El incendio de Bayamo: advertencia para los tiempos históricos

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La evocación de la quema de Bayamo cada año convoca de manera espontánea a espectadores y bayameses de nacimiento./Foto: Sitio digital del periódico Trabajadores

Una de las acciones más heroicas de la Guerra de los Diez Años sucedió al inicio de esa conflagración, el 12 de enero de 1869. Este día ocurrió un sacrificio patriótico sin precedentes: el incendio de la ciudad de Bayamo, que sorprendió y asombró hasta a los mismos enemigos.


La ciudad de Bayamo fue tomada por el incipiente Ejército Libertador en derroche de valor y con grandes pérdidas humanas en los recios combates.  Los soldados mambises y la población que los apoyó, la defendieron y se sostuvieron firmes durante tres meses, frente al asedio de fuerzas enormes que los españoles concentraron alrededor de ella. En ese lapso, Céspedes organizó la administración civil, que separó de la militar, incluyeron dos negros como ediles del Ayuntamiento local, y dos españoles. Era algo inédito que respaldó el apoyo popular.

Los fortísimos ataques de los coroneles hispanos Quirós y Campillo, fueron derrotados por los bisoños combatientes criollos. En la defensa de Bayamo, incluso Máximo Gómez,  apenas un sargento internacionalista dominicano, ensayó y enseñó el uso de un arma mortífera: el machete de trabajo convertido en arma de guerra, que en oleadas de cargas filosas se convirtió en el terror de los soldados españoles.

Cuando se hizo evidente que era imposible defender esa plaza tomada, convertida en la capital de los rebeldes,  y que los españoles entrarían a hierro y fuego en las próximas horas, con el consecuente perjuicio para el prestigio de la naciente Revolución, los jefes mambises tomaron una decisión que fue consultada, explicada y razonada con toda la población y las familias de combatientes y también donde no había soldados libertadores. Como para todos resultaba impensable la claudicación, con todas las implicaciones que traía aparejadas, y con toda la fe en la victoria definitiva, resultó aprobado el duro acuerdo de todos: incendiar la ciudad, reducirla a escombros humeantes, para que el enemigo hallara sólo las pavesas ardientes.  Perder en batalla a Bayamo significaba un daño mortal para la Revolución que comenzaba. Incendiar la ciudad significaba perderlo todo: viviendas, mobiliario, propiedades personales, y lo más entrañable, los recuerdos familiares,  todo lo material y las memorias espirituales, el resultado del esfuerzo de vidas enteras, llenas de recuerdos y sacrificios cotidianos durante años, pero la ganancia era enorme en lo moral, espiritual, patriótico.

Era algo inédito. Sólo posible por el amor patrio, por la seguridad en la victoria final, en la continuidad de la lucha hasta la victoria definitiva. Y se consultó y explicó en detalles todo, con todos y cada una de las familias vecinas que conocieron los pormenores. Habría que salir hacia los montes en una vida heroicamente nómada. Y el acuerdo general fue alcanzado. Lo aprobaron todos. ¡Y Bayamo ardió como una pira enorme! El primero en incendiar sus propiedades fue Céspedes, y le siguieron todos los jefes patriotas. Es la acción colectiva más heroica de la que sería la Guerra de los Diez Años.

Es el sacrificio más admirable que haya realizado pueblo alguno en la historia. Pero es una lección memorable para el enemigo,  válido para todas las épocas, porque es genética histórica: ¡los cubanos preferimos morir antes que rendirnos!

¡Esa fue nuestra decisión durante la Crisis de Octubre en 1962! No amedrentó a los cubanos la amenaza atómica. ¡Los cubanos preferimos la muerte propia antes que la muerte de la Patria! Fue una lección del siglo XX que proviene del Bayamo del siglo XIX.

Pocos días después, entra el Conde de Valmaseda al frente de sus enormes fuerzas.  Cree que entra triunfalmente hasta que contempla asombrado las ruinas humeantes donde antes estuvo una ciudad floreciente y hermosa. Queda atónito. Indignado. Derrotado moralmente. – ¡Están locos estos cubanos!  -repite dolido, iracundo.

¡Están todos locos!…

Pero no es solo sublime ejemplo. Es advertencia para todos los tiempos  históricos. Advertencia para ayer, para hoy, para mañana. Advertencia de lo que somos capaces los cubanos patriotas. Advertencia que conforma nuestros genes.

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