Kill Bill, la aspiradora Tarantino

¿Qué es y a qué aspira Kill Bill?. Kill Bill no es una obra maestra ni la película que hará permanecer a Quentin Tarantino en la historia. Pero resulta sin embargo, así de claro, el jolgorio de homenajes, guiños  y citas más pantagruélico que se haya dado un enfant terrible durante el último medio siglo en Hollywood, entre los pocos de tal fauna que logran hacer lo que les da la gana allí sin ser devorados por los tiburones de la industria.

Representa esta megapelícula la crisólica ofrenda personal de un cineasta cuyo narcisismo y egolatría lo asfixiarían, de no ser su talento cien mil veces superior a esos defectos; es el corpus del summun; es la exégesis en celuloide de lo que este le ha entregado por décadas; es el acto de traducción a través de su sígnica del habla de la pantalla preterida, esquivada por la alta cultura; es, vaya trabalenguas, el proceso de reprocesamiento mayúsculo de la recicladora era posmoderna en el campo del cine.

Tarantino chupa, absorbe con las ansias de una aspiradora eléctrica salida del buche de un tornado y convierte en cine nuevo, altamente estilizado, vivo, lúdrico toda esa “metralla” que la serie-B ha ido soltando al mundo por décadas, la materia gris -pero sobre todo la roja- del gore, la estética del western spaghetti, el anime, cuánta cosa freakie haya sido hecha aquí o allá y la esencia de las cintas de artes marciales desde la época germinal de los hermanos Shaw; la filosofía del Bushido del cine de samurais, las dos aristas más visibles en una primera parte desde la que ya son proyectadas las imponentes sombras de iconos de uno u otro territorio, tal como Sonny Chiba (encarnando al maestro samurai Hattori Hanzo, personaje retomado de la serie Shadow Warriors); el virtuoso de las artes marciales Johny Mo, como el jefe de los 88 locos; o David Carradine, figura mítica en la occidentalización del kung-fu, en el rol del seminvisible asesino Bill. Aunque tampoco deja de colar en su densa telaraña intertextual a habitantes de alturas más elevadas, dentro de los que pudiera incluirse a otro “tomador de bienes antiguos” tan famoso como el movie brat Brian De Palma (al usar las mismas angulaciones, picados, o la pantalla dividida de Ojos de Serpiente o Mujer Fatal); Almodóvar: la violación sistemática al personaje central, cuando está hospitalizada y en coma, nos remite vía directa a Hable con ella; Ridley Scott: la guerrera protagonista de la cinta le zaja la corteza cerebral a una de sus adversarias más temibles, de igual modo a como lo hacía el Caníbal de Anthony Hokins a Ray Liotta en Hannibal… Y así, para llenar diez libros.

Para justipreciar el filme precisa delimitarse bien los planos de realidad-irrealidad con los cuales trabaja el director de Perros de reserva. Ha dicho Tarantino: “Mis películas están ambientadas en dos mundos muy distintos, uno de ellos el Universo de Quentin de Pulp Fiction y Jackie Brown. Se trata de un mundo exagerado, pero más o menos realista. El otro es el Mundo del cine. Cuando los personajes del Universo de Quentin van al cine lo que tiene lugar es en el Mundo del Cine…”. Kill Bill transcurre íntegramente en el Mundo del Cine. Prepárense, pues. La película toda -una historia de venganza femenina a punta de espada samurai- resulta un arrebato delirante de sangre, sudor, ardor e inacabables peleas de uno contra mil ante lo cual no queda menos que mandar a Hawaii la incredulidad, y dejarse llevar. Si accedemos a que Quentin nos de la mano, y nos sumerja en su planeta, irremisiblemente estaremos atrapados por el encanto de Kill Bill, y accederemos, incluso gustosos, a ver cómo Tarantino paga al cine de artes marciales aquella deuda que contrajo cuando se metía semanas enteras sin comer y bañarse en los cines de barrio de Los Angeles especializados en kung-fú, despachándose tandas y tandas de películas. Pasa a ser en dicho sentido el tope seductivo entonces el paroxístico combate de 20 minutos -coreografiado a todo lustre por el encargado de tal también en The Matrix  y Tigre y Dragón, el maestro Yuen Wo-Ping-  del personaje central de la vengadora Novia (Uma Thurman, actriz-amuleto del realizador) contra los 88 locos (guerreros yakuzas), su general y las guardaespaldas personales de O-Ren Ishii (Lucy Liu). Señorita al frente de la mafia en Japón, y segunda en eliminar, entre la lista de cinco asesinos expertos que La Novia debe borrar con el objetivo de darle descanso a su pasado.

Kill Bill es un megalómano y egocéntrico sí, pero excepcional ejercicio de estilo.

Nota: Aunque en realidad se trata de una sola película, su lanzamiento fue dividido en dos “volúmenes” por Miramax, con evidentes fines comerciales. Uno y otro volumen fueron estrenados, respectivamente, en octubre de 2003, y mayo de 2004.

 

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Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

4 Comentarios en “Kill Bill, la aspiradora Tarantino

  • el 3 mayo, 2017 a las 8:05 am
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    Facu, gracias por sus palabras. Se las transmito a Tarantino.

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  • el 2 mayo, 2017 a las 4:56 pm
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    Error, Kill Bill es una obra maestra. Una de las mejores peliculas que vi

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  • el 11 abril, 2017 a las 11:25 am
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    Diego, tus palabras me ponen de tan buen talante que me abstienen de tomarme mis dos copas de vino espantademonios de la tarde-noche. Aunque me elevas mucho. Para la próxima semana te prometo algo de Miyazaki. Saludos y muchas gracias por tu comentario.

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  • el 11 abril, 2017 a las 8:41 am
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    Muchas gracias por la crítica, yo también creo que Kill Bill tiene lo suyo sin llegar a ser una graaan película… Todos los días espero con ansias sus críticas, me parece usted uno de los mejores críticos cinematográficos de este país e incluso un poquito más allá de nuestras fronteras. La prensa cubana debería darle mayor visibilidad, que es mucho más objetivo y menos politizado en sus análisis que otros exégetas de nuestra tierra. Y también menos metatrancoso y prejuicioso a la hora de juzgar un filme según género, temática, etc… Oiga y de Hayao Miyazaki ya ha hablado? Me interesa conocer su criterio al respecto de «The wind rises» y «Cuando Marnie estuvo allí», digo, si las ha visto.

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