¿Cómo fueron enjuiciados los marinos y aviadores del complot el 5 de septiembre de 1957? | 5 de Septiembre.
sáb. Dic 14th, 2019

¿Cómo fueron enjuiciados los marinos y aviadores del complot el 5 de septiembre de 1957?

Los procesados recibieron altas condenas, de las cuales cumplirían apenas 15 meses por producirse el triunfo de la Revolución que los liberó. Otros sobre los que pesó la duda de su lealtad al tirano fueron dados de baja del servicio activo "por alta conveniencia". /Foto: Archivo

Sin la menor garantía procesal, con jueces, fiscales y defensores actuantes de señalada lealtad a la dictadura de Fulgencio Batista, un día como hoy de 1957, apenas a 15 jornadas de los sucesos del levantamiento popular armado en Cienfuegos, comenzaron en la Fortaleza de La Cabaña, en La Habana, bajo un manto de casi absoluto secreto, los juicios al primer grupo de complotados de la Marina de Guerra participantes en la acción, acusados por el delito de conspiración para la rebelión.

En aquella primera amañada vista procesal fueron presentados 31 marinos y oficiales, y contra trece de ellos el Fiscal solicitó pena de muerte por fusilamiento. No hacía más que cumplir el dictado del General, que aún sediento de sangre, exigía máximo rigor contra aquellos que habían puesto en ridículo la máxima de absoluta y total unidad monolítica castrense.

Conscientes de que tal atrocidad recibiría la inmediata repulsa de la opinión pública nacional e internacional, los miembros del Tribunal decidieron que sólo tres recibieran esa condena: el alférez de fragata José Ramón Quesada, el cabo carpintero Luis Acea Zerquera y el marinero regular Raúl Arquet Calaña.

Gracias a la presión popular, tanto en Cuba como en el extranjero la pena máxima fue conmutada por otra de 30 años de prisión. El resto de los marineros y oficiales acusados recibieron sanciones de entre 20 y diez años de encierro. Todos, en definitiva, cumplieron apenas quince meses de prisión, porque en ese lapso triunfó la Revolución y fueron liberados.

La Gaceta Oficial de la República de los últimos días de septiembre de 1957, publicó, además, la baja del servicio activo “por alta conveniencia”, de decenas de marinos a quienes no se pudo probar su participación en el alzamiento, pero sobre los que quedó la duda de su actuación contra el régimen.

En sentido contrario, aparecen en ese documento oficial la concesión de ascensos y Órdenes de Mérito Naval, con aumento de sus salarios, a otro grupo de oficiales y marinos que combatieron a favor del régimen tiránico y se destacaron en esas acciones, incluso asesinando o golpeando fieramente a los rebeldes.

Todas las condenas dictadas por los tribunales del batistato, en los juicios de éste y los siguientes días, resultaban arbitrarias, pues en la mayoría de los casos los acusadores estaban totalmente despistados acerca de la participación real en los hechos que se juzgaban.

En aquella suerte de macabro teatro legal, se actuó con cinismo extremo, pues se llegó al colmo de presentar como acusados que habían abandonado clandestinamente el país y escaparon de la justicia, a algunos de los líderes del alzamiento. Lo hicieron contra el ex alférez de fragata José Dionisio San Román Toledo, involucrado con el Movimiento 26 de Julio en la organización del levantamiento; pero también contra el jefe del puerto sureño, Alejandro González Brito, que nada tuvo que ver con la acción del hecho, pero sus aprehensores creían lo contrario. Ambos fueron citados ante el Tribunal y declarados “en rebeldía”, aunque muchos de quienes juzgaban conocían de sobra que los dos habían sido asesinados y sus cuerpos hechos desaparecer en el mar después de recibir las más crueles torturas. Desfachatez y criminalidad eran rasgos distintivos del actuar de la cúpula batistiana.

En aquel mismo recinto de la Fortaleza de La Cabaña se celebrarían durante los días 23 y 24 de septiembre de 1957 los juicios contra los pilotos y demás integrantes de las dotaciones de aviones de la tiranía que, en contacto con los jóvenes oficiales de la Marina de Guerra, desobedecieron las órdenes de su mando militar de bombardear y ametrallar posiciones en Cienfuegos.

Hombres de honor al fin, lanzaron al mar ‒con sus seguros puestos‒, las bombas que debían descargar sobre las instalaciones del Distrito Naval del Sur en Cayo Loco, y tampoco ametrallaron barrios de la ciudad, como sí hizo otro grupo leal al sátrapa enviado posteriormente. Fueron juzgados como traidores y condenados con altas penas en prisión, pero al igual que oficiales y marinos, cumplirían poco tiempo por el triunfo de la Revolución que los liberó. Algunos de aquellos pilotos serían poco tiempo después, en abril de 1961, Héroes de Girón, al combatir piloteando viejos aviones contra la Brigada mercenaria que el imperialismo lanzó contra la Isla.

Por las mismas fechas de aquel septiembre, en la Sala de Urgencia de la Audiencia de Las Villas se celebraron las vistas contra un gran número de civiles que aquel jueves glorioso se incorporaron a la sublevación de Cienfuegos.

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