Los amaneceres, los días, las noches aquí, ya no son tan apacibles | 5 de Septiembre.
jue. Nov 21st, 2019

Los amaneceres, los días, las noches aquí, ya no son tan apacibles

Ilustración: Villafaña

Ilustración: Villafaña

¡“El pannnn… blandito y duro…, tu buen soyurrrr, el ajo grande grandeeee”!

Así suelen pararnos de la cama de lunes a lunes. No importa si pasamos la noche en vela con un enfermo, trabajando por necesidad o empedernida costumbre. No. A ellos les importa un com…, mejor, un ajo; y además de no tener ni la más remota idea de lo que realmente es un ajo grande, ni imaginan el poder sugestivo de los pregones, legados al pentagrama nacional por Moisés Simons en El Manisero, o en los internacionalmente muy conocidos Frutas del Caney, de Félix B. Caignet, y El Frutero, de Ernesto Lecuona.

Son alaridos, azotes a los tímpanos (y qué decir del bolsillo), transformadores de apacibles amaneceres en días, noches de garganta en mano que chilla: “el buen helado, la cremita, el cake, el plátano, el ya clásico aromatizante, y la más reciente galleta… Hasta poner mi cabeza en la almohada y ansiar una voz que me arrulle hiperbólicamente: “Coge tu buennn… y grannn sueño aquí…”. Después, un lapso de silencio —cada vez más breve— antes del primer rayo de luz, y otra vez la cantinela.

Y no estoy en contra de la gestión económica personal, pero de una más creativa, comedida, afinada.

Los vende-gritos, en su mayoría, además de un atentado contra la tradición, son una de las expresiones de la contaminación sonora que constituye —científicamente hablando— un problema de salud nacional, cívicamente, una soberana indisciplina; desde la foniatría: un desparpajo vocal.

Ilustración: Martirena
Ilustración: Martirena

Nuestros tatarabuelos, con menos luces científicas y más sentido común, lo advertían en las ordenanzas de la ciudad desde 1895: artículo No. 477: “Sin permiso de la Autoridad no se podrá después de las once ocasionar en la vía pública ruido alguno que pueda molestar al vecindario”; mientras el 478 plantea: “Quedan prohibidos los organillos, pianos de manubrio, y toda clase de músicas callejeras cuyos sones destemplados molesten el oído de vecinos y transeúntes”; y el 479: “No se empleará como medio de anuncio o aviso ninguna clase de instrumento cuyo sonido sea desagradable”.

Y ejemplifico con el fastidioso voceo del vendedor ambulante, que por acostumbrado y necesario servicio nos parece ya un ruido sutil, tal vez el más insignificante en nuestra ya ensordecedora existencia: música estridente en cafeterías y viviendas, martillazos a deshora, sierras, cultos sincréticos, religiosos, de diversa adoración, claxon, motores, peleas domésticas y callejeras, improperios… llevan no la voz cantante, la disonante.

Vayamos por partes.

Ese acompañamiento recurrente y casi grosero, inculto, burdo de “Coge tu buen”… de todo… aquí…, se ha convertido en pedestre interpretación del pregón, que (según la Enciclopedia cubana Ecured) “surge a partir de una entonación de vendedores ambulantes, que ofrecen lo que llevan en una canasta o carro, y van cantando en alta voz frases musicales que resultan verdaderas canciones populares”.

¡¿Musicales?!

Son un atentado a la salud humana, un “rompecorazones”. Cualquiera de esos alaridos matutinos puede provocarle un infarto y sin posibilidades de llegar ileso al hospital, antes de que, camino al centro asistencial, otro chillido termine con su existencia.

No es una exageración. Durante el último Polo Científico del año 2016, convocado por el CITMA, la Licenciada Alicia Gómez, especialista del CPHEM para el tema, aseguró que el ruido afecta además del oído, el sistema nervioso central, acelera el ritmo cardíaco, produce úlceras, trastornos gástricos y hasta de conducta. El MSc. Iván Figueroa, jefe de la Unidad de Supervisión del CITMA, afirmó que la sonora es la menos costosa de las contaminaciones: se necesita poca energía para producirla, y aunque no es acumulativa en el medio ambiente, sí lo es en los seres humanos.

