo, el ordenamiento coherente de una ciudad o poblado se erige garante del desarrollo económico y social en cada vital espacio.

El uso ordenado del suelo, esencia del ordenamiento territorial, debe acompañar a establecimientos poblacionales, orientar el desarrollo de inversiones, iluminar del progreso en una región determinada.

En Cienfuegos, como en todo el país, la dependencia provincial de Planificación Física rige el complejo asunto, asesora a decisores en la confección de planes económicos y, junto a otros organismos de la administración estatal, vela por la integridad y coherencia de los espacios urbanos.

Sin embargo, indisciplinas sociales hacen de la ciudad, y de asentamientos fuera de ella, escenarios donde la teoría dista un tanto de la praxis, al persistir construcciones ilegales, modificación de fachadas y otros ejemplos de anarquía territorial.

Además de reformar fachadas y edificar sin los consabidos permisos, “existen otras ilegalidades relacionadas con el uso de la tierra de forma indiscriminada y de los bosques”, añade Olivia Gutiérrez Sánchez, especialista de Planificación Física en Cienfuegos.

A lo anterior, Yania González Cabrera, subdirectora de la entidad, agrega como asunto pendiente, regular áreas de mayor riesgo para las poblaciones, por las vulnerabilidades ante huracanes e intensas lluvias.

Entre estas últimas enumera “las zonas al sur de Aguada de Pasajeros y Abreus —debido a la cercanía con la Ciénaga de Zapata—, incluidos los asentamientos de Babiney, San Ignacio, parte de Covadonga y Guanal Grande; en el municipio de Cienfuegos, áreas como Punta Gorda, Reina, Rancho Luna, Castillo de Jagua y La Milpa”.

Las estancias “aguas abajo” de los embalses y cerca de industrias están igualmente identificadas en los planes de ordenamiento territorial con la calificación de riesgo, obviamente por el peligro que representa el manejo de presas durante fenómenos naturales extremos.

Los edificios multifamiliares no quedan exentos. Recordemos la cruzada contra los cercados, patios, garajes y todo tipo de aditamentos que cobraron vida en los repartos donde se erigen los citados inmuebles.

Tarea difícil la de Planificación Física, pues “erradicar ilegalidades”, más allá de esa manida sintaxis, significa exigir marcha atrás a sitios fruto de la necesidad humana, el crecimiento familiar y todo tipo de dinámicas, inherentes a la búsqueda de espacios propios.

Tarea difícil, porque ordenar áreas de riesgo implica —más allá de situar bombillo rojo en zonas vulnerables— lidiar con poblaciones instaladas en comunidades, no solo físicamente, sino también desde la identidad.

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