Las «colas del hambre» en EE.UU.

Sí, para poner el parche antes de que caiga la gotera de una posible reacción de ves solo “la paja en el ojo ajeno”, es obvio, en Cuba hay colas, muchas, y parte de estas de personas que necesitan adquirir alimentos en medio de una pandemia que ha golpeado con fuerza inusitada a todo el planeta y también castiga a nuestra Isla tercermundista, de herencia colonial y neocolonial, sujeta durante 60 años al bloqueo mayor de la historia de la humanidad. Cerco que ahora, en medio de la Covid-19, intensifican en vez de aliviar. Sí, hay múltiples colas y, personalmente, creo que, al menos en el actual contexto, van a continuar, pese a todas las medidas implementadas para mitigarlas.

Pero a la larga, y al tener en cuenta lo que Cuba enfrenta para abastecerse, las colas aquí son algo no deseado por nadie, pero en gran medida lógico. En cambio, lo que sí sorprende (estamos hablando del país más rico del globo, del único imperio vigente en la Tierra) son las inmensas colas suscitadas en los Estados Unidos. Aunque los noticiarios cubanos de vez en cuando pasan alguna que otra imagen al respecto, par de tomas quizá no den la idea de cuáles cotas alcanza el fenómeno allí.

Un rastreo diario a las televisoras de ese país, así como a los videos colgados en las redes sociales y a la prensa norteamericana y la mundial, ayudan a visibilizarlo. Grandes fotorreportajes de The New York Times, Los Angeles Times, San Diego Tribune, El Diario La Prensa u otros rotativos estadounidenses incorporan de forma habitual las imágenes de colas inacabables; ya sea en filas humanas o en filas de autos.

“Las colas del hambre: la crisis dispara la pobreza en EE.UU”, artículo del 24 de abril de El Periódico de Cataluña fechado en Washington, al cual se adhiere el titular de esta columna, afirma que “las colas gigantescas frente a los bancos de comida son una de las imágenes de esta Gran Reclusión, similar a aquellas colas frente a las oficinas de empleo que fueron la fotografía de la Gran Depresión. Está pasando en todo el país, lo que ha obligado a muchas organizaciones asistenciales a pulverizar sus presupuestos para hacer frente a la creciente demanda. Antes de que empezara la crisis, 40 millones de estadounidenses recibían comida gratis en más de 60 mil bancos de alimentos, comedores, economatos, colegios o refugios para indigentes, según Feeding America. Una cifra llamada ahora a dispararse. En las últimas cinco semanas, 26 millones se han apuntado a las listas del paro. Casi uno de cada seis estadounidenses se ha quedado sin trabajo”.

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De acuerdo con el periódico británico The Guardian, en el norte de Virginia más de 5 mil personas hacen colas durante muchas horas para recoger las bolsas con productos básicos que regala una cadena de supermercados. Apunta un artículo de Canarias Semanal que El United Center, sede de los famosos Chicago Bulls y Blackhawks, se ha transformado en un enorme almacén de alimentos para los millones de estadounidenses que han perdido el trabajo, se hallan sin prestación por desempleo —más de 20 millones más lo han solicitado en las últimas semanas— y carecen de otros medios para alimentarse.

Las “colas del hambre” en EE.UU.
Las “colas del hambre” en EE.UU.

En el reportaje del 20 de abril titulado EE.UU., largas colas para comida mientras las empresas aumentan beneficios, Canarias Semanal suscribe que “en el país más rico del mundo, la crisis precipitada por la Covid-19 ha puesto en la indigencia a muchos millones más de norteamericanos. Los bancos de alimentos se hallan sobrepasados por el crecimiento exponencial de la demanda. Los medios corporativos no hablan de caos, desastre e ineficacia gubernamental como lo hacen cuando se refirieran a otros países, como, por ejemplo, Venezuela. Mientras tanto, las grandes corporaciones aumentan sus beneficios gracias al rescate de Trump. La realidad es que, en Estados Unidos, la sub alimentación afecta a buena parte de la clase trabajadoradesde hace tiempo. La Covid-19 solo la ha agudizado y hecho más evidente. En Nueva York, ya antes de la pandemia, había 1,5 millones de habitantes que sufrían inseguridad alimentaria. En el Bronx, el barrio más pobre de ciudad, el 37 por ciento padece hambre. Ahora, con la pandemia, las muertes allí superan en más del doble a las de Manhattan, donde se arremolinan los ricos.