Contaminación auditiva, infografía tomada de Internet
Contaminación auditiva, infografía tomada de Internet

La Norma Cubana 26 de 2012: “Ruido en zonas habitables requisitos higiénicos sanitarios”, establece los niveles sonoros admisibles en los horarios diurno y nocturno, hacia dentro y fuera de la vivienda y para los distintos tipos: urbanos, comercial, industriales… Pauta como estándar una conversación normal, a unos 65 decibelios -(db), “una medida absoluta, la mínima presión acústica audible en una persona joven y sana-”.

Ergo de un vende-grito se podría morir.

Porque el ruido es considerado un problema higiénico-sanitario, que tiene un marco regulatorio estatal, mucho antes de que fuera considerado como tal.

En la Ley 81 de Medio Ambiente, ¡de 1997!, articulo 147: “Queda prohibido emitir, verter o descargar sustancias o disponer desechos, producir sonidos, ruidos, olores, vibraciones y otros factores físicos que afecten o puedan afectar a la salud humana o dañar la calidad de vida de la población”.

Para los transgresores se aprobó desde 2000 el Decreto Ley 200, de contravenciones de medio ambiente, que sanciona las violaciones de la norma con multas bastante considerarles, el decomiso de los medios y paralización o cierre de las actividades que generan el ruido.

Lo que sucede es que no siempre se ha aplicado con todo rigor.

Si bien en el pasado reciente, esfuerzos comunes MINSAP- CITMA salvaron a numerosas familias de los altavoces de la Casa de la Música, hicieron invertir en el Patio de Artex y el Tropisur, no ha tenido la misma exigencia en el sector residencial, donde se genera el 80 por ciento de esta contaminación.

Otro argumento: actividades de gestión por cuenta propia aprobadas después de entrar en vigencia esta legislación, nacieron sin ninguna normativa para su ejercicio que implique regular el ruido de carpinteros, cafeterías, bicitaxis, vendedores ambulantes de helados, cebolla morá, ajo, galleta…

En estos dos casos: vecinos y negocios particulares escandalosos , “la Ley” y quienes deben hacerla cumplir, ha tenido en muchas ocasiones oídos y receptores sordos.

Los ruidos en ambientes laborales son sin dudas los más estudiados y controlados por el CPHEM, cuyos expertos avalan un expediente para que en caso necesario, actúen los inspectores de la Unidad de Supervisión del CITMA y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

El decreto 141 de las contravenciones del Orden Interior, la Ley 109, Código de Seguridad Vial, da posibilidades sancionatorias a la PNR. “De enero a julio de este año se ha actuado sobre más de 85 mil personas incumplidoras de las normas a nivel nacional. 19 mil multados y 7 mil han sido advertidas”, declaró el Coronel Eddy Sierra Arias, Segundo Jefe Dirección General de la PNR, en el espacio de la Mesa Redonda, de la televisión nacional.

En el primer semestre del año, el servicio telefónico del 106, recepcionó más de 62 mil llamadas, y aunque en Cienfuegos no nos fue autorizado el acceso a esos datos, el Tte. Cnel. Jorge Félix Molina Gonzalez, jefe de la PNR, aseguró que la Unidad Integral de Vigilancia, Patrullaje y Protección sí ha actuado ante esos llamados, sobre todo en los Servicupet.

Alrededor del mundo existen señales que indican lugares donde es preciso hacer silencio
Alrededor del mundo existen señales que indican lugares donde es preciso hacer silencio. Tomada de Internet

Multas, advertencias, trabajo profiláctico, se han ejecutado, afirma el oficial, pero en su opinión, “las medidas no son severas porque las multas son de baja cuantía, y debería además de aumentarse el monto, permitírsele proceder al decomiso de equipos en reincidentes”.

