Empresas vestidas, pero fuera de moda

A quien sirva el traje de empresario, que se lo ponga. Ese sería un buen imperativo si con la indumentaria bastara para transformar el cerebro de las empresas nacionales. Pero se necesita más que ropa para ello: cambios profundos en su maquinaria subjetiva que les permitan proyectarse con mayor ambición económica.

El tema es el plato fuerte en escenarios donde concurren las máximas instancias políticas y gubernamentales del país. En julio de 2019, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez insistió sobre la necesidad de “seguir construyendo entre todos una cultura empresarial”, en aras de contar con entidades robustas, enfocadas en el aprovechamiento de las utilidades que se derivan de la innovación, con mentalidad exportadora y decididas a superar el “bloqueo interno” que plantean las manifestaciones de inercia, burocracia, falta de control y morosidades.

Sin embargo, por más que se dice, y a todos los niveles, la vestimenta de nuestro sector empresarial continúa fuera de moda. Un problema constante emana de la cadena de impagos, con la acumulación cada año de sumas millonarias en las cuentas por cobrar y por pagar, al deshonrar los principios elementales de la contratación económica. El pasado año, solo en el sector de los servicios, la deuda entre empresas mayoristas y minoristas rebasó los 2 mil 280 millones de pesos, con Cienfuegos en el pelotón de las provincias con cifras en rojo.

Tan reiterada es la situación, que posiblemente carezcamos de perspectivas sobre la gravedad del fenómeno. Detrás de los impagos gravitan violaciones a normas jurídicas que establecen obligaciones en cuanto a calidad, plazos y garantías, en algunos casos movidos por desacuerdos entre las partes —al margen del documento contractual—, y en otros por hechos de corrupción, con montos significativos de dineros perdidos o robados. Ello genera un contexto de desconfianza que no resulta saludable para ninguno de los “nuevos” conceptos que se manejan. ¿Cómo lograr el encadenamiento productivo cuando impera el irrespeto a las responsabilidades legales contraídas y son precisamente los productores los más perjudicados?

Desde la academia, los expertos aluden a trabas archiconocidas que atiborran los senderos hacia el paraíso de prosperidad y sostenibilidad con que soñamos desde hace rato. Escasa utilización de instrumentos financieros, pobre (y en ocasiones nula) evaluación de las dinámicas del mercado, cero percepción sobre la competencia y sus mecanismos, prácticas de centralización con directivos aún a la espera de la acostumbrada “decisión de arriba”, pese a disponer de la autonomía necesaria. Estas pautas explican la existencia de un modelo de empresas eficientes, pero ineficaces. Que cumplen y sobrecumplen los planes productivos —con loas y diplomas de reconocimiento aunque los indicadores sean bastante inferiores a los del año anterior—, pero apenas consiguen satisfacer las urgencias del pueblo por medio de una producción digna de alimentos, bienes y servicios. Es una cuestión precisada de un golpe de efecto, que remueva sus bases desde el mismo planteamiento estratégico de la planificación socialista; eso sí, con los pies sobre la tierra de una vez y por todas.

Por supuesto que el criminal bloqueo de Estados Unidos contra la mayor isla del Caribe constituye una ficha fundamental en el complejo juego de dominó de la economía cubana. Ahora, desde adentro, ¿hacemos lo suficiente y más?, ¿demolemos nuestros propios muros?

La renovada mirada a la exportación —asunto de máxima prioridad para el presidente Díaz-Canel— expresa la apertura a otros horizontes y luces al estimular, al interior de entidades e industrias, la búsqueda e identificación de cuanto podamos insertar en mercados fuera del archipiélago. En Cienfuegos la cosa camina, y ya, al cierre de 2019, se habían definido unos 70 rubros con potencialidades, si bien solo 21 estaban en desarrollo.

Dicho entusiasmo es muy favorable siempre que obremos con la imprescindible dosis de mesura. De otro modo, nuestras cuentas terminarán pasándonos la cuenta. Recién la prensa cubana se hizo eco de la primera exportación de limones desde Guantánamo, unas dos toneladas del aclamado y “desaparecido” cítrico, mientras aquí, en la Perla del Sur, la cola por un pomo importado de jugo de limón en el centro comercial Imago era infinita. No necesitamos ser eruditos para entender que algo está mal en esa fórmula. ¿Exportar para importar? ¿Lo urgente, lo básico, no es la sustitución de importaciones? ¿Entonces?…

Otra perla del pastel, de notable relevancia para salir a flote, es la inversión extranjera, modalidad de la economía nacional afectada por las medidas unilaterales de Trump y su pandilla, sobre todo tras la activación del Título III de la Ley Helms-Burton. En este ámbito todavía gateamos. Llevamos gateando mucho tiempo. Las presiones externas nos ponen la soga al cuello a grado extremo y la tozudez interna no da un respiro.

Este mes, en una reunión que pasó revista al tema energético y a las proyecciones del Turismo, Díaz-Canel fue más claro que el agua al señalar otros obstáculos que limitan también la inversión de accionistas foráneos: alto costo de la energía eléctrica, prolongado y disperso proceso legal, rigidez y lentitud de los servicios bancarios nacionales.

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Si hablamos de Cienfuegos, la cartera de oportunidades del territorio parece un colchón de sueños, con viejos proyectos que duermen la siesta sin príncipes que vengan a despertarlos. Los campos de golf ahorita son adultos, y nada. En 2017 se dijo a 5 de Septiembre que era lo más cercano a materializar, con la participación de la compañía española Urbas Grupo Financiero, según el portal Hosteltur, pero apenas salió la noticia, uno de sus representantes escribió a este periodista informándole sobre la adversa situación que atravesaba el susodicho consorcio. “Es —dijo— como si estuviese hibernando”.

Tal vez se trata de un hecho aislado y sin repercusiones sustantivas, aun cuando a la larga nos llama la atención sobre la seriedad y profundidad que demandan los trámites de inversión extranjera a la hora de decidir con quién hacemos los negocios. Como en todos los planos de nuestra “real maravillosa” economía, se requiere estirpe y olfato de empresario.

La cultura empresarial incita a mirar hacia delante, con un enfoque de progreso, no de carencias e impedimentos que convertimos en las excusas perfectas para acomodarnos en la silla giratoria, ante el buró, a ver qué cae del cielo. Las empresas cubanas poseen —al margen de otras dificultades— uno de los recursos más valiosos: profesionales de primer nivel que igualmente desaprovechamos por el capricho de seguir con recetas que no funcionan, incluso en momentos en que el país y sus autoridades nos convocan a innovar y crear en pos del desarrollo, del bienestar que con tanta sed anhelamos.

Roberto Alfonso Lara

Roberto Alfonso Lara

Licenciado en Periodismo. Graduado en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2013.

2 Comentarios en “Empresas vestidas, pero fuera de moda

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    24 febrero, 2020 en 10:13 am
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    El Bloqueo existe, pero esto es tan dañino como el embargo para nuestro desarrollo.

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