Dinero plástico, ¿dinero en el aire?

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El nuevo servicio del BPA permite el acceso, desde el teléfono celular, a diferentes funcionalidades de los cajeros automáticos. Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado (Centro de Documentación)

Le urgía el dinero. Como de costumbre —desde hace más de un año cuando en su centro de trabajo comenzaron a asociar el salario a una tarjeta magnética—, se dirigió a uno de los cajeros automáticos (ATM) habilitados en la ciudad para extraer el correspondiente al último mes. Advertir la presencia de varias personas en fila para la misma acción no la sorprendió. La escena ya resulta habitual. Lo que vino después tampoco era nuevo: los cuatro ATM presentaban problemas técnicos y, por tal razón, debió acudir a los ubicados en otra arteria para llevar a feliz término su gestión.

Suspiró aliviada (después de todo, había tenido suerte) y echó a andar con el exiguo peculio en el monedero, mientras se preguntaba si aquello de ser cliente de tarjeta magnética era un beneficio o representaría un dolor de cabeza más.

Días antes, el intento de hacer una extracción en una de las sucursales de Cadeca falló por falta de conexión, y en otras oportunidades también había fracasado la idea de pagar por este medio en las tiendas recaudadoras de divisa.

No hay dudas. Que a Cuba haya llegado el conocido como “dinero plástico”, y que cada vez crezca el número de usuarios de tarjetas magnéticas, constituye una buena noticia, muestra de que el país avanza hacia la informatización de la sociedad y asume las formas financieras que rigen en casi todo el mundo, cuyos beneficios resultan incontrastables.

Las tarjetas ofrecen la comodidad de llevar tu dinero a todas partes, sin necesidad de abultar los monederos y billeteras con efectivo; extraer el salario en cualquier lugar, aun cuando te encuentres de vacaciones o bajo certificado médico, sin el requerimiento de acudir a tu centro de labor; de evitar colas para pagar la electricidad, el teléfono; transferir dinero a un familiar en cualquier horario o día de la semana, y asuntos por el estilo. La contrariedad aparece, sin embargo, a la hora de materializar tales ventajas.

No son pocas las inconformidades sobre el uso de ese medio de pago electrónico. Por un lado, están los problemas técnicos que con frecuencia presentan los ATM y, por otro, la todavía poca disponibilidad de ellos en la provincia: 17 en total, once dispuestos por el Banco Popular de Ahorro y seis por el Banco de Crédito y Comercio (Bandec), de acuerdo con directivos de ambas instituciones.

Si tenemos en cuenta que entre estas dos entidades bancarias suman más de 75 mil los usuarios de tarjeta magnética; y si a ello añadimos la creciente cifra de titulares de tarjetas de débito, sin olvidar la de trabajadores internacionalistas, nos percataríamos de que todavía resultan insuficientes.

El desaliento se hace mayor para quienes viven en los barrios de la periferia o en los municipios, pues solo en las zonas céntricas de la ciudad, la Refinería y en Aguada de Pasajeros existe el servicio. En el resto de los territorios, los clientes solo cuentan con las sucursales de Cadeca y los bancos para extraer el dinero de sus tarjetas, con el agravante de que estas unidades están sujetas a un horario. Es decir, ni sábado por la tarde, ni domingo, ni por las noches es posible realizar la operación.

“Para cobrar casi siempre necesito dos o tres días. Muchas veces voy a Cadeca y me dicen que no hay servicio del POS por problemas con la conexión; me dirijo al Banco y sucede igual, o simplemente me voy porque hay mucha gente y decido regresar en otro momento, pues debo salir de mi trabajo para hacer esa gestión”, comenta una trabajadora lajera.

Como ella, otros cienfuegueros ven naufragar la dicha de contar con una tarjeta en el mar de las limitaciones. Algunos se preguntan: ¿por qué no hay cajeros automáticos en otros puntos de la ciudad, como en el Hospital, a donde acude tanta gente? ¿Por qué se hace tortuoso pagar con ella en las tiendas? ¿Por qué no habilitar terminales de puntos de venta (POS) en otros lugares, como las unidades de la cadena de mercados Ideal? A tales preguntas habrá que responder más temprano que tarde. Poco a poco, el uso de las tarjetas va dejando de ser una opción para convertirse en el medio de pago electrónico de un número creciente de personas, entre otras razones, porque más entidades han tomado el servicio de domiciliación de nóminas.

Pero los pasos hacia el progreso no pueden darse en una sola dirección. De poco sirven los avances de las entidades bancarias si la sociedad en su conjunto no asimila la conveniencia de los diferentes canales de pago y si todo ese empeño no se acompaña de mejoras en la infraestructura.

Solo así, el dinero plástico podrá “sonar” para bienestar de todos y no encontrarse en el aire, cual hilo de humo imposible de atrapar con la mano.

3 Comentarios

  1. El cajero automático ha evolucionado mucho en los últimos cincuenta años. El 27 de junio de 1967 se instaló el primer cajero automático -creado por Sheperd-Barron y comercializado por la firma británica De La Rue- en una sucursal del Banco Barclays.

  2. Creo que sería bueno extender un poco hacia la periferia los cajeros automáticos; llegando tal vez a los barrios más alejados: Pastorita, Caunao, Lagunillas… Lo de las tiendas y los cajeros fue analizado hace poco, simplemente ahora mismo a nivel nacional no parece tener solución.
    Trabajé y viví en Santa Clara, y al lado del hospital provincial, hay dos cajeros automáticos y una sucursal del banco; creo que en nuestra provincia se podría implementar esta opción, teniendo en cuenta que en los hospitales las personas requieren utilizar dinero de forma impredescible (en La Habana hay cajeros en los hospitales), además de que nuestro hospital atiende pacientes de otras provincias, en especial Villa Clara.

  3. Consejo Popular Caunao
    Mejor ni soñar, si apenas estamos saliendo de la zona de silencio desde el punto de vista de la informatizacion y ha sido un tema más que discutido por años, ¿para qué pensar en cajeros automáticos? aunque la necesidad es imperante

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