Cierto es que es magnánimo el Decreto 141, que reza en su Capítulo 1, Sección Primera. Orden Público.

Artículo 1: Contraviene el orden público, y se le impondrán la multa y demás medidas que en cada caso se señalen, el que

  1. ch) perturbe la tranquilidad de los vecinos, especialmente en horas de la noche, mediante el uso abusivo de aparatos electrónicos, o con otros ruidos molestos e innecesarios, 5 pesos;
  1. e) perturbe el orden público en viviendas o áreas comunes de edificios multifamiliares, con motivo de discrepancias con convivientes u otras personas, 10 pesos;
  1. h) celebre fiestas en su domicilio después de la una de la madrugada, perturbando la tranquilidad de los vecinos, sin permiso de la autoridad competente, 20 pesos y la obligación de concluir la fiesta;

Nótese que por ningún lado, aparecen los escandalosos anunciantes callejeros.

Coincidimos en que este precepto legal aprobado por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros posee una exigua severidad ante lo extendido del fenómeno.

No tuvimos acceso a estadísticas, reitero elementos para el ejercicio de un criterio más sólido, pero la experiencia diaria, pone en duda la eficacia —montos aparte— allí donde la autoridad debería bastar y era suficiente décadas atrás, cuando nuestros abuelos no dudaban en acudir a la policía para solicitar permiso por si se extendía tanto una fiesta de quince como la del comité.

Entendemos que el precepto aprobado por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministro en 1987, resulta obsoleto como aquella sensata práctica; y no exclusivamente por la irrisoria valía de sus sanciones, sino por su actual naturaleza distendida y permitida, tanto como botar basura a cualquier hora del día, tener animales ruidosos, arrojar papeles o envases en calles y en la bahía, y a la vista de todos.

Extraño la época de la “conciencia”, aquel tiempo en que la sola presencia de un agente policial enderezaba al más torcido, cubría a los impúdicos, callaba a los altisonantes, reprobaba a los bebedores callejeros —ahora desapercibidos—, que se alertaban en su etílica jerga: ¡caballeros viene la fiana!

¿Cuándo prescribieron las ordenanzas? Y en todo caso, las Regulaciones de la ciudad que datan de 2010 aún están vigentes en su acápite de calidad del medio ambiente:

Artículo 41: Los niveles de contaminación sónica permisibles para las distintas zonas de la ciudad son: a) Zona de silencio: hospitales, sanatorios, instalaciones de descanso, instituciones de investigación, museos (45 decibeles de día, de noche 35 decibeles). b) Zonas de alta restricción de ruido: viviendas, policlínicos, parques y edificios administrativos (50 decibeles por el día y 40 decibeles noche)”.

Así lo describe profusamente en su Capítulo No 4: Regulaciones general de intervención urbana.

¿Acaso es preciso formular más leyes para actos de decencia, consideración y respeto? Eso ha estado normado desde siempre por las buenas costumbres, la llamada educación formal o cívica, pero si ya no constituyen regla habitual, deberían ser acatadas a través de lo punitivo.

Aunque en casos de vecinos ruidosos y de los vendedores, es difícil para todas las autoridades dar abasto, porque la permisividad y la tolerancia, no buscarse problemas —en este como en otros asuntos de nuestra coexistencia—, dejó el camino libre para que la bulla se apoderara de nuestro silencio.

Para contener el fenómeno, y luego de los debates en la Asamblea Nacional, se creó en agosto de este año la Comisión Nacional de trabajo para el enfrentamiento a la contaminación sonora.

Hasta finales de 2016 se ha pensado en capacitar a quienes la integran, a los inspectores de la DIS, en el conocimiento del Decreto Ley 200, también del 315, que regula el trabajo por cuenta propia, un marco sancionatorio más severo que pondría contribuir. Pero hasta ahora… “No se ha multado a nadie por eso, no hay decreto que me lo permita”, afirmó Isis Yuliet Brunet, subdirectora de la Dirección Integral de Supervisión (DIS) en el municipio de Cienfuegos.

