El coronel Chabert, fiel adaptación de Balzac

Pocos escritores en la historia de la literatura han auscultado con tanto tino la salud social de una época, como lo hiciera Honorato de Balzac. Ineludible pie de apoyo para estudiar la Francia burguesa de la primera mitad del siglo XIX, este hombre supo insertar de forma maestra en su obra todo el proceso de instauración capitalista nacional: la introducción del papel moneda, la especulación y el desarrollo paulatino de la industria. Ello, como marco espacial donde pondría a germinar esa variopinta amalgama humana, eje vertebral de una dinámica social cuyos protagonistas el narrador diseccionara en esa suerte de bestiario de tipos creado por su pluma.

Descriptor acucioso de aquella sociedad, la analizó en la mayoría de sus textos y, sobre todo, en ese monumento a las letras que fue su Comedia Humana, acaso la estructura novelar fragmentada de mayor organicidad y unidad internas que conociera lector alguno hasta hoy día. El autor de Ilusiones perdidas centraría su trabajo en el presente duro de un sistema naciente donde el materialismo más recalcitrante carcomía el alma de una nación. Su novela corta El coronel Chabert, aunque no a la altura de sus obras cumbres -la trilogía arriba mencionada, Papá Goriot, Eugenia Grandet-, constituyó otra de sus soberbias comparaciones entre los únicas dos clases de personas que habitan la Tierra: los ricos y los pobres.

La versión fílmica del texto literaria, rodada por el cineasta francés Yves Angelo, adopta de manera bastante fiel los derroteros del original. Chabert (Gerard Depardieu) es un coronel que luchó para Napoleón en la guerra, a quien todos creen muerto en combate, incluso los libros de historia. Casi al borde de la muerte, unos cristianos lograron que sobreviviera en Austria. Desde allá y otros sitios intermedios antes de volver a su país, escribe a su esposa, que en París sigue disfrutando la fortuna de su marido. Ella, durante el interregno, se casó con otro hombre y tuvo dos hijos. Hace oídos sordos a los reclamos del pobre hombre, medio enfermo y miserable. Este llega a Francia y entabla pleito. Nadie lo escucha, solo un agudo abogado, que a su vez representa a la demandada en otros trabajos legales. Este resulta el comienzo de una historia que perfila humanidades con notable acierto y que no para hasta la renuncia de Chabert de todos sus bienes, asqueado por la avaricia de una mujer que quiere mantener un status social, su imagen y un marido ambicioso que no la ama y añora ser par de Francia. En esa mujer (interpretada en el filme por la excelente Fanny Ardant) se representa el enfermizo rastacuerismo burgués de la Francia decimonónica

El filme de Angelo, delicioso en su armonía interna, en sus silencios, en el uso poético del color, en el empleo o no del sonido en escenas bélicas rodadas con notable realismo, en las rotundas composiciones actorales de los actores protagónicos, en la partitura acompañante, solo es lastrado porque guionista y realizador no supieron embridar el torrente verbal proveniente de esas verdaderas cascadas que son algunas obras de los grandes autores literarios, y la cinta da demasiada preeminencia a la palabra en un arte donde si bien ésta resulta importante, no constituye el elemento esencial del discurso. El tempo, demasiado denso para algunos críticos, sin embargo no desanimó a quien escribe, y guarda fundamento no solo en el estilo de realización del país del filme, sino además en la calma con que las cosas deben manejarse en el cerebro del eje central, este coronel Chabert poseedor de un bestial tajazo en su cabeza que lo perjudicó más allá de la piel y lo obliga a comportarse como un gran oso moroso, que sin embargo tiene un objetivo. Y aunque no lo cumpla, no dejará de ser quien es. Y ahí está la esencia de la noveleta y la película: el acto de dejación de Chabert de su fortuna supone la única acción concebible en su digno pensamiento para no transgredir su humanidad. De haber continuado en la lucha por el dinero con su mujer, se hubiera convertido en lo que ella, un ser detestable a lo sumo inspirador de lástima. Y el filme capta tal proceso de disyuntivas y toma de decisiones de forma excelente.

Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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