La décima contestataria en la poética cubana

Sería prácticamente imposible hablar sobre la décima contestataria, ya que pueden contarse por miles las controversias, y como es conocido, las controversias, de por sí, son contentivas de ese elemento, o sea, contestar al contrincante cuando de discutir se trata. Sin embargo, hay en ese universo poético décimas contestatarias que han burlado el paso del tiempo y se han transmitido de una generación a otra y hoy forman parte de la memoria afectiva del pueblo cubano. Unas escritas, otras improvisadas, pero a la defensiva, en contextos diferentes, pero con elementos propicios para ejercer la autodefensa. Acerquémonos entonces a algunos ejemplos que dan fe de lo antes explicado.

En cierta ocasión el poeta Rigoberto Rizo, conocido como El Saltarín de Madruga, bautizado así por el poeta cienfueguero Primitivo Fortún del Sol (Colorín), se defiende de los comentarios de otro improvisador, conocido como El Sinsonte Jaruqueño, quien había propalado en la zona, que Rigoberto era llamado “El Saltarín” porque andaba de patio en patio de los vecinos detrás de las gallinas, lo cual provocó que Rizo le ripostara de esta manera:

El Saltarín se me llama

porque voy de salto en salto

escalando lo más alto

de la cumbre de la fama. 

¿Y a ti, por qué se te aclama,

sinsonte de voz medida?

si es que se nota enseguida

que el que te puso “Sinsonte”

no fue de visita al monte

ni vio un pájaro en si vida.

El propio Rigoberto Rizo contó en una entrevista, que circulaba por La Habana, sobre todo en el ámbito poético, una redondilla que al parecer rechazaba la estancia de Primitivo Fortún del Sol (Colorín). La referida redondilla expresaba así:

Por la ciudad rueda un grito 

y ese grito dice así:

El negrito estorba aquí

y hay que botar al negrito…

Por su parte, Colorín salió en su autodefensa parafraseando elegantemente:

Por la ciudad rueda un grito 

y ese grito dice así:

El negrito no es de aquí

y hay que tumbar al negrito.

Pero no desacredito

a esta ciudad soberana,

porque con la ayuda humana

de poblados y labriegos

soy Colorín en Cienfuegos

y Colorín en La Habana.

Tomemos seguidamente un ejemplo de décima contestataria tomada en este caso, de una controversia que sostuvieron allá por los años 15 o16 del siglo XX, Gregorio Morejón (Goyo) y el famoso vate sagüero Juan Ruperto Plutarco Delgado Limendoux. De su presencia en las cumbres del verso improvisado, Goyo, hiperbolizando los recursos poéticos, dejó para la posteridad estos diez versos octosílabos, que en la década de los años 50, fueron popularizados por el Conjunto Chapotín: ¡Yo sí como candela! He aquí la décima de Goyo.

¡Yo canté en el Paraíso

y me hicieron un altar

y yo me atrevo a cantar 

al mismo Dios si es preciso.

Canto décima, improviso

al que es necio y al que sabe,

para mí no hay lance grave

y meto en guerra a cualquiera

y si se me vuelve fiera

cierro y me llevo la llave!

Cuenta la historia que en una canturía donde actuaba Chanito Isidrón, alguien del público, siempre los hay, se complacía en lanzarle trompetillas al bardo de Calabazar y este, a petición de amigos y colegas, lo apabulló con esta décima que hizo época y aún anda de boca en boca por esos campos de la región central de Cuba y más allá. Ahí la tienen, disfrútenla.

Cuando era joven en Las Villas

una yegua yo montaba

que siempre que la espoleaba

me tiraba trompetillas.

Me dio hijos como semillas

aquella yegua sin tregua

y ahora, poeta a la legua

cuando trompetillas siento,

me vienen al pensamiento

los hijos de aquella yegua.

Sin comentarios.

Jorge Sosa Bermúdez, El Sinsonte Cienfueguero, controversiando con otro gladiador del verso, respondió a las insinuaciones de este, cuando en forma peyorativa, le decía enumerando que él, Jorge, se merecía esto o lo otro. Aquí está la respuesta de Jorge.

Y tú, al lado de este mar

mereces que Guanaroca

te esconda bajo una roca

y no te deje cantar.

Que te lleven a un lugar

bien lejos de este planeta,

que se rompa tu silueta

igual que se rompe un huevo

y que te paran de nuevo 

a ver si naces poeta. 

También a través de la escritura las décimas contestatarias han jugado su papel de autodefensa, aunque, lógicamente, en mucha menor cuantía que las que se dan en las controversias que suman decenas de miles. Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, el Peinetero, asesinado vilmente por el colonialismo español, residió en Santa Clara y compartía sus dotes poéticas, con la afición por la veterinaria, la que además, le proporcionaba algunos dividendos monetarios para subsistir. Cuenta la historia que un señor de apellido Moya, comenzó a desbarrar a Plácido, alegando que qué clase de poeta era, si lo que hacía era curar animales. El mártir de La Escalera desenfundó la espada con diez filos de una décima y atacó a fondo.

Moya, los hados fatales

por esta existencia rara

me hacen ser en Santa Clara

enfermero de animales.

Y puesto que tú te vales

de sátiras contra mí

manda animales aquí

los curaré sin demora

hasta que llegue la hora

de hacerte un remedio a ti.

Sin dudas, las décimas contestatarias improvisadas o escritas, forman parte inseparable de los momentos más álgidos de una confrontación poética.

Me despido con una frase tan guajira como la décima: ¡Hasta más ver!

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