Sin embargo, el artículo 5 del Decreto Ley 315 de 2014 deja muy claro que constituyen infracciones muy graves que pudieran escarmentarse con 1 500 pesos cubanos: inciso e)  incumplir las normas higiénico-sanitarias y poner en riesgo las buenas costumbres de las personas… ¿Y acaso el ruido no es problema higiénico-sanitario?

“Reforzar el marco regulatorio para emitir licencias ambientales en nuevas inversiones, la obligatoriedad de insonorizar, afirma el Jefe de la Unidad de Supervisión CITMA, son acciones emprendidas. Se ha confeccionado el mapa de ruidos del tránsito, y deberán hacerse para otras actividades y zonas de la ciudad. La Ministra de Trabajo dio indicaciones para regular quince actividades por cuenta propia”.

Sin embargo, para el MINSAP, que tiene la responsabilidad de luchar contra la estrepitosa epidemia, es una debilidad “No contar con un marco regulatorio que nos permita actuar”, se lamentaba la Licenciada Alicia Gómez, del CPHEM.

Otro flanco débil: la PNR no puede aplicar el Decreto Ley 200 por no estar previsto para agentes del orden público, sino para inspectores, como los de la DIS, que para ellos necesitan acreditarse.

Esperemos cambios legislativos y más acción.

Mientras, resistimos a fuer de sordera las estridencias de quienes vociferan sus productos desde que despunta el Sol y mucho después de su puesta, violentan tímpanos con los silbatos que avisan del pan, villancicos navideños anunciando la cercanía del helado, desgañitados carretilleros que a garganta limpia revenden, hostigan con su “buen” de todo los oídos con expresiones nada sutiles, que no despertarán la inspiración de ningún compositor coetáneo por su proverbial ingenio o musicalidad.

En todo caso seguirán ocasionando desvelos, sobresaltos y afonías crónicas que bien pudieran “remediarse” según recomienda un legítimo pregón de antaño: “Traigo caña santa, pa tu garganta”.

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6 comentarios en “Los amaneceres, los días, las noches aquí, ya no son tan apacibles

  1. En los alrededores del hospital pediátrico señales de prohibición del uso del claxon estaban ubicadas cuando fue inaugurado, esas señales con el paso del tiempo se perdieron y nadie las repuso, hoy por hoy los familiares, padres… de los niños hospitalizados, bociferan a todo pulmón para llamar a los acompanantes de los enfermos de lo contrario utilizan incluso el claxon (“pito”) del auto para (a la hora que les parezca!) lograr que esos acompanantes se “asomen”. No es de extrañar además que bicitaxis y coches con “música” a todo volumen, estén estacionados en los alrededores del hospital de marras.
    Resulta frecuente en nuestras ciudades detenidas en el tiempo en su concepción y sin actualización urbanística alguna, que instituciones culturales-recreativas, deportivas, de la salud… estén ubicadas dentro de áreas residenciales, en el mundo moderno ha ocurrido una migración progresiva dentro de las ciudades, agrupándose las áreas residenciales predominantemente hacia la periferia de los núcleos urbanos con el objetivo de evitar ese tipo de inconvenientes.
    Gracias!

  2. Ojalá se vuelva a tocar este tema tan polémico en la mesa redonda y en todos los marcos que sean posible.Ojalá que este comentario lo dejen publicado a pesar de ser la noticia del 2017.

    Estoy muy de acuerdo con esta noticia y con los comentarios, en estos momentos que escribo está el barrio con el regueton en su punto “su palón divino” tres y cuatro veces la misma canción para aprendersela bien. Y nunca he entendido porque hay que poner la música para la calle para que sepan que tienen bocinas grandes y que tienen lo último que vino en el paquete. Cuándo pero cuando se va a acabar?, Leyes, resoluciones que legislan este aspecto, 12:49 pm y la música reitero, a millón y todo volumen. Sin haber celebración ni fiesta, solo 3 o 4 personas si se llaman así hablando, y fumando y no podía faltar tomando. La PNR no debe garantizar la tranquilidad ciudadana y hacer cumplir las leyes del país para evitar la contaminación acústica.?