“¿Cuántos hoteles están ofreciendo sus habitaciones vacías para albergar a los sintecho o a la gente que necesita cuarenta fuera de su familia? ¿Cuántos han ofrecido convertirse en hospitales improvisados? En Francia, el servicio nacional de trenes de alta velocidad está llevando y trayendo a los enfermos de todo el país a los hospitales con camas libres. ¿No podrían los aviones en desuso hacer lo mismo en EE.UU? Está más que claro para quiénes trabaja el gobierno de Estados Unidos. Una vez más, parece que los grandes capitales serán rescatados mientras se deja vendida a la mitad de asalariados estadounidenses que, ya antes de la pandemia, apenas podían hacer frente a una emergencia de 400 dólares. Y no digamos a los millones que ni siquiera tienen un techo que los proteja pese a estar empleados. Pero esta es la maravilla del capitalismo, amigos”, reflexiona el semanario ibérico.

La cadena hispano-estadounidense Univisión sostenía el 19 de abril que “con el desempleo subiendo a cifras récord y sin dinero para comprar bienes en medio de esta pandemia provocada por el nuevo coronavirus, millones de personas hacen cola para recibir comida en Estados Unidos. Para ello muchas veces tienen que hacer largas colas, en las que no siempre todo el mundo toma todas las medidas, a pesar de que suele haber asesoramiento y control de la Guardia Nacional (…)”.

No obstante a que el estado de la Florida, republicano, haya sido beneficiado durante la pandemia por Trump, a la espera de sus votos en noviembre, miles de vehículos en cola (como en todo el país: diez mil personas se aglomeraron en sus autos el 9 de abril frente al Banco de Alimentos de San Antonio, Texas) abren sus maleteros en diferentes sitios montados por organizaciones benéficas que intentan paliar el hambre y el desabastecimiento de los mercados en la primera economía del mundo, donde ya a muchos se les acabó el dinero para comer, y los sitios donde comprar el alimento no siempre lo garantizan.

En Hialeah, embargados por el difícil momento actual, a algunos de los cubanos que emigraron hacia allí les ha dado por vender cloro ilegalmente en las esquinas para sortear la crisis, según comentan los propios medios locales.

Un despacho de la agencia española EFE, con fecha 11 de febrero, o sea antes de la irrupción del virus allí, revela que “seis de cada diez residentes en el condado de Miami-Dade, con mayoría de población hispana, pasa dificultades para cubrir sus necesidades básicas y el 19 por ciento vive en la pobreza, según informe divulgado por la organización United Way. El informe muestra que una gran parte de los 2,7 millones de habitantes de Miami-Dade, el condado más poblado del estado, «luchan para pagar necesidades básicas como alimentación, vivienda, transporte, salud y cuidado de los niños”.

Aunque datos manejados en este texto puedan confundir, no se trata de América Latina, África o Asia, sino de los Estados Unidos. La nación de mayor poderío económico y la de peor distribución de la riqueza. Además, la de peor gestión de la pandemia de coronavirus, donde mientras morían sin cesar los más pobres un presidente manda a tomar cloroquina o desinfectante y a abrir el país, para que siga “floreciendo” ese capitalismo al servicio de los poderosos e ignorante, siempre, de los menesterosos.

Las “colas del hambre” en EE.UU.
Las “colas del hambre” en EE.UU.
Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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