Covid-19: Lejos de casa

El gorrión suele ser más agudo siempre que el corazón late fuera del cuerpo. Los miles de migrantes, desplazados y refugiados del mundo, barajan las peores cartas. En tierra de nadie y sin nido. Lejos de casa y lejos de la posibilidad de encontrarla en medio de la pandemia de la Covid-19, tan real como incierta en su futuro.  

Para ellos es demasiado terrible y devastador. Viven una travesía doblemente aciaga: la de quedar a mitad de camino sin cumplir el “sueño” o la de morir en campamentos insalubres, olvidados, donde apenas en el 43 por ciento de estos se suplen los 20 litros de agua que una persona necesita al día.

Al pensar esas realidades el alma tira de los sentimientos y empina un papalote de emociones e incertidumbres, aun cuando nos persuadimos, de uno y otro lado de la orilla, que los nuestros están bien, incluso mejor; que tienen techo, trabajo y comodidades; que no les falta nada; que tampoco son los seres que deambulan, sin rumbo, por los noticieros.

Pero la distancia tiende a colmar los espacios de zozobras. La migración deja, en los cientos, miles y millones de kilómetros que nos separan de las personas que amamos, un vacío que en horas normales es profundo y en estas horas ni siquiera atinamos a llamarlo. Allá ellos se preguntan cómo estaremos y acá nos preguntamos cómo estarán. Vienen y van, en la quietud de los cielos y los mares, preocupaciones y nostalgias.

Rosalia,  por ejemplo, lo primero que sintió fue miedo. Cuando conoció los reportes de la enfermedad en Cuba, caviló sobre el hogar que dejó atrás: sus padres, su hermana, sus sobrinas. Oriunda del barrio de La Juanita, en la ciudad de Cienfuegos, tiene 25 años y reside actualmente en Uruguay, donde también son numerosos los casos positivos a la Covid-19.

“Aquí —dice— sigo al pie de la letra las medidas sanitarias establecidas por la OMS: lavarme las manos, mantener una buena higiene, salir con nasobucos y guantes, evitar las aglomeraciones. Claro, quisiera estar cerca de mis seres queridos y me siento triste por ello. Ojalá las personas tomen conciencia y aporten para combatir la situación”.

Rosalia Calaña Cruz, cienfueguera de 25 años, reside actualmente en Uruguay./Foto: Cortesía de la entrevistada
Rosalia Calaña Cruz, cienfueguera de 25 años, reside actualmente en Uruguay./Foto: Cortesía de la entrevistada

Desde México, Marlon nos cuenta otras experiencias. Este joven, de 35 años, trabaja ahora como profesor en la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo, en Morelia, pero hasta hace muy poco vivió en el reparto La Gloria, de la Perla del Sur.

“Mantengo —afirma— mucha comunicación con mi familia y estoy pendiente de las noticias relacionadas con la enfermedad y su alto nivel de transmisión. Sé que el renglón fuerte de la Salud en Cuba resulta la atención primaria, la cual incluye la labor de prevención, y eso nos da ventaja. (…) Por tanto, creo que el virus allá puede controlarse; lo importante es actuar rápidos y no ser ‘optimistas idiotas’.

“A los parientes más cercanos les he pedido que permanezcan en casa y eviten salir. Mi hermana hasta puso un cartel en la puerta, simpático y algo agresivo, de no recibir visitas. Las indisciplinas —subraya— nos ponen en riesgo a todos y debe primar el orden social para minimizar la propagación del nuevo coronavirus”.

Marlon Frank Espinosa Requesens es máster en Piscología, tiene 35 años y trabaja como profesor en una universidad mexicana. /Foto: Cortesía del entrevistado
Marlon Frank Espinosa Requesens es máster en Psicología, tiene 35 años y trabaja como profesor en una universidad mexicana. /Foto: Cortesía del entrevistado

Santiago, vecino del barrio cienfueguero de Pueblo Griffo, escribe desde Mauritania, una pequeña nación del noroeste de África donde cumple misión internacionalista. Es enfermero, tiene 50 años y allí, dice, las cifras de casos confirmados con la Covid-19 son ínfimas, se aplican las normas preventivas y fueron activados los protocolos de actuación requeridos.

“Enseguida pensé en mi gente cuando supe que la pandemia había llegado a  la Isla, aunque con la certeza de que nuestro sistema de Salud Pública está preparado como ningún otro para enfrentarla. Desde aquí —sostiene— los convocamos a quedarse en casa para cortar la cadena de transmisibilidad. Todo va a pasar y vamos a vencer. Confianza, saldremos adelante”.

Santiago González Cardoso tiene 50 años y es licenciado en Enfermería. Labora ahora mismo en Mauritania./Foto: Cortesía del entrevistado
Santiago González Cardoso tiene 50 años y es licenciado en Enfermería. Labora ahora mismo en Mauritania./Foto: Cortesía del entrevistado

Las historias de Rosalia, Marlon y Santiago repican, como campanas, en decenas de hogares cubanos. Se viven en escenarios geográficos diferentes y en circunstancias políticas, culturales y socioeconómicas muy distintas. Sin embargo, comparten el mismo nido en común, ese que procuran alentar desde lejos: Cuba.

Roberto Alfonso Lara

Roberto Alfonso Lara

Licenciado en Periodismo. Graduado en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2013.

Un Comentario en “Covid-19: Lejos de casa

  • Avatar
    el 10 abril, 2020 a las 11:11 am
    Permalink

    Pues claro como todo cubano debemos preocuparnos por nuestra familia , pero si el estar lejos implica un dolor y desesperacion al saber que nuestros seres amados pueden ser vulnerables a esta pandemia, pero me llega una luz que me dice tranquila, confia una vez mas en nuestra capacidad de salir adelante no importa el desafio que tengamos que enfrentar, estamos preparados para todo, esta en nuestra historia y esta Batalla la Ganaremos , nuestros personal de la Salud una vez mas pone el nombre de Cuba bien alto, orgullosa de haber nacido en Cuba.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles

Compartir