    Pero por otro lado: la termoléctrica Talla Piedra, es verdad que nuestro país hace un esfuerzo encomiable para garatinzar la energía elétrica y evitar afectaciones en el fluido eléctrico. Pero por qué potenciar está termoeléctrica de Talla Piedra poniendole más cosas haciendo una subestación nueva, aumentandole la capacidad de generación que fue hace unos años y que está dentro de la ciudad.Les garantizo contaminación, le sobra: Tanto acústica, como ambiental, humo que a veces llega a la Plaza de la Revolución cuando limpia sus calderas y el aire está hacia allá y cuando gira ronda sobre el capitolio, contaminación que cae sobre la bahía de la Habana por el enfriamiento de sus calderas, del agua. Cuando llega a un punto donde se habren las válvulas de presión, no se puede hablar a la persona que está a su lado y vivo a tres cuadras de ella, ruido insoportable.

    Porque de estas cosas no hablamos, en la mesa redonda, canal habana en el programa de libre acceso, escribimos más los periodistas sobre este aspecto, no vale solo hacer leyes sino hacerlas cumplir. Reflexionemos sobre estos aspectos cubanos.

  3. el articulo de la ley de medio ambiente es el 146 no el 147, Por lo demás 100% de acuerdo, se lo dice una victima de la Pista Joven de Las Tunas

    saludos

    1. Miguel, lamento contradecirlo y darle la razón a la autora. El artículo 146 de la citada Ley está dentro del Título décimo segundo, Preservación del patrimonio cultural asociado al entorno natural, que textualmente dice: “ARTICULO 146.- El Ministerio de Cultura, en coordinación con el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y oído el parecer de los demás órganos y organismos competentes, establecerá las medidas necesarias para garantizar la preservación del patrimonio cultural asociado al entorno natural”.
      La autora hace referencia al tema del ruido como contaminación sonora, y tal cual lo refiere en el texto es el Artículo 147 de la Ley 81 de 1997. Lo puede verificar en la Edicion extraordinaria de la Gaceta Oficial de la Republica de Cuba, fechada en La Habana el 11 de julio de 1997. Se trata específicamente del Número 7 y lo puede encontrar en su Página 47. Le dejo el enlace para facilitarle la tarea: http://www.medioambiente.cu/legislacion/L-81.htm Sds y gracias a los compañeros de 5 de Septiembre por la posibilidad de aclarar el asunto.

  4. Sigue sin solucionarse el problema creado hace ya alrededor de un año en áreas aledañas al Rápido del Boulevard, calle 35 entre avenidas 52 y 54. En horas de la noche y madrugada la música que ponen las personas que se reúnen allí es insoportable, lo que conjuntamente con las conversaciones, risas, gritos, etc., hace totalmente imposible que los vecinos del lugar concilien el sueño, muchos de los cuales tienen que levantarse temprano para ir a trabajar.

  5. Siempre he estado en desacuerdo de ponerle números al escándalo o a la bulla, si es 45 o 65 los decibeles permitidos o no, si es de día o de noche; piensen un momento y analicen que las construcciones en nuestra ciudad, como en toda Cuba, es una casa pegada al lado de la otra, como bien dice el refrán: Pared con pared… (a excepción de algunos repartos), entonces por qué ponerle número, el ruido por muy bajito que se haga, si molesta a alguna persona, se debe tratar como dañino. En cuanto a las multas, pasa lo mismo que verter basuras o desperdicios en la calle; pregúntenle a cualquier turista qué le pasaría si bota alguna latica o papelito en la calle; póngase multas grande, no se apele más a la conciencia, porque esa ya no existe o está en vías de extinción.

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