Fascismo de Estados Unidos, guerras y expansión territorial

Fascismo de Estados Unidos, guerras y expansión territorial

Los vástagos de ese azote llamado fascismo vuelven a ser hoy, en muchos países una gran amenaza para el mundo. ¿Qué han sido sino eso, los acontecimientos acaecidos en el Medio Oriente: Iraq, Libia, Siria?/ Foto: AP

Los vástagos de ese azote llamado fascismo vuelven a ser hoy, en muchos países una gran amenaza para el mundo. ¿Qué han sido sino eso, los acontecimientos acaecidos en el Medio Oriente: Iraq, Libia, Siria?/ Foto: AP

Difícilmente haya quien ignore el contenido trágico de la palabra fascismo. Millones de personas han sufrido en carne propia los estragos de tales métodos como sistema de gobierno.

En los albores de nuestra era surgieron los términos “bárbaros” o “vándalos”, nombres dados a los miembros de tribus con un grado sumamente bajo de desarrollo. Actualmente se ha extendido el significado original de estos vocablos los cuales hacen referencia a alguien salvaje, destructor, cruel, incapaz de valorar ni la cultura ni la misma vida humana.

Los vástagos de ese azote llamado fascismo vuelven a ser hoy, en muchos países, una gran amenaza para el mundo.

¿Qué han sido sino eso, los acontecimientos acaecidos en el Medio Oriente: Iraq, Libia, Siria, etc? ¿Qué es sino eso, lo que pretende la Administración de Trump en la hermana República Bolivariana de Venezuela?

Al caracterizar el fascismo hoy no se puede decir que es una simple dictadura. Esto no deja de ser verdad. Pero tal definición es eludir la respuesta. La violencia en el gobierno es un fenómeno tan antiguo como el Estado, por cuanto el Estado en sí es la expresión de dictadura.

¿Acaso el ejército, las cárceles, la policía no son fenómenos de realizar violencia e imponer la voluntad de las clases dominantes? Por ello, cuando se dice “dictadura” no debemos detenernos aquí, sino añadir necesariamente: de quién, contra quién es la dictadura.

Fascismo, según Dimitrov

El fascismo no significa simplemente dictadura de terratenientes o monopolistas, el fascismo representa la más brutal, más despiadada, más sangrienta de todas las dictaduras. Ya lo había sentenciado ese héroe del pueblo búlgaro y del movimiento obrero internacional en 1933 en el proceso de Leipzig- acusado de incendiar el Parlamento alemán -y más tarde en la VII Congreso internacional, Jorge Dimitrov cuando en el Informe a la III internacional caracterizó al Fascismo de “abierta dictadura terrorista de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”.

Dimitrov también señalaba que el fascismo había llegado al poder por las inconsecuencias del movimiento revolucionario de la época, por errores de los partidos comunistas y obreros, por el sectarismo en los principales dirigentes de la clase obrera en los países capitalistas y por las ansias de las potencias imperialistas de seguir conquistando nuevos territorios a nivel internacional.

Para derrotarlo, entonces, era necesario formar frentes únicos contra el mismo, en los que todo el que era afectado por esa brutal dictadura debía responder al llamado antifascista por constituir el fascismo el principal enemigo. Tal era la estrategia de la III internacional de la cual él era su Secretario General.

El fascismo ostenta sin disimular la dictadura de los monopolistas. El terrorismo y los asesinatos, la violación de las leyes y de la cultura, el juego con las bajas pasiones del hombre: he aquí los métodos que aplican para sus fines.

La expansión territorial, las guerras y el fascismo del siglo XXI

El filósofo alemán Nietzsche planteaba que el verdadero gobierno es el de los “super hombres” y “jefes” de sangre y vocación.

Adolfo Hittler, jefe de los fascistas alemanes en su libro Mein Kampf (Mi lucha), -catecismo del fascismo -decía que había que subordinar la masa al individuo y situarlo por encima de ella.

Goebbels planteaba que “…sólo los grandes hombres modelan a la masa inmadura”. El jefe- según él- es la encarnación viva de la nación, el escogido por Dios, el “héroe del Estado…”.

Benito Mussolini- jefe de los fascistas italianos- subrayaba que había que luchar por la expansión territorial, la guerra es la forma más simple de consolidar la vida. No se puede abolir la guerra. “Escribid con sangre”- decía Nietzsche-, “sangre es espíritu”, “Vivid la vida de la guerra”.

Si hay coincidencia entre estos postulados y el actual gobierno de los Estados Unidos saque usted, como diría Reinaldo Taladrid, sus propias conclusiones.

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