En el meridiano de Ivette

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El repertorio cienfueguero incluyó un pase de revista al cúmulo de sus producciones discográficas, las cuales la intérprete comenzó a facturar a partir de 2010 a través de la placa Estaciones.

El nuevo concierto exclusivo de Ivette Cepeda en el teatro Tomás Terry posibilitó recontactar con una artista siempre bienvenida en estos predios, donde cuenta con una legión de seguidores, conformada en masa fundamental por público de mediana edad.

A las nuevas generaciones les convendría escucharla más, para corroborar una máxima que ni incluso el sórdido bullicio deshumanizador que acompaña la existencia estos días puede sepultar: la maravilla guardada, pero lista para volverse a develar en cualquier momento, en las páginas de la composición musical cubana.

Al oír a Ivette Cepeda en el “Terry”, se oyó hablar a parte de nuestros grandes compositores, históricos y/o vivos, esos quienes convirtieron en arte palabras, frases y giros a su vez devenidos en compañeros sentimentales de vidas que crecieron a su influjo benéfico. Otras también pueden ser bendecidas consigo. Tales canciones no pertenecen a épocas pasadas; tal visión reduccionista solo contribuye a situarles a los jóvenes oyentes una tapia ante lo bello.

La espirituana ha abrevado en los repertorios de Ignacio Villa, Miguel Matamoros, Marta Valdés, Orlando Vistel, Niuska Miniet, Juan Formell, Piloto y Vera, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Frank Delgado, Raúl Torres, Kelvis Ochoa, Tony Ávila… De igual manera, en nombres claves del ámbito internacional.

Pero lo mejor de sí estriba en que no se limita a reproducir los textos por ellos firmados; sino a vivirlos, hacerlos personajes comunes de esa casa melódica que ella ha construido, arrullarlos, mimarlos y conferirles nueva configuración en consonancia con el tono de su cuerda, su color vocal, la calidez natural propia de esa tesitura machihembrada entre la emoción y el sentimiento.

Guille Vilar lo dice mejor: “Quizás, la potencia de su prodigiosa voz represente el punto de partida para comprender cómo Ivette logra apropiarse de nuestras emociones, pero obviamente, el dominio de la proyección profesional de una artista implica la obligada imbricación entre variables diversas a tenerse en cuenta. La Cepeda es de las figuras del panorama de la canción cubana contemporánea que antes de apropiarse de la obra del otro, observa, analiza, degusta en el sentido preciso y exacto de la palabra, la naturaleza de una pieza desde su misma génesis, la fórmula preferida por los que saben cómo hacer definitivamente suyo, cualquier número musical. Es entonces cuando el torrente de melodías cantadas aparece coloreado por una sensibilidad profunda, imprescindible para contribuir a la revelación de todo lo bello que se puede encontrar en versiones bien hechas”.

El repertorio cienfueguero incluyó un pase de revista al cúmulo de sus producciones discográficas, las cuales la intérprete comenzó a facturar a partir de 2010 a través de la placa Estaciones. Eso fue poco tiempo después de abrazar una carrera en solitario, que quizá a juicio de algunos haya iniciado algo tarde (a los 30 años), pero hecho que no se echa a ver en la actualidad, en razón del quehacer continuado de la vocalista.

La creadora de los CD Una ventana entre dos y Miracle desgranó varios temas de su álbum País (2014), habida cuenta de que ella considera que en su momento dicha placa no contó con la suficiente promoción en la Isla, como sí la han tenido trabajos más recientes, a la manera de Sin remedios, junto al dúo Buena Fe, cuyo video clip dirigido por Yeandro Tamayo resultó bien difundido. De igual manera, puso en contacto a los espectadores con la parcela más actual de su ejecutoria.

Conocida en casi todas las plazas teatrales de Cuba, en los Estados Unidos, Latinoamérica y Europa, la creadora ha llevado nuestra música a diversos espacios, con acento en gemas de la cancionística y expresiones trovadorescas de primera línea, terrenos en los cuales ella se ha convertido en eficaz promotora, mediante versiones donde manifiesta su calidad vocal y la pasión que siente por el pentagrama patrio.

Escucharla, de tal, siempre vale la pena. Se encuentra regocijo al compartir el mismo meridiano sentimental, las mismas coordenadas sonoras de alguien de quien no en balde esa gran compositora cubana que es Marta Valdés apreciara: “Las verdades —clarísimas— que Ivette Cepeda acierta a descubrir en las canciones saben que no van a necesitar llegarnos a gritos. La voz puede mostrar todo el poderío de que es capaz y, también, acercarse a cada uno de los mortales -cara a cara- con la intensidad precisa, o mostrarse cercana al susurro sin perderse del mapa, siempre a partir del don prodigioso de un canto conquistado a pulmón, que se hace reconocer como inconfundible”.

Foto: Jany EnseñatFoto: Jany EnseñatFotos: Jany Enseñat

2 Comentarios

  1. Error mecanográfico. Julio no tiene que explicarme nada, sobra el acento en “expoicó” Lo que quise decir fue qyue no me explico el por qué….. Mis disculpas por la falta de revisión

  2. Pasé correo al periódico comentando que estoy ciento por ciento de acuerdo con Julio Martínez y que no me explicó el por qué no hubo, ni siquiera un ramo de flores para quien cortó la cinta en la inauguración del febrero del Terry, amén de la enorme calidad de esa noche y, a no ser que estaban ocultas, no vi ni una sola persona de Cultura ni del Gobierno en el recital.

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